¿Quién rayos es el pezweon?

Salido de las entrañas del Facebook, un impasible pez de color azul, testículos rosados y un nombre que rinde culto a la jerga limeña, se ha ganado el corazón de miles en internet. Conozca al pezweon y a la dupla que conforman Carlos Banda y Andrea Tataje, sus jóvenes creadores.

Por Rafael Robles

El pezweon no habla. No sonríe. No aletea ni parpadea. No nada. Flota. Se deja llevar por la corriente y cumple con las convenciones sociales por las que pasa un joven cualquiera: jugar pichanga, ir a discotecas, tomar en un bar, festejar Halloween y no el día de la canción criolla, enamorarse, reventar cohetes por Año Nuevo, dar regalos misios en Navidad, mirar películas en el cine y veranear en la playa. Todo esto sin despeinarse una sola escama. Sin emitir sonido (salvo la vez en que sufría de gases) ni moverse de su sitio.

Partida de nacimiento

Como un zombie condenado a desempeñar un rol que no termina de entender, el pezweon podría tomarse como una crítica social de lo que nos hemos convertido: seres que se desplazan en el mundo sin más norte que lo que se considera correcto, ajenos al mínimo indicio de individualidad. Por supuesto, esta es una interpretación libre, más cercana a un extravío mental que al verdadero origen del personaje. El pezweon es en realidad producto del desgano del publicista Carlos Banda, uno de sus creadores. “Yo estaba estudiando matemáticas con unos amigos y como estaba aburrido me dije ‘Esto ya fue pues, huevón’, y dibujé un pez con testículos. Así se inició todo”.

Una vez trazado el héroe, la idea de continuar su historia cayó por sí sola. Andrea Tataje, diseñadora gráfica, se entusiasmó con el proyecto y juntos plantearon los primeros episodios que, si bien no están habitados de escenas de acción o guiones elaborados, su preciso minimalismo y el manejo de situaciones cotidianas hacen de su “lectura” un momento de relajo que se actualiza precisamente el día más pesado de la semana: el lunes.

Sale a flote

La presentación en sociedad del pezweon se dio casi sin querer. Fue a mediados del año pasado en una exposición de stickers en la galería de arte Miró Quesada Garland, en Miraflores. “Nos tomó por sorpresa la invitación. Imprimimos solo tres aventuras, pero la acogida de la gente fue tan buena que tuvimos que abrirnos un gmail inmediatamente”, recuerda Andrea. De eso a darle un hogar en el Facebook, pasaron apenas un par de meses. Rápidamente la creación de la dupla Banda-Tataje se fue haciendo popular de boca en boca, de click en click, superando hasta el momento los 9 mil fanáticos confesos. “La jerga en el Perú es tan fuerte que no me sorprendió que tuviéramos éxito”, confiesa Carlos, el responsable del guión. Andrea, por su lado, es la que dibuja en Ilustrator al pececito de los testículos rosados que, incólume a lo que sucede a su alrededor, tiene más amigos de los que uno podría esperar de un animal tan silencioso.

Actualmente se están haciendo polos y stickers del pezweon. Además la firma Alegoricom ha sacado postales con su imagen como la obra de arte del mes. “Todo esto da miedo y emociona al mismo tiempo, pero pensar en hacer dinero con él no está en nuestros planes. No ha sido hecho para eso”. Andrea habla como la madre de un niño prodigio al que no se anima a explotar económicamente porque, ciertamente, le ha cogido cariño. Nadie podría culparla.

Contra la corriente

En plena euforia por los blogs, este par de jóvenes optaron por una ruta diferente para hacer conocido a su personaje. Para ellos el Facebook –red social por internet– les da una mejor posibilidad de llegar a más personas. En palabras de Andrea: “Un plus es que cuando alguien se vuelve fan del pezweon, aparece como noticia en la sesión de todos sus amigos. Es una forma sencilla y efectiva de publicitarse. Como una cadena”. Otro de los puntos a favor es que el trato con los visitantes es más directo que en los blogs. También se puede saber quiénes te ven, así como conocer las estadísticas de las visitas. Por ejemplo, en este caso específico, un 60% son hombres. “Son más jergueros que las mujeres”, se adelanta Carlos. En cuanto a las edades, predominan los que tienen entre 18 y 24 años, dando por hecho que lo suyo son los jóvenes, los que lo nombran cada vez que terminan una frase.

Más que mil palabras

El silencioso pezweon ha superado los 1,300 comentarios en los 25 episodios que conforman su pedrigree. Esquivo a manifestar emociones, genera sin embargo una lucha interna de sentimientos. De la simpatía que despierta su sonrisa tímida (¿es una sonrisa o una mueca de la más calculada ironía?), se pasa rápidamente a la exasperación porque, ya esté en el quinto piso de un edificio en llamas o a punto de casarse con una pelirroja, no dice ni hace nada. “Es como un pata al que todo le resbala. Alguien que está en otra”, se excusa Carlos. Entonces uno no puede evitar imaginarse al pezweon mordiendo un anzuelo y terminando sus días en un plato de cebiche. Inalterable como un rehén fundamentalista, valiente hasta el final, moriría sin decir una sola palabra.

“Lo divertido es que te identificas al toque con él, porque hemos pasado por situaciones iguales”, agrega Andrea. Y es cierto. Aquel almidonado que es humillado en la discoteca con un “¡Baila pezweon!”, así como el tipo en la cola del banco al que todos apuran al grito de “¡Avanza pezweon!” y el torpe que resbala en el piso recién trapeado, recibiendo la burla filuda de un amigo: “¡No seas weón pezweon!” Todos estamos, de una u otra forma, incluidos en sus aventuras. Por eso no será difícil que nos abra una sonrisa en la cara, por más que digan que sus historias son monótonas y sus desenlaces previsibles. A veces las cosas más tontas son divertidas. A veces lo absurdo da risa, pezweon.

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