Suprema señorita

Esta semana se retiró de la magistratura por límite de edad. Como jefa de la OCMA, en dos ocasiones, demostró que ‘otorongo’ sí podía comer ‘otorongo’. No faltaron quienes, por esta razón, la atacaron, pero ella siempre se mantuvo firme. Se fue del Palacio de Justicia a los 75 años como llegó a los 26, soltera y sin hijos, con la misma postura distinguida, con la dignidad intacta, como si fuera la última señorita del Poder Judicial.

Esta semana se retiró de la magistratura por límite de edad. Como jefa de la OCMA, en dos ocasiones, demostró que ‘otorongo’ sí podía comer ‘otorongo’. No faltaron quienes, por esta razón, la atacaron, pero ella siempre se mantuvo firme. Se fue del Palacio de Justicia a los 75 años como llegó a los 26, soltera y sin hijos, con la misma postura distinguida, con la dignidad intacta, como si fuera la última señorita del Poder Judicial.

Elcira Vásquez alza la cubierta de su radiola y descubre su pequeño tesoro: una colección de vinilos. “Acá está Jorge Negrete entero, lo traje de México; Paul Mauriat, que recién se ha muerto... ¡El bolero de Ravel!, con Charles Aznavour, que una se aloca cuando canta en francés”, dice y se ríe. Coge un disco del argentino Waldo de los Ríos y lo coloca sobre el tornamesa. El vinilo empieza a girar con un delicioso crujido. Vásquez se detiene a escuchar la melodía y me mira con una sonrisa. Es la celestial Oda a la alegría de Beethoven. Y suena divina.

Elcira Vásquez escuchaba estos discos todas las mañanas después de levantarse, un poco a las carreras, mientras se alistaba para ir a la oficina. El último lunes eso se acabó. La vocal suprema concluyó con una rutina que, en líneas generales, se había extendido por casi medio siglo. Vásquez cumplió 75 años ese día y de inmediato, como dictan las normas, se jubiló de la magistratura. Ahora sus días tendrán más horas para dejarse arrullar por la voz de Aznavour, tan cálida.


Fueron 49 años de ejercicio, desde esa tarde de enero de 1963 en que llegó, guapísima, con un vestidito verde agua que le había comprado su mamá, al Palacio de Justicia a pedir prácticas preprofesionales. Preguntó por el mismísimo presidente de la Corte Superior de Lima y por cosas que ella atribuye a la suerte –y que gente que conoce bien a los jueces podría explicar mejor–, este accedió a recibirla. Al día siguiente ya era meritoria en la Secretaría Administrativa de la Corte. A partir de ese momento, todo fue para arriba.


En 1967 ya era relatora y en 1977, jueza titular. Durante esos años vio la mediática demanda por alimentos que le interpuso a Hugo Blanco su ex mujer (le dio la razón a ella). En 1982 llegó a vocal superior. Como magistrada especializada en lo civil no vio casos de terrorismo ni narcotráfico –los males de la época– pero sí recuerda a sus alumnos de San Marcos, donde enseñaba, entrando con pasamontañas a los salones. En 1993 se convirtió en la primera mujer en llegar a vocal suprema en el Perú. Y se mantuvo como la única durante 18 años.


Muchachita de su casa


Elcira Vásquez ejerció su carrera en un mundo de hombres, con jerarquías tan verticalizadas que es inevitable que en él afloren taras como el machismo. Ella dice que nunca fue discriminada. “Siempre fueron muy correctos, muy señores”. Sin embargo, es difícil entender por qué durante tanto tiempo ella fue la única integrante femenina de la Corte Suprema. “No lo sé. Yo postulé cuando cumplí mis requisitos. Lo mismo me han preguntado en el extranjero, me dicen que en otros países hay tres, cuatro mujeres, pero es que allá es por designación política. Acá es por concurso público”, señala.

Vásquez también asegura que nadie la acosó. “Usted era guapa...”, le digo. “Pero muy respetada”, responde. “No, no, me cuidaban, me cuidaban para que nada me pasara. Una amiga dice que me cuidaron demasiado”, agrega riéndose. Es verdad, la magistrada nunca se casó ni tuvo hijos. Le pregunto si tuvo pretendientes. “Nooo. No lo sé. Pero en el Poder Judicial siempre me han cuidado. Era como que ‘Elcira no se debe contaminar así nomás’”, dice.

Así que fue una señorita de su casa durante toda su vida laboral. Vivió con su mamá hasta 2008, cuando falleció. Un año antes había muerto su perro, ‘Bobby Vásquez’, que está enterrado allá atrás, en un rincón del jardín interior de la casa. Desde entonces vive en su casa de San Isidro junto a Lily, la muchacha que la ayuda. Nunca tuvo una vida demasiado agitada. Quizás su mayor locura fueron las vacaciones que se tomó en 1997 con una amiga, en las que recorrieron México, Miami y Las Vegas. Después, todo tranquilo. “Mi diversión no es ir a reuniones sociales. Lo mío es ir a actos académicos, conferencias, enseñar en la universidad. Eso es lo que me gusta”, dice, y se ríe de nuevo.

Mujer de mano dura

Elcira Vásquez no fue una magistrada cualquiera. Ganó notoriedad y, sobre todo respeto, como jefa de la Oficina de Control de la Magistratura (OCMA). Ocupó ese cargo dos veces. La primera vez, en 1997, durante la intervención fujimontesinista en el Poder Judicial. Vásquez no fue una autoridad dócil ante el régimen. Investigó a ‘joyitas’ como los jueces Percy Escobar y Alminda López, asiduos de la salita del SIN, y propuso que los destituyeran. Pero el interventor José Dellepiane los salvó, y a Vásquez la sacó de la OCMA.

Exactamente 10 años después, sus colegas, los vocales supremos, le pidieron a Vásquez que volviera a asumir ese cargo. Le tenían confianza. Ella dice que trató de ser siempre justa y de ceñirse estrictamente a lo que dice la Ley. En esa labor, se ganó enemigos. Uno de ellos fue el ex presidente de la Corte Superior de Lima Ángel Romero. Un magistrado por lo menos controversial que, entre varias otras perlas, favoreció a una treintena de ex trabajadores del BCR. Vásquez lo suspendió en el cargo y pidió su destitución. Romero quedó con tanta sangre en el ojo que la demandó por un millón de dólares. La demanda, evidentemente, fue rechazada. Romero volvió a la Corte Superior y trató de actuar como si nada hubiera pasado. Hoy día hasta la saluda cuando la ve.


La magistrada hoy no quiere hablar mucho del tema. No quiere recordar a los jueces que la atacaron por haberlos sancionado por sus inconductas. No quiere pensar en el escándalo que se armó porque pidió que le adelanten el 50% de su CTS para atender la enfermedad de su madre (escándalo que azuzaron individuos a los que ella había investigado). Después de 49 años, se está yendo en paz. El lunes, el presidente del Poder Judicial, César San Martín, la homenajeó, le confirió la Orden Peruana de la Justicia en el Grado de Gran Cruz y la llenó de elogios. Ese día fue su cumpleaños y todos dedicaron a Vásquez palabras bonitas y atenciones.

Y ahora estamos en su pequeño salón de música, rodeados de las flores enviadas por su cumpleaños, ante el piano que tocaba su madre y sobre el que ella pasea ahora las uñas pintadas. A un lado están las cajas con objetos personales que se trajo de su última oficina, la Sala de Derecho Constitucional. Todavía no sabe qué hará en esta nueva etapa. Pero su horóscopo de hoy ha sido claro: “Tómate las cosas con calma”. Ella piensa hacerle caso.  (Óscar Miranda)

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