Un premio mundial para la mujer que limpió Chimbote Guardiana de la bahía

CÁMARA AL AGUA. Logró que periodistas extranjeros se interesaran en la grave contaminación que afecta al mar chimbotano que diariamente recibe alrededor de 1,000 toneladas métricas de residuos orgánicos y fecales.

María Elena Foronda trabajó durante doce años por acabar con la contaminación en Chimbote y, por esa batalla, purgó condena acusada de terrorismo durante el fujimorato. El 14 de abril recibió el prestigioso Premio Goldman, 125 mil dólares y la confianza de que cruzadas como la suya nunca dejarán de ser apoyadas. Escribe ÓSCAR MIRANDA Hace seis años, María Elena Foronda llevó a una periodista de la Televisión Española a recorrer las zonas más infectas de la cochambrosa Chimbote. Le mostró la fetidez de las aguas de la bahía de Ferrol, las turbias emanaciones de las 27 fábricas pesqueras y de la siderúrgica, mientras la reportera transitaba a duras penas en el límite de la repugnancia. Cuando la puso delante de los pozos de recuperación del aceite que utilizan esas industrias, la visitante, naturalmente, se vino en arcadas. Para María Elena el tour fue bastante vergonzoso. Pero al mismo tiempo sabía que totalmente necesario. La periodista elaboró un documental sobre la contaminación en Chimbote que allá en el Viejo Mundo le abrió los ojos a muchos. Sólo mostrando las miserias de una ciudad presa de sus propias emanaciones y desechos, por aire, mar y tierra, se podía obtener el apoyo para acometer la empresa que ella y el Instituto Ambientalista Natura tenían por delante. La transformación de Chimbote, una ciudad maloliente, cubierta por la neblina de las fábricas pesqueras, con un mar al borde de la descomposición, en un espacio de salud y vida, nuevamente. María Elena no nació en Chimbote sino en Lima, pero vivió allí desde que tenía un mes de nacida. Su padre, Cupertino Foronda, fue un abogado que apoyó los movimientos sindicalistas en los años del boom pesquero y la prepotencia de los industriales. La joven Foronda estudió Sociología en Lima y concluyó sus estudios en la Universidad Nacional Autónoma de México. En los ochentas, volvió a Chimbote y comenzó a trabajar en Terra Nueva, una institución especializada en programas de salud. Era promotora y todos los días peinaba a pie las zonas más miserables de la ciudad. En esa tarea conoció que una de las principales causas de las enfermedades que atacaban a los pobres se cocinaba en esas fábricas espectrales instaladas principalmente en los pueblos jóvenes. Las industrias pesqueras. A partir de 1990, cuando fundó Natura, María Elena se metió de lleno a la lucha por la salud ambiental de Chimbote. El problema era grave. Muchas fábricas mantenían durante 10 ó 12 días el pescado lejos de la bahía y al no tener sistemas de refrigeración, el producto se les iba descomponiendo. "En esas condiciones muelen los pescados para obtener harina y al moler y secar esta harina se producen gases, dióxido de azufre, monóxido de carbono, hidrógeno sulfurado, que van a parar por las chimeneas al medio ambiente", dice. Las principales zonas afectadas eran los pueblos jóvenes Miramar Bajo, Florida Baja, Miraflores Alto, Quince de Abril y Trapecio, donde se asientan la mayoría de estas industrias. Allí el cielo era neblina permanente y los niños pequeños y los ancianos presentaban graves cuadros de asma, bronquios, enfermedades en la piel y alergias. El otro gran problema era la contaminación del mar a causa de las mil toneladas métricas de sanguaza, agua con sangre y restos de pescado que las empresas arrojaban diariamente a través de sus desagües. Ello sumado a los desagües de la propia ciudad, con una población de 350 mil habitantes. Y a que tras la construcción del espigón para el muelle chimbotano, en los setentas, las corrientes marinas que hacían circular las aguas costeras se detuvieron y la bahía de Ferrol quedó convertida en una inmensa poza. Lo que hicieron María Elena y Natura fue iniciar una campaña de educación y concientización en las comunidades afectadas sobre su derecho a vivir en un ambiente sano y libre de contaminación. De pronto, comenzó a gestarse un fuerte movimiento ciudadano que empezó a exigir a las autoridades que hicieran cumplir las normas de salud ambiental vigentes en el país, y a los industriales que utilicen "tecnología limpia" en sus fábricas, que minimice el impacto ambiental en su entorno. Empezaban a verse los primeros resultados cuando la tragedia ocurrió. El 14 de setiembre de 1994, trece policías ingresaron en su casa para detenerla bajo el cargo de pertenecer al Movimiento Revolucionario Túpac Amaru. Su esposo, Óscar Díaz, fue detenido el mismo día. "Me llevaron a la Jecote (Jefatura contra el Terrorismo) de Chiclayo y me presionaron para que me sometiera a la ley de arrepentimiento y acusara a gente de otras ONGs", recuerda. "Pero nunca lo hice". Seis meses después fue sentenciada por un tribunal sin rostro, sin ninguna prueba, a 25 años de cárcel. Su padre, el abogado sindicalista, se encargó de su defensa. La larga batalla legal por su libertad, que encontró eco en organismos de derechos humanos y diarios como La República, llegó a su fin siete meses más tarde. A fines de 1996 María Elena y su esposo salieron libres. Y volvieron a su batalla por la salud ambiental en Chimbote. El trabajo que durante doce años María Elena Foronda y Natura desarrollaron acaba de ser reconocido en el mundo entero. El pasado 14 de abril, en el Teatro Ópera de San Francisco, Estados Unidos, la Fundación Goldman otorgó a María Elena su máximo galardón, uno de los seis premios con los que esta prestigiosa institución filantrópica distingue a seis personalidades de todo el mundo por su labor permanente por la conservación del medio ambiente. El premio incluye 125 mil dólares que María Elena proyecta utilizar como un fondo para el desarrollo sostenible de Chimbote, en el que otras empresas e instituciones contribuyan ahora. Recibir un galardón como el Goldman, quizá el de mayor prestigio entre los ecologistas del mundo, es motivo de sobra para colmarla de orgullo, pero su principal satisfacción, dice, es que algunas industrias en su ciudad han empezado a seguir sus recomendaciones. Ahora usan "tecnología limpia", máquinas y equipos que no contaminan el ambiente. Quizá las cosas empiecen a mejorar ahora.

Te puede interesar

CONTINÚA
LEYENDO