Escribir y reportear

Plataforma_glr
02 Nov 2012 | 18:30 h
Cuando uno escribe hace uso de un arma poderosa. Uno fabrica un instrumento agudo como aguja que puede meterse en el cerebro de cualquier persona y desplegar extremidades y antenas como los robots de Transformers. Ese robot entonces reconstruye el escenario pergeñado por el escritor pero con instrumentos que ya existen en la cabeza del pasivo lector. La escritura es el primer invento de realidad virtual, miles de años antes que las atroces conexiones de The Matrix. Porque las sílabas y sus sonidos, la música de los periodos y párrafos y los significados que consiguen las palabras al chocar entre sí, consiguen transportar al lector gracias un sistema visual y sensorial mucho más poderoso que el ofrecido por el mero cine 3D.
Eso me gusta de escribir. Que puedo meterme en la cabeza de otro ser viviente hasta un punto donde, como la rata de Ratatouille, puedo jalar alambres y nervios que conducen al lector por paisajes diseñados por mi mano. Por eso para mí la crónica no es un mero trasvase de información, sino un llamado de complicidad para adentrarse conmigo a un mundo reinventado por la escritura.
Hacer televisión en cambio es otra cosa. Es como salir de cacería. Un trabajo en equipo, jamás individual. Es un acto de camaradería y un juego coordinado de pases cortos. Eso fue lo primero que aprendí cuando osé coger un micro y salir con camarógrafo a registrar la calle. El trabajo en equipo es tan importante que si el chofer que maneja la unidad móvil amaneció con la mierda revuelta, la nota sale también con grandes posibilidades de ser una completa mierda. El reportero solvente es aquel capaz de apasionar a su equipo completo para que la cacería rinda el fruto esperado. Escribir crónicas te da profundidad, perspectiva, elegancia, vuelo. Hacer TV, audacia, espíritu de lucha. Siempre se tratará de cazar en mancha la presa esperada.