Hombres en la luna

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15 Nov 2009 | 6:41 h

Hace 40 años el hombre llegó a la Luna a bordo del Apolo 11 y marcó un hito en la historia de la ciencia. El libro “Caminando en la Luna” de Giuseppe Albatrino (Editorial Recreo) describe los avances tecnológicos que hicieron posible llegar a nuestro satélite.

Por Raúl Mendoza


Si a un astronauta le pidieran hoy subirse al Apolo 11 para viajar a la Luna, quizá lo pensaría tres veces al ver la consola de mandos. Allí, entre decenas de botones y pantallas que daban lecturas sobre el vuelo, estaba el corazón de la nave: la computadora AGC (Computador Guía del Apolo), que servía para definir su posición, acelerar o reducir la velocidad, controlar los cohetes para entrar o salir de órbita y hasta alunizar sin problemas. Ese ordenador, el más avanzado que existía en 1969, logró todo lo que hemos descrito teniendo solo 32 Kb de memoria. Es decir 8,500 veces menos capacidad que un teléfono celular actual. Asombroso.

Esa computadora hoy sería considerada un juguete, pero entonces costó miles de horas de trabajo de los científicos del MIT (Instituto Tecnológico de Massachussets) y fue el punto más alto de una generación de computadoras que hasta entonces pesaban cientos de kilos, estaban hechas de tubos y ocupaban todo un salón. La AGC hacía lo mismo que esas máquinas gigantes pero encerrada en un cubo de 40 centímetros por lado. Regresó a la Tierra junto a los hombres de la NASA que pisaron la Luna.

Giuseppe Albatrino, autor de “Caminando en la Luna”, un libro que detalla los avances científicos que hicieron posible este logro, señala que la carrera espacial logró tecnología nueva en informática pero también en metalurgia, telecomunicaciones, medicina, mecánica, nuevos materiales y otros campos más. “El hombre llegó a la Luna en 1969, pero la carrera espacial –entre Estados Unidos y la Unión Soviética– había empezado años antes con la promesa de John F. Kennedy de poner un hombre en la Luna antes de que acabara esa década”. Esa competencia hizo avanzar al mundo.

Carrera espacial

La carrera espacial para EEUU empezó encargándole la construcción de las naves a empresas privadas. Debutó con el programa Mercury, que hizo siete vuelos alrededor de la órbita de la Tierra, y el programa Géminis, que hizo nueve viajes. Este segundo proyecto llevó por primera vez dos astronautas juntos, logró el primer acoplamiento de dos naves en el espacio, y también la primera salida al espacio con trajes espaciales. Los vuelos de ambos proyectos sirvieron también para mejorar el combustible y la potencia de los cohetes necesarios para llegar a la Luna. El Saturno V, que impulsó el Apolo 11, podía transportar 113 toneladas.Los astronautas eran no solo pilotos experimentados y técnicos solventes, sino hombres valientes. En los primeros vuelos permanecían sentados durante horas casi sin poder moverse por la estrechez de las naves. La cabina no solo daba datos al astronauta sino que recogía información de este y los enviaba a los médicos en tierra. Se les medía la presión (con un instrumento colocado en el brazo), el desempeño de su corazón y su temperatura corporal (con un termómetro rectal), cuenta el libro. Esos controles eran rutina al comienzo, pero fueron variando cuando avanzó la tecnología. Así se llegó al proyecto Apolo. Para entonces Estados Unidos había hecho unos 20 vuelos al espacio, había mejorado las cápsulas espaciales creando equipos y piezas cada más pequeñas, había potenciado las comunicaciones con estaciones que seguían el vuelo en todo el mundo y había perfeccionado los trajes espaciales. Estos tenían varias capas de nylon, neopreno, teflón, plastico y otros materiales más de nombres técnicos. Tenía conductos internos que dotaban al astronauta de oxígeno y agua, lo protegían de la radiación y de micropartículas espaciales. Este podía evacuar sustancias líquidas y sólidas sin sentir molestias. “El traje espacial era casi una nave espacial”, dice Albatrino.

Fue así que el Apolo 11 estuvo listo para llegar a la Luna. Partieron el 16 de julio y entraron en la órbita lunar el 19 de julio. Lo tripulaban Neil Armstrong, Edwin “Buzz” Aldrin y Michael Collins. Al día siguiente, el módulo lunar Eagle se desprendió de la nave nodriza y cayó hasta posarse en suelo lunar. “Houston, aquí Base Tranquilidad, el Águila ha alunizado”, transmitió Armstrong por radio a la Tierra. En la madrugada del 21 de julio bajó las escaleras de la nave y posó sus plantas por primera vez en la Luna. Después de cinco vuelos Apolo, llegaba el éxito (el Apolo 1 se incendió y mató a sus tres tripulantes en un simulacro de despegue). Esta vez el Apolo 11 probaba que sí se podía conquistar el satélite.

Los avances

Después hubo cinco vuelos Apolo más y ahí terminó la aventura. ¿Valió la pena ir a la Luna? “Sí. Las exigencias de los vuelos dieron lugar a inventos que luego se aplicaron en la industria y la vida cotidiana”, dice Albatrino. Además del avance en la aeronáutica, misiles o telecomunicaciones, la NASA ha contabilizado desde 1970 en adelante unas 1500 patentes. La tecnología de los trajes espaciales se usa hoy en los trajes de los corredores de autos, las máquinas con que controlaban las funciones corporales de los astronautas dieron lugar a máquinas de diálisis, cardiovasculares y de terapia física. La tecnología de empaquetado al vacío, la purificación del agua, la comida deshidratada, los cierres pega-pega, el teflón, se probaron por primera vez en estos vuelos. No se equivocaba Neil Armstrong al pronunciar su famosa frase tras pisar la Luna: “Este es un pequeño paso para el hombre, pero un gigantesco salto para la humanidad”.

Datos

400 mil personas llegaron a estar involucradas en las investigaciones –entre agencias del gobierno, contratistas, empresas y universidades– que hicieron posible la llegada a la Luna.

363 mil kilómetros es la distancia más corta de la Tierra a la Luna, determinada por la elipsis que esta hace alrededor de la Tierra. En su fase de mayor alejamiento la distancia es de 405 mil kilómetros.

4 mil millones de dólares costó poner operativa la nave espacial Apolo que llegó a la Luna, a lo largo de una década de investigaciones. Tenía 6 millones de piezas.