“La movida del rock subterráneo tenía mucha mística”

ENTREVISTA: Carlos Torres Rotondo. Escritor.

ENTREVISTA: Carlos Torres Rotondo. Escritor.

Miki Coaquira

Arequipa

A mediados de la década de 1980, los gestores de la  movida del rock subterráneo transitaban en los buses de Enatru Perú en medio de los apagones provocados por el terrorismo y las amenazas del gobierno de estatizar la banca. Grupos como Leusemia, Narcosis, Autopsia, Zcuela Crrada y Guerrilla Urbana consolidaron una importante movida rockera en ese contexto. Carlos Torres Rotondo recuerda esos días en esta entrevista concedida en el Sexto Festival del Libro que se realiza en los altos del Portal de la Municipalidad. Torres presentó su más reciente libro Se acabó el show 1985 , el estallido del Rock Subterráneo

¿Cuál era el ambiente en el que se desenvolvía el movimiento subterráneo?

El movimiento subterráneo surge a mediados de los ochenta. El circuito del rock  estaba constituido básicamente por dos grupos: los comerciales y los grupos que ya comenzaban a tocar sus propios temas en castellano, pero estaban atados aún al folclore o al progresivo de los setenta.  En ese momento la movida subterránea significó una renovación frente a lo que se hacia. 

¿Cuáles eran las adversidades a las que se enfrentaban?

No había locales o  escenarios. En 1983 y principios del 84 los grupos tocaban en kermeses y fiestas de barrios.  Posteriormente los conciertos se hacían en colegios como el Lincoln y los Reyes Rojos. Años después se logra el contacto con  el Centro Cultural Magia y con ello se desarrollan las presentaciones. Contar con escenarios propios era la idea. 

¿Cúal fue el primer local o punto de encuentro?

Recién a finales del 87 surge el Hueco, un local ubicado en Santa Beatriz. Era una casa derruida, chiquita, era un hueco donde se daban reuniones y conversatorios. Es ahí donde se puede hablar de un local propio. Paralelo a este local, en Barranco aparece Hardcore, lugar donde se presentaban los G3. De otro lado, había pocas disqueras y no grababan a grupos locales. Recuerda que Río, a pesar de ser un grupo comercial, apenas pudo grabar un 45 por aquellos años. El hecho que Leusemia grabara en diciembre del 85 su LP fue algo grandioso, más aún, luego de vender cinco mil ejemplares, fue un éxito total. 

Y en relación a lo que se hace ahora, qué los hace diferentes. 

Había mística, este movimiento tenía ‘huevos’. Estar en plena guerra interna y gritar contra la sociedad, contra Sendero y también contra el gobierno, eso no lo hace un cobarde. Criticaba a ambos teniendo una posición que no comulgaba ni con uno ni con otro. Era una posición bastante nihilista también, eso era lo que te daba la época. Los que vivimos ese momento padecimos los apagones y los coche-bomba. Los grandes villanos de estos años fueron Abimael Guzmán  y Alan García, no sé quién fue peor.  Ambos eran unos mentirosos y delincuentes. Que mates a una persona o mil no te hace más inocente. 

En este ambiente tan adverso, ¿dónde se comercializaba el material subterráneo?

En esos años un punto de reunión importante era La Nave de los Prófugos, en La Colmena, lugar donde se intercambiaban los casetes, revistas y fanzines. La gente se reunía para conversar. Uno se enteraba de lo que pasaba, de los conciertos y se compartían los afiches. 

Se habla de una división dentro de la movida subterránea.

Hay que tener en cuenta que a finales de los años 80  la sociedad estaba totalmente polarizada,  y claro, dentro de este movimiento existía una  bronca que se dividía en dos grupos, por un lado los “antitucos” o “cholipunk”, representados por Leusemia y Guerrilla Urbana. Al otro lado estaban los G3, que representan a los “pitupunk”. Los Narcosis no estaban en estas disputas, porque su paso fue meteórico, cuando estallaron estas divisiones ellos ya dejaron de tocar. 

¿Y cuándo se acabó  el show?

No podemos hablar de un final, ellos dieron paso a otras bandas  que continúan hasta el día de hoy con la propuesta. Lo que hay que valorar es el momento en que se dio origen. ß

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