La voz de La sarita

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2009 M09 13 | 13:10 h

El grupo La Sarita surgió de las cenizas de otro: Los Mojarras, y ha llevado la fusión en el rock a niveles desconocidos hasta ahora. Su cantante, Julio Pérez, voz y rostro de la banda, habla aquí de la actualidad peruana y de su último disco, “Mamacha Simona”. Esta es la palabra de un cantante comprometido con su país.

Por Raúl Mendoza
Fotos Eduardo Cavero


Diez años después de que La Sarita irrumpiera en la escena rockera con “Más poder” y se erigiera en el más poderoso combo del rock fusión peruano, Julio Pérez, su líder, afirma que han pasado de la protesta a la propuesta y que su último disco “Mamacha Simona”, aparecido en marzo pasado, “es una etapa de madurez musical y el primer capítulo de un libro que aún está por escribirse”. Dice además que la rabia con la que aparecieron, la mirada crítica, el compromiso con la realidad y la actitud contestataria, siguen latiendo, como siempre, en su propuesta artística.

“Somos una generación que creció en los 80 y esa es una época de crisis política y económica. Fue un periodo de nuestra historia en que nuestro mundo se venía abajo. Por eso nuestro primer disco fue tan visceral. Significó el destape de una olla de presión, una forma de desfogar la frustración que vivíamos. Lo mejor es que esa actitud de ir a contracorriente no ha cambiado”. Para Julio la primera obligación del grupo es hacer y decir lo que sienten, y lograr que la gente reflexione con sus canciones. Expresar al Perú abigarrado, mestizo, contradictorio y prometedor, es su mayor logro.

–Muchas de las canciones de La Sarita hablan de ese mundo popular que ustedes conocen bien y de los problemas de su gente.

¿Cómo ves el Perú actual?

–Soy pesimista porque hoy lo que prima son las cifras y no el ser humano. Cuando en el Perú se habla de cifras positivas en la economía, no se dice que esos buenos resultados, ese crecimiento, está concentrado en pocas manos. A eso hoy en el Perú se le llama progreso, desarrollo. Puede serlo en términos económicos, pero desde el punto de vista humano cada vez estamos peor: más insensibles, más distanciados, más conflictuados, más violentos.

–Eso habla de un país donde, a pesar del crecimiento, todavía hay grandes sectores excluidos. Como la gente andina y amazónica, por ejemplo…

–Desde que se fundó el país como República, no es una República para todos. Y no hemos podido cerrar esa brecha que se expresa en el derecho que tienen unos, más que otros, para ser tratados como ciudadanos. Eso da lugar a la exclusión, el abuso, el racismo. Lo ocurrido en Bagua es reflejo de eso y en nuestra historia no ha habido voluntad política para superarla. Por eso, puede haber cien Baguas más mientras no exista la voluntad para hacer del país un lugar más justo y equitativo.

Julio Pérez no le corre a la política porque de eso se nutre la mirada de La Sarita, de esa realidad salen sus letras y también los personajes que pueblan sus canciones. Hace una década no lo amilanó cantar donde pudiera “Y aluciné, aluciné, aluciné que tenía poder / Y más poder, y más poder, aluciné que tenía poder”. Todo ello con banda presidencial y máscara del gobernante de turno, en una ‘performance’ usual en él. Ahora no tiene problemas en decir que Alan García “tiene un narcisismo exacerbado y enfermizo, y está dispuesto a todo con tal de entrar a la historia”.

Gracias por la música

A fines de los 90 Julio Pérez era un estudiante de zootecnia de la Universidad Agraria La Molina y un asiduo concurrente a conciertos de rock. Así conoció a la banda que le cambió la vida: Los Mojarras, según sus propias palabras, “el grupo que revolucionó el rock y la música popular en el Perú” a fines del siglo pasado. Él era un fanático –lo sigue siendo– de sus conciertos y de esa música construida por el alma migrante en la capital: la chicha. La disolución de la banda dio nacimiento a La Sarita, la agrupación que lo tendría de frontman histriónico y voz recontra solvente. “Ahí empezó la historia”, recuerda.

Desde entonces hasta ahora, tres discos han pasado. En el grupo inicial estaban, además de Julio, la primera guitarra Martín Choy, el baterista Dani Taico, el tecladista Kelvin Pachas y el bajista Enrique Solano, todos ex Mojarras. Hoy son once integrantes y de la formación inicial solo quedan Julio y Martín, la columna vertebral de La Sarita, según los que saben. A los integrantes usuales de cualquier grupo, ellos le sumaron un violinista, un arpista, dos danzantes de tijeras y un danzante amazónico. “Si sumamos a los técnicos, ya parecemos los Fabulosos Cadillacs”, se ríe Julio.

–¿Qué me puedes decir de “Mamacha Simona”, el último disco del grupo?

–”Mamacha Simona” significa pasar de la protesta de “Más Poder” y de la actitud más reflexiva de “Danza la Raza”, a una propuesta musical más rica, a una etapa en donde hemos encontrado nuestro lenguaje musical y lo expresamos de mejor manera. Nos hemos vinculado en mayor medida con la cultura andina y “Mamacha Simona” es el testimonio de haber aprendido y entendido cómo queremos vivir.

Hasta ahora “Mamacha Simona” es la apuesta más radical que un grupo de rock peruano se ha atrevido a hacer, pero no es extraño en un grupo como La Sarita, cuyas influencias se remontan a bandas como El Polen o Del Pueblo del Barrio. “Lo que hemos asimilado de esas agrupaciones es la actitud contestaria, desvergonzada. Una actitud muy artística de elaborar un lenguaje propio que satisfaga nuestras necesidades artísticas”. Esa búsqueda les ha ganado el favor del público. Según los seguidores de distintos foros, La Sarita es ‘un grupazo’. Les reconocen sus fusiones audaces y, sobre todo, ser explosivos en escena.

En sus canciones los géneros musicales se mezclan sin rubor. Abarcan el rock, la chicha, el huaino, la música criolla, la salsa, el ska, juntos, mezclados, revueltos. Las letras pueden ser líricas, chongueras o tomadas de otros temas. Y además la puesta en escena es teatral. “Yo inicialmente fui un cantante tímido. El recurso de las máscaras y los trajes tenía un porqué: el miedo escénico. Así descubrimos el poder de las máscaras y su función”, cuenta Julio sobre los inicios. Hoy no podríamos pensar que el vocalista de La Sarita temía enfrentarse a la gente en los conciertos.

Ahora el grupo que lidera tiene la agenda copada, pero llegar a donde están les ha costado días sin pausa ni relajo. “Es difícil vivir como artista, manteniendo tu propuesta. Y es complicado hacer una empresa cultural. Pero nos hemos abierto un espacio en medio de la moda, de la letra y la música fácil”, comenta. Para Julio, La Sarita es un esfuerzo enorme, un grupo imposible que solo se explica por el amor a la música, al Perú, a nuestra gente y a una tradición.