Querida Susana

Plataforma_glr
28 Dic 2012 | 18:30 h
Susana promocionaba la idea de agarrar una maleta y dar vueltas a la manzana para recibir el nuevo año. Cualquier maleta con tres trapos adentro con tal de que las doce de la noche la agarrara corriendo como una loca en busca de futuros viajes maravillosos. Susana era la chica norteña que solía ayudar en la casa pero sobre todo era la mejor narradora de historias que recuerde. Podía inventar una cautivante mitología completa mientras chancaba ajos en la cocina. O creaba musicales tipo Broadway sin siquiera sospechar la existencia de ese tipo de espectáculos. Ella relataba una historia de amor y musicalizaba cantando las escenas cumbre con las baladas que pasaban por la radio. Yo intentaba contar esas historias a mis amigos pero fracasaba porque la magia de Susana era su forma de narrar.
Su estado natural era la risa y la ocurrencia. Conocía historias de aparecidos y tesoros tapados. Tenía un magnetismo con los niños y los perros, a quienes también podía hacerlos personajes de sus cuentos e inclusive disfrazarlos para volverlos criaturas fantásticas que caminaban como humanos.  Era una adolescente de piel trigueña y cabellos al hombro que un día se dejó enamorar por un amigo de la casa. Los sorprendí besándose en la lavandería. Ella me rogó que no le contara a mi familia, pero yo recuerdo que me enfurecí. Y también la familia. Susana lloró.
Luego se marchó. El amigo de la familia la hizo su esposa, y hasta ahora están juntos y felices con varios hijos. Yo la volví a ver una vez. Militaba en una iglesia evangélica y ya no era la misma. No pude abrazar a la deslumbrante criatura de mi infancia pero me dio gusto verla. Quizá debido a ella cada vez que dan las doce del año nuevo tengo la inquietud de dar una vuelta por la manzana o la ciudad. A pie o en auto, para realizar los viajes con los que Susana siempre soñaba.