“Joselo es el santo, yo soy la oveja descarriada”

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23 Jul 2011 | 19:00 h

“Vitocho”, como muchos lo llaman, se ha hecho de un lugar en el Congreso debido a su espíritu fiscalizador pero, sobre todo, a su temperamento explosivo, a su antiaprismo y a eso que algunos no dudan en llamar afán de figuración. Esta semana irrumpió como la alternativa a la postulación de Daniel Abugattás a la Presidencia del Parlamento. Hace cuatro años que sueña con ese cargo.

Por Óscar Miranda
Foto José Vidal

Víctor Andrés García Belaunde tiene los ojos húmedos. Recordar el momento en que anunció, equivocadamente, la muerte de Valentín Paniagua lo ha perturbado. Ni cuando habló de sus tensos cubileteos en el Congreso para presidir la Mesa Directiva, ni cuando se refirió a sus pleitos con el Apra, se le había borrado la sonrisa. Lo que sucedió esa mañana de agosto del 2006 cuando, en un hemiciclo lleno de legisladores y periodistas, conmocionó a todos asegurando que el ex presidente ya había partido, lo que fue desmentido por los médicos y repudiado por la familia, de alguna manera marcó su trayectoria política. Hoy reconoce que fue el episodio más humillante de su vida.

A inicios de semana, ‘Vitocho’ se perfilaba como la alternativa opositora a la candidatura de Daniel Abugattás a la Presidencia del Legislativo. Al cierre de esta edición, esa posibilidad se desvanecía rápidamente. Lo que parecía más o menos claro es que el hermano del canciller José Antonio García Belaunde, hijo de Domingo García Rada, sobrino de Fernando Belaunde Terry y nieto de Víctor Andrés Belaunde quería –quiere– su propio lugar en la historia. Pero su carácter explosivo es un factor en contra. Mentarse la madre con los apristas no ayuda demasiado a ser titular del Parlamento.

–Hay dos rasgos suyos que han caracterizado su paso por este Congreso. El primero es su afán fiscalizador y el segundo, y quizás más recordado, es su temperamento, que lo ha hecho protagonizar algunas de las broncas más sonadas. ¿Por qué le da a usted por pelearse con todo el mundo?

–No, con todo el mundo no (risas).

–¿Solo con los apristas?

–Solo con los compañeros apristas. Porque el Apra sabe muy bien cómo sacar de las casillas a las personas.

–Pero es que usted pierde los papeles rápidamente.

–No, yo creo que los he perdido en algunas ocasiones, sí, pero en menos ocasiones de las que me han provocado. Porque hay provocaciones que no se detectan en el micrófono ni en la imagen.

–¿De qué tipo?

–Dentro del hemiciclo hay insultos y provocaciones e injurias que se hacen soterradamente, con gestos, con palabras bajas, con insinuaciones, con teléfonos que te llaman, con papeles que te envían, (y) te van sacando de quicio y tratando de mermar tu capacidad de respuesta.
–Cuénteme un caso.
–Por ejemplo, no voy a decir el nombre porque después generamos otro problema, pero una vez un aprista me mentó la madre, pasó al lado mío y me mentó la madre, en pleno debate.

–¿En qué debate?


–En uno de los debates con (Luis) Alva Castro sobre el tema de los patrulleros. Ese tipo de cosas te sacan de quicio ¡y no se ven! No se detectan. O te hacen llamadas falsas o qué sé yo, porque hay teléfono en cada curul.
–Lo trabajan sicológicamente.
–¡Exacto! Hay un trabajo sicológico que te va mermando, te va bajando, te van picando para bajarte la cabeza.
–¿Se le prendieron especialmente?
–Claro, porque he sido muy duro con ellos y además estaba físicamente cerca (risas). Los humalistas estaban al otro lado, era muy complicado (risas).
–Usted ha estado a punto de agarrarse a golpes con dos miembros de la bancada aprista: Luis Giampietri y Luis Wilson.
–Bueno, con Giampietri tenemos el mismo defecto, somos mecha corta... somos cuetes de mecha corta. Y él lo reconoce y yo también (risas). En eso coincidimos.


–Wilson dice que usted lo llamó “hijo de puta”.

–No, no, no. El problema es que yo saqué una información privilegiada de todos los congresistas apristas que tenían parientes dentro de Essalud, y empecé por Wilson y ahí se armó el alboroto. Yo creo que ellos plantearon el tema de una manera tan grave, de cruzar el hemiciclo y venir a agredirme, porque querían frustrar el debate. Yo me puse fuerte, es verdad, pero la reacción de Wilson fue desproporcionada, alentado por sus compañeros, que le decían “tienes que ir, tienes que ir”, para que vaya a mi escaño y ver la manera de hacer un bochorno mayor con la intención de que yo no siguiera hablando.

–¿Por qué no ha dado el nombre de esos malos congresistas?

–Los di en su momento y no quiero repetirlos porque es abrir el debate otra vez. Pero la cosa es clara: yo no puedo hablar con tranquilidad porque de 36 congresistas (apristas) siempre hay dos, tres, cuatro listos para ejercer algún tipo de presión contra mí. Y ellos me lo han dicho: cada vez que iba un ministro y yo estoy en el rol de oradores, hay tres o cuatro apristas que se empiezan a preparar en una oficina de al lado para sacarme cosas o atacarme. Eso me lo han dicho ellos.

–¿Y usted pisa el palito?

–Bueeeno, a veces, a veces, a veces hemos pisado el palito (risas). Por suerte las calenturas me duran poco. Piso el palito, claro, porque soy de carne y hueso.

–Un congresista aprista me dijo que usted era un “transformer”, porque es muy cordial con ellos fuera del hemiciclo pero cuando está dentro, con las cámaras, se transforma y se convierte en una fiera.

