“Trabajo con las cosas que me agarran las entrañas”

“Revelada e Indeleble” es la muestra antológica de los últimos diez años de la artista plástica Claudia Coca. Graduada de Bellas Artes en 1994, se caracteriza por una mirada crítica sobre los complejos y prejuicios históricos del peruano. En esta entrevista no solo habla de arte sino también de política y de su experiencia en el colectivo Sociedad Civil (2000), cuando protagonizó actos simbólicos en defensa de la democracia. Coca expone hasta el 4 de junio en la Casona de San Marcos.

Por María Isabel Gonzales
Foto José Vidal

¿ Qué te impulsa a estudiar pintura?

–Mi papá es contador y mi mamá es estilista; quizás mi interés por la plástica viene de ella. El estímulo artístico lo ponía su amor por la música y la literatura. Hasta los 15 años pensé en ser abogada y después arquitecta. No sabía que se estudiaba artes visuales. Lo supe por una amiga que postulaba a la facultad de artes de la Católica. Postulé y no ingresé. Intenté en Bellas Artes y tampoco ingresé. Fui alumna libre por algún tiempo hasta que me quedé.

–¿Encontraste allí lo que esperabas?

–Creo que maduré. Empecé a preocuparme de las cosas que me rodeaban. No era solo del arte sino también de otras realidades. Terminé en un colegio particular en el 86 y vivía en la absoluta ingenuidad. En Bellas Artes encontré muchos chicos que venían del interior, de colegios nacionales, a quienes les costaba mantenerse en Lima. Entre ellos tenía un amigo que pagaba los estudios con trabajos de contabilidad. Su papá era pescador y su mamá tenía un puesto en el mercado. Pero él y sus cinco hermanos eran profesionales. Me parecía alucinante. En el 89 empecé a toparme con más gente de colegios particulares porque los ‘paquetazos’ de Alan García afectaron la economía de sus familias.

–¿Qué recuerdas de ese escenario político?

–Es gracioso pero al salir de mi burbuja del colegio entré a la burbuja del arte. Cuando ingresé oficialmente a Bellas Artes –en 1989– la escuela había pasado por un periodo de limpieza política por supuestos grupos de alumnos que seguían a Sendero Luminoso. Cuando estudié ya no se hablaba de política. Mi primer acercamiento fue en abril de 1992. Entonces empezamos a discutir sobre los golpes de Estado y la Constitución. Para las elecciones de 1995 mi trabajo se había ido tiñendo de todo lo que veía.

–Tu herramienta por excelencia es el autorretrato. ¿Qué te hace seguir usándola?

–Llegué al autorretrato por el azar, entre el 96 y el 97. Antes tenía unos personajes lúdicos que utilizaba como pretexto para experimentar con colores y materiales. Mi discurso no estaba muy articulado todavía; tocaba algo de género, algunas críticas al Congreso, y de pronto con el autorretrato pude filtrar mi discurso social y político. Empecé a decir las cosas yo misma, sin intermediarios. No sé hasta cuándo lo usaré porque cuando he intentado dejarlo mis mensajes han caído en saco roto. Es una cuestión de comunicación. La gente se identifica. “A ella le pasa lo mismo que a mí o piensa como yo”, comentan.

–¿Algo parecido te sucede con el cómic?

–Como artista visual uso lo que esté a mi disposición según mi discurso. Si necesito un texto para mi obra, investigo cuál es la disciplina más adecuada. Creo que lo ideal es el cómic, el arte pop.

–También usas los mensajes simbólicos.

–Creo que de esa forma son más efectivos. Lo literal es muy directo y lo simbólico invita a la reflexión. Utilizo frases populares y letras de canciones, además de la gráfica periodística. Tengo varias series en las que he usado fotos de Caretas o La República como, por ejemplo, en ‘Ciega, sordomuda’ (1998), en la que aparecen tres mujeres con imágenes del Congreso. Aludía a un Poder Legislativo que solo seguía órdenes de Montesinos.

–Otros dos temas recurrentes en tu trabajo son el mestizaje y la feminidad.

–Mi producción con el tiempo va tomando más cuerpo. Empiezo en el 96 con ‘Hasta morder tu corazón’, y en el 98 con ‘Cielito Lindo’ queda un poco más claro: las mujeres peruanas en la historia. Para el 2000 me presento a la Bienal de Lima con ‘Mejorando la raza’, en la que ya hablo directamente de lo racial. Allí la idea es el argot popular: es mejor casarse con un gringo. Esa forma de criarnos, absolutamente común, en la que el peruano empieza a marginar a otro peruano. El cholo es el otro y esa es la forma de hacernos menos. Nuestro chip está tan trabajado que nos da miedo reconocernos como andinos. Es quizás también lo que nos hace rechazar a Ollanta Humala, asociado al ande, a lo cholo, al indio, y se acepta a Keiko Fujimori por representar el modelo neoliberal, el que siempre tendrá plata, porque la plata blanquea.

–¿Alguna vez te han marginado?

