Domingo LR

El valle del Mantaro en poder de Álvarez de Arenales y las serranías de Lima dominadas por las montoneras estrechan el asedio patriota de Lima. La prórroga del armisticio, a cambio del ingreso de alimentos a la capital, suspende toda acción bélica. Las conferencias de Punchauca se trasladan a la fragata británica Cleopatra, acoderada en la rada del Callao, pero la paz demostrará ser esquiva. Simultáneamente, en el norte del continente, otro líder insurgente de nombre Simón Bolívar está a punto de asestar un golpe definitivo al ejército español en la batalla de Carabobo, Venezuela.

Las Conferencias de Punchauca entre el virrey José de La Serna y el líder insurgente, José de San Martín, en busca de la paz, ingresan a su tercera y frustrante semana de negociación en Lima. El asedio patriota sobre la capital del virreinato es asfixiante, si bien un armisticio ha suspendido las operaciones bélicas en el territorio. Sin embargo, la ofensiva realista por recuperar la intendencia de Trujillo es aniquilada en Higos Urco, Chachapoyas, en una batalla tan feroz como vital fue la participación femenina.

El virrey La Serna y San Martín se dan encuentro en la hacienda Punchauca, ubicada en el valle de Chillón, a 25 km de Lima, para negociar la paz. Las tropas realistas han sido batidas en la Sierra Central y en Tacna, y el asedio patriota a la capital fortalece la posición en la mesa de negociación. La fórmula política planteada por el líder insurgente sorprenderá a La Serna y a un sector patriota.

La Serna y San Martín firman en Lima un armisticio al día siguiente del triunfo patriota en Mirave, salvando fortuitamente a los realistas de ser rematados en Tacna. La población peruana expectante del desenlace de la guerra apenas supera el millón de habitantes y Lima los 60 mil. Se trata de una sociedad jerarquizada y dividida en castas, fermento de la revolución.

¡Victoria en el sur! En solo 15 minutos de combate, el ejército patriota con más de 300 hombres de infantería junto a 60 milicianos montados y 70 miembros de los granaderos a caballo, al mando del comandante inglés Guillermo Miller, logró el 22 de mayo una importante victoria en Mirave, Tacna, sobre las fuerzas realistas al mando del general José Santo de la Hera, que contaba con unos 400 soldados. El triunfo fortaleció la posición patriota en la mesa de negociaciones en Lima.

La opción de paz negociada, abierta con la llegada del comisionado regio Manuel Abreu, se dilata. Refulgen las Cortes de Cádiz, pero los militares escépticos aceitan sus armas. El triunfo liberal en España, con sus marchas y contramarchas, trastoca la relación de España con las colonias y forja el pensamiento político de intelectuales peruanos que se van sumando a la causa de la independencia.

En un nuevo intento de llegar a un tratado de paz, representantes del virrey La Serna y de San Martín inician conversaciones el 4 de mayo. Para los primeros, la independencia política es innegociable; para los segundos, ninguna negociación puede iniciarse si no es sobre la base de esa libertad. La llegada a Lima del marino español Manuel de Abreu como comisionado regio por Real Orden con el objeto de acordar los términos de la pacificación con los jefes patriotas convoca a las partes a la casa Torreblanca en Lima para largas y tensas negociaciones.

Chile vive una crisis silenciosa. La credibilidad de su clase política se desploma a pocos días de elegir a los delegados que harán su nueva constitución. Sebastián Piñera navega solitario en medio de esta tormenta.

Numerosos afrodescendientes –tanto libres como esclavos– se han enrolado en los ejércitos realistas y patriotas; en el caso de los esclavos, bajo la promesa de la libertad. La posibilidad de ganar un salario, adquirir prestigio y ascender socialmente es otro incentivo para hacerlo. En esta guerra, muchos destacan por su constancia y valentía.