–No, no, no. En general trato de ser una persona amable, no tengo por qué pelearme con la gente. Pero me irritan los actos de injusticia y de corrupción. Tengo un afán fiscalizador quizás excesivo, demasiado apasionado, pero los actos de corrupción en un país pobre me irritan tremendamente.

–¿No será que su antiaprismo le resulta rentable políticamente?

–(Suspira). Yo actúo en función a lo que creo, a lo que veo, a lo que pienso, no en función a la rentabilidad que puedo tener a través de la popularidad, que no la he medido nunca con ese criterio. Yo no soy tan frío ni tan calculador, soy más espontáneo. Ese es mi mayor defecto.

–¿Se considera un figureti?

–No, en absoluto.

–¿No hace cosas para salir en televisión?

–No, no, no. Soy mal actor, siempre lo he sido.

–¿Es consciente de que su imagen como congresista sigue estando muy asociada al episodio en que anunció por error la muerte de Valentín Paniagua?

–Por supuesto que sí, pero cada día menos. Y fue un episodio para mí muy doloroso. A raíz de ese incidente me enteré de muchas cosas que no sabía.

–¿Qué cosas?

–Por ejemplo, que yo había dado trabajo en mi oficina a una persona –muy responsable, por supuesto– que era el tío de la hija fuera del matrimonio de Valentín Paniagua. No sabía eso. Y no conocía tampoco de la existencia de Patricia Paniagua, que es una chica encantadora. A través de ellos yo recibí la llamada.

–¿A través de Patricia?

–Del tío. Porque Patricia se lo dijo. Esto nunca lo he dicho, para no irritar a la familia, pero es parte de la verdad. También es parte de la verdad que yo no pedí hablar (en el hemiciclo). Yo lo que hice fue ir donde Meche Cabanillas a pedirle que me ayude a verificar la noticia. Y Meche Cabanillas también entró en shock porque también lo quería mucho, y parece que no verificó, o el Oficial Mayor no verificó de acuerdo con lo que ella le había dicho. Lo cierto es que paró la sesión y me dio el uso de la palabra, ¡y yo no había pedido el uso de la palabra! Ella quiso que yo anuncie una cosa que yo le había pedido que la confirme, y que no había confirmado.

–Y usted se mandó.

–Porque si me dan el micro ¡yo pensé que ella ya lo había confirmado! Yo partí del principio de que si le había pedido que confirme la noticia, ella ya lo había hecho. La gente dice que yo le pedí (hablar), ¡falso! ¡Yo no le pedí nada! ¡A mí no me gusta dar noticias malas! Yo esto no lo he dicho nunca para no molestar ni a la familia Paniagua, que estaba bastante molesta conmigo, ni a Meche Cabanillas que actuó de muy buena fe, ni a los chicos que me llamaron, ni al Oficial Mayor... Hay una sumatoria de errores, pero yo lo asumí (solo) cien por ciento.

–¿Fue el momento más humillante de su vida?

–Claro, pero por supuesto. Nunca me ha pasado algo así.

–¿Y qué le dolió más de ese episodio?

–Que amigos míos me hayan criticado por eso. Hay dos cosas que me dolieron mucho: que algunos dirigentes del partido me criticasen y que la familia Paniagua también se resientese así.
–¿Sigue resentida?
–No, creo que no.

–¿Qué le dice su hermano el canciller José Antonio García Belaunde cuando usted se pelea con los apristas?

–Bueno, hay días en que dejamos de hablarnos (risas). Yo lo quiero mucho, nos queremos todos los hermanos, somos una familia muy unida. Mi madre vive, tiene 95 años, y todos los domingos nos reunimos a verla. Tomamos lonche con ella y es la oportunidad de reunirnos todos.

–¿Alguna vez su hermano le ha pedido que no critique tanto al gobierno?

–No, no, no; él me conoce y me respeta. Pero evidentemente por su cara y por sus expresiones sabía cuándo estaba molesto. Me conoce porque finalmente somos hermanos, conocemos nuestros defectos y nuestras virtudes. Nunca he sido yo un angelito.

–¿Usted ha sido el diablito y ‘Joselo’ el angelito?

–Efectivamente, él es el bueno de la familia. Yo soy la oveja negra. Yo soy el travieso, la oveja descarriada, y él es el bueno de la familia, el santo de los hermanos.

–Supongo que después del 28 de julio ya no habrá discusiones políticas en la familia.

–Espero que no. La verdad es que le agradezco mucho que no se haya enemistado conmigo en estos cinco años. Alguna vez hubo quizá uno que otro comentario muy ligero pero, en general, hemos mantenido una buena relación y creo que eso es una bendición divina.

¿Por qué ser opositor?

–Usted disputó la Presidencia del Congreso en el 2008 y perdió. El año pasado deslizó la posibilidad de postular de nuevo, pero no se animó. Este año quiere lanzarse otra vez. ¿Se muere por ser el presidente del Congreso?

–(Risas) No, no, no. No me muero por nada. Soy un hombre que ha tenido suerte en la vida. Buenos padres, buenos hermanos, buena mujer, buenos hijos; la verdad es que estoy satisfecho con todo lo que la vida me ha dado. Y no aspiro más de lo que ya he hecho en estos años.

–¿Por qué no apoyar a la lista oficialista de Gana Perú? ¿Es que le resulta más rentable ser de oposición?

–Mi partido no ha ganado, mi alianza no ha ganado, no tengo por qué ser oficialista. Ahora, por consideraciones diversas apoyamos a Humala (en segunda vuelta) contra Fujimori, pero eso no significa que nos subamos al carro del gobierno, a pesar de que había gente de mi bancada que pensaba que Toledo ganaba y ya se había mandado a confeccionar el fajín o por lo menos sabía dónde comprarlo (risas).