–A mí me criaron de esa forma tradicional que te comenté. Entonces no me percibía chola. En el colegio me sentía fea porque me lo hicieron notar de varias formas, y resulta que no era eso, pasaba que en realidad era chola. Eso nos motivó a mí y a Susana Torres a trabajar la muestra ‘Peruvian Beauty’ (2002), en la que tocamos el tema de los ideales de belleza a los que no respondemos. Pero hay algo que tengo bien claro: siempre se critica al NSE A/B cuando en realidad los mayores racistas son de la clase media y popular.

–De ahí hasta el 2007 con ‘Glopo Pop’.

–Allí quería salir de lo nacional. Por eso digo globo de global y pop de popular. Utilizo los íconos globales más conocidos como la mujer maravilla, que se queja del odio después del 11 de setiembre. O la geisha Lluvia Negra, que llora por la lluvia radioactiva sobre Hiroshima y Nagasaki. Y con la maternidad enriquezco aún más mi obra porque, aunque suene huachafo, sé que mi mejor obra serán mis hijos, Leandro (4) y Julián (10 meses).

–En el 2000 nace el colectivo Sociedad Civil. ¿Por qué una artista debía involucrarse?

–Primero porque yo trabajo con las cosas que me agarran las entrañas y segundo porque me considero una artista beuysiana (alude al artista alemán Joseph Beuys) que postula que el arte es igual a política e igual a vida. Un círculo inseparable. Nos juntamos Susana Torres, Gustavo Buntinx, Sandro Venturo, Natalia Iguíñiz, Lucho García Zapatero, Emilio Santisteban, y luego vinieron más. Nos unió la causa. Y creo que fue una forma de canalizar lo que sentían los ciudadanos. En aquella época cualquier manifestación política era terrorismo; si salían los estudiantes, Martha Chávez salía al día siguiente a decir: ¡Terroristas, terroristas!

–¿Cuál fue la acción que más recuerdas?

–Tuvimos muchas. Una de las más fuertes fue una bandera que junto a familiares de desaparecidos cosimos con la ropa que ellos usaban para velar a esos seres queridos de los que nunca supieron más. Creo que fue lo más duro que me ha tocado.

–Y el colectivo terminó por desarticularse ...

–Después de un año y medio de trabajo ya no podíamos más. Dejamos de producir nuestras obras por la causa, por la lucha de la democracia y la defensa de los derechos humanos, pero habíamos hipotecado hasta lo que no teníamos. Con decirte que recién en el 2006 terminé de pagar todo lo que debía por invertir en las acciones que emprendíamos. Intentamos formalizarnos como una ONG pero no hubo financiamiento. Nadie nos tomó la posta y ahora que veo este Humala vs Keiko creo que debimos seguir trabajando. Incluso cuando vimos a Alan García volver fue hasta melodramático por la impotencia de ver a nuestro país cometer los mismos errores. Es cierto que los cometemos en democracia, pero allí están. A veces me han dicho por qué no sales a lavar la bandera, y yo respondo: ¿y por qué no sales tú? Ciudadanos somos todos.

–¿Por quién votarás?

–Voy a votar por Ollanta Humala porque no creo que atente contra la democracia. Tiene al sector empresarial, los medios de comunicación y las clases altas dueñas de medio país en contra, ¿cómo podría hacer grandes reformas? En cambio Keiko Fujimori tiene todo el marco para atentar contra la democracia. Con ella regresa una forma perversa de pensar. El fujimorismo representa la criollada, la pendejada y la corrupción. Para el 2000 ese era el perverso inconsciente colectivo. Con educación y campañas de información se fue erradicando. Pensar que le abriremos la puerta una vez más a esos ladrones me aterra.

–En marzo cumpliste 41 años. ¿Cómo te sientes?

–Soy muy vanidosa, entonces es duro psicológicamente decir que tienes 40. Me cuesta ver las arrugas y las canas. Me gustaba pasar inadvertida en un salón de clases y que no supieran que yo era la profesora. Ahora me dicen señora en la calle y al toque sacan que soy la profe.

Perfil

• Nombres: Claudia Coca Sánchez.
• Nacimiento: Lima, marzo 1970.
• Estudios: Especialidad de Pintura, (1994) Escuela Nacional Superior Autónoma de Bellas Artes del Perú, Lima. Bachillerato de Arte de la Universidad Mayor de San Marcos, Lima (2008).
•Exposiciones: ‘Revelada e Indeleble’ (2011), ‘Globo Pop’ (2007), ‘Peruvian Beauty’, muestra bipersonal con la artista Susana Torres (2004), ‘Cielito lindo’ (1998), ‘Hasta morder tu corazón’ (1996).
•Cargos: Docente desde 1998 en la Escuela Superior de Bellas Artes Corriente Alterna. También ha enseñado en la Escuela Superior de Arte y Diseño Orval, Instituto Superior de Diseño Toulouse Lautrec, Instituto Mod Art y Centro de la Imagen.

El mestizaje

‘De castas y mala raza’ (2009) es un óleo que cita los lienzos encargados por el virrey Amat en 1770 para representar el mestizaje en la sociedad peruana. El objetivo era enviarlos al rey Carlos III. Coca explica que algunas mezclas eran consideradas positivas y otras eran catalogadas como el atraso. Todas tenían un nombre. En este cuadro utiliza el autorretrato de su familia: Cuarterón (su pareja Hugo Martínez) + Tresalba (Coca) produce mestizo Salta Atrás (su hijo Leandro).

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