Perdido

Plataforma_glr
16 Nov 2012 | 18:30 h
La primera vez que me perdí fue en la Feria del Hogar. Alguien me estaba conduciendo a un puesto de auxilio cuando a través de una cortina de lágrimas vi a mi familia. La segunda vez fue en Sao Paulo. Yo seguía a mi tío a través de varias galerías al estilo Gamarra, pero más grandes y laberínticas, cuando de pronto me di cuenta que estaba solo en medio de cientos de compradores apurados. No era tan niño y tenía un mapa, y pude regresar solo al hotel. Aún recuerdo la cara de alivio de mi pobre tío cuando, después de pasar horas buscándome, me vio muy tranquilo esperándolo en el lobby.
También me perdí rumbo a Marcahuasi, pero por la ruta de la Carretera Central. Gracias a un sabelotodo terminé en el cerro que está a unos 800 metros por encima de la famosa meseta, es decir a 5000 msnm. Desde arriba Marcahuasi parece un barco medio enterrado en las montañas. Al menos eso vi en medio de un dolor de cabeza insoportable luego de escalar por abismos y pasar noches sin dormir debido al frío.
Pude haberme perdido en el desierto de Sechura, luego de malograrse el vehículo, pero la gigantesca antena del pueblo del mismo nombre me orientó durante todo un día de sed. Pude haberme perdido en Bombay. Mis apurados acompañantes me abandonaron en Shapati, que baña el mar Arábigo, para continuar su itinerario al ver que yo no regresaba a la movilidad. La playa tenía cuervos en vez de gaviotas y mujeres que se sentaban en la arena cubiertas hasta la cabeza para ver cómo se divertían los hombres, que caminaban agarrados de la mano. Esta semana una lluvia reventó sobre mi cabeza en una reserva de la selva más frondosa, junto a Brasil, y mis guías corrieron asumiendo que yo iría detrás. Los dejé irse mientras el bosque entero bramaba. Entonces fue inevitable ver acercándose de árbol en árbol las primeras sombras del instinto de supervivencia.