Wititeada, la fiesta donde se permite todo en Chivay

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En honor a la virgen. Aprovechando la festividad de la Inmaculada, cientos de lugareños confluyen en la plaza de Chivay para bailar hasta el amanecer. Danza es Patrimonio de la Nación.

Miguel Coaquira. 

Arequipa.

 

La noche del 8 de diciembre todo está permitido en Chivay, capital de la provincia de Caylloma. Los lugareños festejan el Día de la Inmaculada Concepción. Lo hacen bailando el Wititi, danza ancestral de los collaguas. “Es como si celebráramos el día de los enamorados”, contó Don Fulgencio, mientras me pasa una botella de cerveza. Razón tiene. El Wititi viene del quechua witi witi , que significa "hacer el amor".

Hay licencia para todo, más aún si se toma literalmente la traducción del vocablo quechua wititir : penetrar, introducir. El baile representa el triunfo del amor. Dice la leyenda que el soberano inca se enamoró de una princesa collagua y para acercarse sin ser notado, se disfrazó de mujer. Gracias a ello, la conquista incaica fue pacífica.

A su vez, una investigación de Manuel Ráez sostiene que originalmente el Wititi fue una danza guerrera prehispánica, en la que se enfrentaban las parcialidades opuestas de urinsaya y anansaya. Pero esa noche, los jóvenes cayllominos no hicieron la guerra. Hicieron el amor.

La plaza del pueblo estaba abarrotada de pobladores y visitantes. Las bandas de músicos anunciaron el inicio de la fiesta. Las delegaciones de danzantes de los diferentes anexos del distrito de Chivay ingresaron por una suerte de túnel de arcos forrados de mantas blancas, que en la parte superior están unidos por unos arreglos florales, frutas y muñecos andinos.

"Los arcos representan  las piernas de las mujeres  y los arreglos son la fertilidad que ellas traen", recitó Don Fulgencio.  La wititeada es la oportunidad para que los jóvenes cortejen a las muchachas del pueblo. En la actualidad, la danza termina con el rapto de la mujer. El varón disfrazado de mujer se la lleva a su lecho de amor. Eso sucede también más allá de la danza.

“Esta noche está permitido todo. El manto de la Virgen, como la noche, lo cubre todo. Son cómplices de la conquista”, acotó mi anfitrión ocasional.  Pasan las horas y los danzantes no descansan en su propósito.     

Este año la fiesta estuvo muy nutrida. Las mujeres lucían hermosas,  con sus polleras largas, girando delicadamente. Los primeros en ingresar fueron los  representantes de la parcialidad de anansaya, con sus características polleras azules. Minutos después llegaron los urinsaya. La gente bullía de alegría, contagiando a los turistas que se confundieron con los danzarines.

Las cajas de cerveza llegaron de cinco en cinco, en carretas. La wititiada llegó a su punto cumbre cuando las cinco bandas de músicos se acoplaron en una sola. Brigith, de nacionalidad norteamericana, nunca imaginó que la fiesta fuera tan contagiosa. “Sin duda es el momento más emocionante de mi vida, esto es mágico”, dijo algo agitada, pero sin perder el ritmo, vestida con un impecable traje collagua. 

  Conforme pasaron las horas, la oscuridad protegió a los amantes. La fiesta se trasladó a otros escenarios más discretos.  Mientras entraba a mi habitación de hotel, era imposible no escuchar las agitaciones de una fiesta desbordada. ?