Chicón: ascenso a uno de los gigantes nevados de Cusco que comienza a agonizar

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05 May 2012 | 19:00 h

José Víctor Salcedo. 

Cusco.

A casi cinco mil metros de altura, falta aire. Sopla un viento gélido y una ligera tormenta de nieve golpea el rostro. Después de siete horas de escalar la empinada montaña del Chicón, coronamos la cima.

Antes de llegar, en el camino, se divisan inmensas formaciones rocosas y apacibles lagunas de agua que componen la cima de la montaña. Son como cementerios de nieve.

El Chicón, que forma parte de la Cordillera Urubamba, está perdiendo masa glaciar aceleradamente. De 1985 a 2012 retrocedió 20% su capacidad glaciar. Se estiman en 41 kilómetros cuadrados (Km2) las nieves perpetuas; se habrían perdido en los últimos años 8,2 Km2. Hay zonas plomizas donde se registraron las pérdidas explica César Portocarrero, especialista en Glaciología. Podría evaporarse en menos de 15 años.

La desaparición del nevado es inminente. La zona de equilibrio y de ganancia, donde todavía persisten sólidos los bloques de hielo, es lo que queda del nevado. Millones de gotas discurren cuesta abajo hasta convertirse en riachuelos que alimentan la laguna glaciar (artificial) bautizada como Rit’iqocha, laguna de nieve en español. A unos metros del espejo de agua los bloques de hielo mueren gota a gota.

El deshielo de los glaciares dejó a lo largo de todas las cordilleras una sucesión de espejos de agua. Técnicamente se conocen como “lagunas glaciares”, explica el glaciólogo, César Portocarrero. Este especialista hizo incontables trabajos en la Cordillera Blanca, una cadena de montañas ubicadas al norte del Perú.

EFECTOS DE LA DEGLACIACIÓN 

La deglaciación tiene un oculto poder destructivo. Eso lo saben mejor que nadie los urubambinos. El abrupto deshielo del nevado Chicón en octubre de 2010 provocó la formación de la laguna glaciar Rit’iqocha (laguna de nieve). La caída de grandes bloques de hielo provocó su desborde sobre la ciudad de Urubamba, corazón del famoso Valle Sagrado de los Incas. 

El huaico de lodo y piedras se arrastró por varios kilómetros, hubo cientos de damnificados. La avenida Mariscal Castilla que atraviesa verticalmente la ciudad hasta morir en el río Vilcanota resultó  la más dañada. Cientos de familias lo perdieron todo. Desde entonces el nevado es vigilado constantemente. 

Henry Paz es un ciudadano urubambino que visita el Chicón una vez por semana. Lo acompañan otros dos vigilantes de la montaña. Son los encargados de alertar a la población sobre un posible alud. Hacen funcionar el Sistema de Alerta Temprana para evitar desgracias con un alud similar al ocurrido de hace dos años.

“El volumen de la laguna en Chicón no es gigante, no son millones de m3 de agua, será siempre una molestia pero no un peligro, porque la laguna no va a crecer”, señala Portocarrero. Pero siempre hay que estar alertas, añade.

El alcalde de Urubamba, Benicio Río Ocsa, invitó a Portocarrero para que haga un monitoreo permanente sobre el comportamiento del Chicón. “Necesitamos prevenir cualquier catástrofe. Pero también  me preocupa que este nevado esté desapareciendo”, refirió.

EL HIELO DE EVAPORA 

La deglaciación hizo que las cumbres nevadas perdieran una inmensa reserva hídrica, es imposible calcularla. El deshielo golpea los 18 sistemas glaciares del país, entre ellos las cordilleras Blanca, Negra, Huayhuash, en los Andes del norte; Vilcabamba, Vilcanota y Urubamba, en el sur; la Cordillera Central, La Viuda y Raura, en Lima. 

El efecto invernadero, es decir el incremento de la temperatura de la tierra producto del asfixiante aumento del dióxido de carbono (CO2), origina el deshielo. Desde 1970, la temperatura del planeta aumentó medio grado centígrado (0.5) por la emisión de CO2 por la quema de pastizales, el uso de combustibles fósiles y contaminación por emisiones tóxicas.

El drama del Chicón es un calco de lo que sucede con el nevado de Ausangate, situado en la Cordillera Vilcanota, a 6 mil 384 metros sobre el nivel del mar. Todo apunta a que su nieve será un recuerdo en muy poco tiempo. 

La geógrafa Giovanna Egas en su trabajo “estimación de la sensibilidad al cambio climático en el sistema glaciar Ausangate” confirma que el retroceso de los glaciares se multiplica por 10 en los últimos treinta años.

En el Cusco, solo la cadena del Ausangate perdió el 59% de su capa de nieve. Eso significa que los glaciares del sur se deshielan más rápido que la Cordillera Blanca, cuyos nevados retrocedieron en 30% entre 1985 y 2006. El Ministerio de Ambiente refiere que la temperatura en Cusco se ha incrementado en 1.6 grados centígrados desde 1965. Ahí la explicación de la acelerada deglaciación.

La situación del glaciar Quelccaya en la Cordillera Vilcanota no es diferente. Sus 44 kilómetros de extensión ubicados a 5 mil 500 de altitud se ha reducido a la mitad en los últimos 30 años. En 1978 se sabía que el retroceso de la capa de nieve era de 6 metros anuales, pero en los últimos 15 años ha pasado a 60 metros por año y ahora se calcula que pasó a 150 metros, según datos del Proyecto de Adecuación al Cambio Climático (PACC) del Gobierno Regional Cusco. El Quelccaya también está condenado al deshielo.

Las cordilleras del Vilcanota, Urubamba y Vilcabamba en Cusco poseen el 25% del área glaciar del Perú, convirtiéndose en la segunda área polar después de la Cordillera Blanca. En la década de  los 80 las cordilleras cusqueñas tenían 418 kilómetros cuadrados y ahora apenas llegan a 293 Km2. 

A menos que la contaminación y el cambio climático sean controladas no quedarán montañas vestidas de nieve. No hay que olvidar que la desaparición de esos glaciares andinos que funcionan como suministros de agua constante para la población del país constituye una amenaza de muerte para todos. ß

 

Agua podría convertirse en fuente de conflictos para el 2030

 

El glaciólogo César Portocarrero sostuvo que la situación de los glaciares en el mundo es de cuidado. Las grandes reservas de agua dulce para la supervivencia de la humanidad provienen de estas montañas. “Si empiezan a desaparecer con rapidez habrá abundancia de agua dulce en un breve momento, con desastres naturales, pero luego asistiremos a una etapa de escasez que será crítico”.

Portocarrero refiere que para detener el acelerado proceso es reducir las emisiones de efecto invernadero. “Solo si tomamos conciencia del daño que le estamos haciendo a nuestro planeta podemos controlar este proceso”.

Los gases de efecto invernadero son el dióxido de carbono (quema petróleo, gas natural y carbón, calefacción, quema de pastos, etc.), metano (producido por pantanos, basureros, etc. ), Óxido Nitroso (fertilizantes nitrogenados, fabricación de nylon, producción de ácido nítrico), entre otros.

Igual que Portocarrero la mayoría de expertos estiman que los glaciares terminarán desapareciendo, disminuirán los caudales de los ríos, se reducirán las áreas de cultivo y se acortará la producción y se gestarán conflictos sociales por el uso del agua. Eso sucederá entre el 2020 y 2030.