“No me gusta hacer el ridículo”

Hace once años que Katia Palma llegó a uno de los talleres de Pataclaun y le dio un viraje radical a su vida. En poco tiempo pasó de ser una chica de barrio a figura de la televisión peruana. Todo a punta de ingenio y nada de miedo escénico. Ahora su personaje Sor Rento, una monja ‘achori’ y de buen diente, vuelve a las pantallas con La santa sazón, próxima a estrenarse por canal 5.

Por Raúl Mendoza
Fotos José Loo


Katia, ¿de dónde sale esa personalidad tan canchera, tan ‘barrio’, que todos vemos de ti en la TV?

–Pasa que soy así desde siempre; mi personalidad es bien relajada. Además he vivido en La Victoria la mayor parte de mi vida. Aunque no en Matute, ah. O sea que soy así porque me nace. Yo crecí en Santa Catalina, soy hincha del Alianza Lima, me gusta la salsa. Todos mis amigos han sido medio ‘pirañas’. Era muy callejera. ¿Cómo se dice? Mataperro.

–Y ahora que estás en la tele, ¿qué te dicen los amigos del barrio?

–Me dicen: “Ahora te crees porque sales en la tele”. Dicen que nunca los visito, pero no tengo tiempo porque estoy chambeando, no es porque no los quiera ver. Pero cuando tengo tiempo me reúno con ellos, me tomo mis chelas. Todavía tengo un grupo de amigos a quienes siempre veo. Aunque me pasa como todos: tienes nuevos amigos, cambias de grupo. Además ya no vivo en La Victoria.

–¿A dónde te has mudado?

–A Los Olivos... nooo, mentira. A Surco. Ya no vivo con mis viejos, recién me he ‘destetado’ hace un año.

–¿Y cómo nace la inquietud artística? ¿Algún familiar artista?

–En mi familia somos cuatro. Mis papás no son artistas conocidos, pero cantan superlindo. Y mi hermana, que es veterinaria, también canta. En mi casa se hacen reuniones y todos cantan y bailan. Pero yo llegué al arte por un golpe de suerte.

–¿De chica qué querías ser?

–¿Yo? Administradora. O algo así. Estudié contabilidad en la Ricardo Palma, tres años, pero lo dejé. Después vi en una entrevista a July Natters, que estaba abriendo una escuela de clauns, y a mí me fascinaba Pataclaun en esa época. Era un ‘boom’, me encantaban. Los imitaba. Y me dije ‘voy al taller de July’. Y justo ella enseñaba a los alumnos y me vio. Y desde el momento en que me vio no he parado de trabajar con ella. De eso ya han pasado once años.

–En el momento que aparecen los clauns en tu vida, no estabas haciendo nada…

–Yo robaba celulares... ja, ja, ja, ja, ja. Nooo. ¿Qué hacía? Estaba estudiando inglés y empalmé con el taller de July. Mi mamá me decía: “Pero cómo vas a hacer eso”. Y yo le respondía: “Mamá, pero yo quiero estudiar, me parece chévere”. Y ahí con July hice varias obras en teatro: La santa comedia, el Round del Claun y La rebelión de los chanchos. Después hice apariciones chiquitas en Nada Personal –un programa de espectáculos de Canal 2– y papeles chiquititos en novelas, de esos que pasas el fólder y desapareces de escena. Participé en la última temporada de Mil Oficios y después llegué a Habacilar, hace cuatro años.

–Ya empezabas a ser famosa.

–Fui de esos artistas que invitan a algunos programas. Poco a poco me dijeron que fuera tres veces a la semana, un día sí y uno no. Sandro Monzante era el que estaba todos los días, y yo me pimponeaba con Carlos Barraza. Ya con el tiempo me quedé. Este es mi cuarto año.

Érase una monja

–En paralelo con Habacilar sale El santo convento y fue un éxito en la televisión. ¿Cómo nacen las monjas? ¿Las crearon en los talleres de claun o en el guión del programa?

