Vacaciones útiles

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12 Oct 2012 | 18:30 h

Por: Luis Miranda


Apenas tuve vacaciones, cogí mi cámara Nikon y me vine a Mórrope. Me he propuesto retratar a la gente de este territorio lambayecano que se reclama el último bastión mochica. No quiero saber si Ollanta es más sacolargo que Luchito de Al Fondo hay Sitio o si la hermana de Abencia y la JLo del folclor piden vuelto luego de comprar menestras con billetes falsos. Tampoco quiero saber si los guachimanes están dando la hora. Me interesa ahora tomar las suficientes fotografías como para pensar en un gran libro que pueda ser recorrido con la misma admiración que experimento. Mórrope no tiene grandes huacas ni museos y no está incluido en los circuitos turísticos de ninguna marca Perú. Pero posee una línea costera salvaje y un desierto limpio donde caminan millones de dunas y sobre el cual se forman lagunas con palmeras que terminan siendo espejismos. Los morropanos extraen la sal de las minas como en la época de Naylamp y con ella salan la caballa y la batea. Preparan lo que podría ser el sebiche más antiguo de todos: el chínguiro, trozos de pescado seco marinados no en limón sino en chicha de jora.
Los morropanos quieren turismo. Descienden de los inventores de los huacos retrato y sus artesanos son auténticas personalidades. La experiencia que proponen es vivencial. Dormir en las mismas casas de cañas en la que moran sus tejedoras de algodón nativo, en medio de huertas ubérrimas, o ir con los atarrayeros a una épica mañana de pesca. El desierto puso sus genes y tradiciones a salvo de invasores. Se precian de ser mochicas puros. Los niños no se disfrazan de Spiderman sino del Señor de Sipán. Las fotos que oso tomarles me importan hoy más que las fugaces noticias. ?