Sed del café

Plataforma_glr
11 Ene 2013 | 19:00 h
El mejor café que probé en mi vida era peruano. Mientras lo saboreaba, y el aroma con toques de caramelo y chocolate iba apoderándose de mi mente, lo que tenía ante mis ojos eran las montañas boscosas de la Amazonía puneña. Puno no solo es el gélido Altiplano, sino también dueño de una parte de la jungla más grande de la Tierra y origen del río Tambopata.
El café puneño que sorbía demorándome era el famoso Tunki, premiado hace pocos años por la SCAA de California como el mejor café especial del mundo. Increíblemente el Tunki se sigue cultivando en medio de condiciones adversas y, sin embargo, gracias a la cooperativa Cecovasa, con las condiciones necesarias para ser calificado como un café de múltiples certificaciones. Su sabor es complejo y arrogante, aparentemente todo lo contrario de los sencillos campesinos que lo cuidan con infinitas precauciones, como si fueran flores.
Este año el Tunki de Puno vuelve a ser noticia al quedar en segundo lugar en la reñida justa anual de la SCAA, por encima del café colombiano. Las muestras provenían de un campesino llamado Raúl Mamani. El país ganador fue Kenia, pero el Perú consiguió tres ubicaciones en la lista de los diez mejores.
El cultivo que empezó como parte de un programa para sacar de la pobreza a los campesinos hoy es, gracias a la tierra puneña y la tenacidad de los aimaras, un lujo que perfuma las mesas del mundo.