–Las monjas nacieron mucho antes de la televisión. July creó un espacio que se llamó Patacultural, en la casa Pataclaun, un lugar donde todo el mundo iba a mostrar el arte que tenía. Y se pasaba la gorra al final. Entonces July nos pedía hacer unos personajes que sean irreverentes, que tengan humor, que puedan decir cosas pero a la vez no. “Policías o bailarinas”, pensamos. Y de pronto salieron las monjas. Y sobre esa idea, las tres –Katia, Saskia Bernaola, Patricia Portocarrero– empezamos a hacer humor, buscábamos sketchs y se los mostrábamos a July. Después de 20 minutos ella nos cortaba y nos decía: “Chicas, el humor es esto: uno, dos, tres. O el público se aburre”. Yo empecé a hacer de monja con camisas de mi viejo; Patricia y Saskia también. Y nos hacíamos velos con telas que sobraban de Pataclaun.

–Los nombres de las monjas también tienen su historia...

–El mío es Sor Rento por el chocolate: gordo, chato, morocho y cuesta 50 céntimos. Recontrabarata soy. Así buscamos los otros nombres: Sor Rita (Patricia), por el nombre y por zorrita, o sea jugadora. Y Sor Bete (Saskia), porque es flaca y le gusta ‘chupar’ trago. Con el personaje de las monjas hicimos un año de teatro y de allí nos fuimos a la televisión. Fue mi primer papel protagónico.

–Has dicho que con Saskia y Patricia van a ser ‘patas’ toda la vida.

–Toda la vida. Somos como una familia.

–¿Tu rapidez mental para la réplica se potenció con los talleres de claun?

–Ya la tenía, pero en los talleres de improvisación aprendí un montón. Te mantienen con la mente despierta y estás atenta a todo lo que pasa.

–Y con el éxito, ¿qué te dicen ahora tus papás?

–Me pican plata... ja, ja, ja, ja. No, mentira, están orgullosísimos. La contabilidad quedó atrás, esto era la mío. Estudié producción mientras ya chambeaba en teatro. Mis viejos nunca pensaron que iba a llegar al lugar en el que estoy. Y ahora que ya no vivo con ellos, es raro, me siento más unida a ambos. Los visito y los llamo por teléfono.

Temperamento

–He escuchado que a pesar de tu chispa tienes un carácter bastante fuerte. Bailaste en Amigos y Rivales y cuadraste en vivo y en directo a tu pareja de baile...

–Lo que pasa es que no me gusta hacer el ridículo. Siempre trato de mejorar cada día. Trato de aprender de la gente que me rodea. Hay que ser profesional. Admiro mucho a la gente con la que trabajo. A July, a Patricia, a Saskia, a varias personas más. Me ayuda hasta en mi vida personal. Además, porque hago humor no significa que me levante y haga un chiste. Tengo mis días en que lloro, me molesto, como todo el mundo. A veces la gente no entiende. La gente me saluda y les digo “hola” y dicen: “Pensé que era más graciosa”.

–Hay pocas personas de peso en la televisión. ¿Nunca fue un problema para ti?

–La verdad que no. En algún momento no me he sentido bien conmigo misma, pero no me fijo mucho en mi peso. A veces sí pienso que necesito una dieta. Pero me aburren. Conmigo pasa la típica: empiezo el lunes y la corto el miércoles. Por lo menos sé que no debo engordar más.

–En tu vida personal, en los temas de pareja, hijos, ¿cómo te ves en unos años?

–Con hijos. Estoy pensándolo, quizá en un par de años. Cuando termine de pagar una pequeña propiedad. Estoy proyectándome.

Otra vez monja


–El programa La santa sazón tiene a las monjas en nueva temporada. ¿De qué trata?

–Es una historia de amor en la que los protagonistas son César Ritter y Roxana Fernández Maldonado. Y las monjas, después de haberse quedado sin chamba, salen a robar porque eran ‘choras’ antes. Y se camuflan como mozas en un restaurante que se llama La santa sazón y que además está en problemas. Ahí empieza la historia. El protagonista, dueño del restaurante, se llama Gastón Piña (Ritter).

–Aparte de todo lo que has hecho en clave de humor, ¿has hecho cosas más serias?

–He hecho La rebelión de los chanchos, pero lo mío es la comedia. Ahora, si me ponen un papel en que pueda retarme yo misma, yo feliz. El actor debe ser camaleónico, entrar a la comedia, al drama. Más adelante me gustaría hacer ‘stand up comedy’ y me han propuesto hacer radio. Por el momento estoy tan metida en la conducción de Habacilar y en el programa actual que no tengo tiempo.

Te puede interesar

CONTINÚA
LEYENDO