Hallazgos / El ladrón de orquídeas Un nuevo caso de robo de nuestro patrimonio natural a

18 Oct 2003 | 19:00 h

La increíble historia de James Kovach y la orquídea "descubierta" en las selvas del Perú. Se trata de la flor más espectacular encontrada en los últimos cien años. Un nuevo caso de robo de nuestros patrimonio natural a vista y paciencia de las autoridades.

No es el célebre personaje de Susan Orleans, sin embargo, la historia de James Michael Kovach sí es de película: el año pasado llegó a nuestro país y se "llevó" a los Estados Unidos la orquídea más espectacular descubierta en los últimos cien años y que hoy lleva su apellido. Le costó diez soles, pero en el mercado negro internacional se vende hasta en 20 mil dólares.


Escribe JORGE LOAYZA
Foto CARLOS LÓPEZ
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James Kovach pertenece a la rara especie de coleccionistas inmortalizado en la obra de Susan Orleans, El Ladrón de Orquídeas.
A sus 47 años lleva la misma pasión a flor de piel, también es alto, ojos azules, tiene el cuerpo colorado y delgado como un tallo maduro pero frágil. Quizá la única diferencia con John Laroche es que cuando ingresa diez metros selva adentro se cree un Indiana Jones en medio de la jungla y sufre un clímax indescriptible al descubrir un nuevo ejemplar. Además evita hablar con periodistas porque lo han llamado ladrón, contrabandista, maldito y loco.
Su expediente judicial está escrito en inglés, pero la historia real se narró en castellano, en el caluroso departamento de San Martín. Fue en mayo del año pasado cuando Kovach llegó a Moyobamba con su esposa Bárbara Ellison, desde su casa ubicada en Golvein, Virginia, para recolectar, comprar y traficar ejemplares de orquídeas. Una labor que se realiza a vista y paciencia de las autoridades peruanas encargadas de proteger nuestro patrimonio natural. En el aeropuerto de Tarapoto ya lo esperaba el taxista José Mendoza.
Así arrancó su travesía por las carreteras del destino, en el viejo Toyota Corona de Mendoza. Después de una hora de viaje tenía colectadas algunas de las dos mil variedades de orquídeas que se pueden encontrar en las selvas de San Martín.
Pero la conmoción llegó en el kilómetro 398 de la carretera Marginal, en la humilde vivienda del campesino Faustino Bautista: una orquídea de color rojo intenso, con pétalos de casi veinte centímetros que semejaban labios carnosos, inmovilizó a Kovach. Mudo y a punto de desmayarse, sólo atinó a decir un sorpresivo y gringo "Oh, my god". "Como en las películas", recuerda Mendoza, testigo del descubrimiento.
La transacción no demoró mucho, la hija del señor Faustino le vendió cada planta en diez soles. Así, con la emoción como un pasajero más, Kovach y su esposa regresaron a su hotel de Moyobamba pero no avisaron a nadie sobre su hallazgo.
Al día siguiente el nuevo "descubridor" se acercó a la casa del señor Lee Moore, un gringo que tiene un vivero en Moyobamba y que lleva décadas dedicadas a la investigación y venta de flores en Estados Unidos. "Te voy a enseñar algo con lo que se te van a caer los pantalones", comentó Kovach a Moore. "Anda tú nomás", dijo despectiva la señora Zadyth, esposa de Moore.
Pero Moore regresó pálido. "Mami, tienes que ver esto", le comentó a su esposa. Ambos quedaron pasmados, era la orquídea más espectacular que habían visto. Entonces Kovach se puso como un loco y empezó a gritar: ¡Esta flor llevará mi nombre!

FLOR DE UN DÍA
Sin embargo, una historia paralela se estaba gestando. Arturo Villena, propietario del jardín botánico Agroriente, ya había descubierto semanas antes el sorprendente ejemplar de orquídea de manos del mismo Faustino Bautista.
Al mismo tiempo, unos recolectores le contaron a la señora Zadyth Moore que se había encontrado un nuevo tipo de orquídea y que Villena, su descubridor, se iba a Estados Unidos para inscribirla. Pero doña Zadyth no les creyó hasta que vio la orquídea de Kovach. Entonces, luego de procesar su información, la señora Moore le confió a Kovach: "Si quieres registrarlo a tu nombre tienes que correr a Estados Unidos porque ya la está vendiendo Janeth Villena (hija de Arturo)".
Al día siguiente Kovach estaba bien sentado en el avión con la orquídea en las maletas. Cuando Kovach llegó a Miami, alquiló un carro y se fue inmediatamente a los Jardines Botánicos Marie Selby, en Sarasota, Florida, donde el director de sistemas Wesley Higgins lo recibió con otro "¡oh, my god!".
Esa misma noche los expertos de la institución no durmieron. Amanecieron estudiando la nueva especie a la que no tardaron en considerar como uno de los descubrimientos más importantes de los últimos cien años. Pocos días después, el 12 de junio, los investigadores presentaron la planta a nivel mundial en un número extraordinario de su revista Selbyana, con el nombre de Pragmipedium kovachii. La sonrisa de Kovach debió haber sido más grande que la belleza de su descubrimiento al ver que la orquídea llevaría su apellido de por vida.

MURIÓ LA FLOR
Y fue así como esa orquídea "llevada" desde tierras peruanas dejó de tener alguna referencia a nuestro país. Sin embargo, esto pudo ser evitado. Renato Villena había informado de su descubrimiento al destacado taxonomista Eric Christenson, quien venía estudiando la orquídea a través de fotografías e información específica que le enviaban algunos colegas peruanos. Christenson tenía previsto para el número de julio de la célebre revista de la American Orchid Society, Orchids, dar a conocer la flor con el nombre del Pragmipedium peruvianum. Pero los expertos de Selbyana se adelantaron y se determinó que el nombre sería el que se consignó en la primera publicación que dio a conocer la orquídea.
Esto originó toda una guerra de orquídeas: Christenson denunció que no se podía reconocer oficialmente la flor que Kovach había ingresado a EEUU de manera ilegal, pues de acuerdo con el apéndice 1 de la Convención Internacional sobre Tráfico de Especies Amenazadas (Cites) se prohíbe llevar orquídeas de un país a otro.
Fue entonces cuando el Instituto Nacional de Recursos Naturales (Inrena) despertó de su letargo y se enteró del gran problema. Junto con los miembros del Club Peruano de Orquídeas denunciaron el hecho a nivel mundial.
Sin embargo, otra guerra también se libraba entre algunos cultivadores de orquídeas en nuestro país. La señora Moore cuenta que en Moyobamba empezó a recorrer, como una planta rastrera, el rumor de que Renato Villena estaba haciendo fortuna exportando gran número de Pragmipedium kovachii hacia EEUU.
Según la señora Moore, Renato Villena la invitó a su vivero y le mostró doscientas plantas de kovachii. "Seré millonario ñdice que le dijoñ, mi hija está vendiendo estás plantas a 10 mil dólares la unidad en Estados Unidos". Y añade que tiene pruebas testimoniales para ratificarlo.
A su vez, el señor Lee Moore también fue denunciado por traficar con la kovachii y venderlas en EEUU. Mientras ambos peleaban, se comentaba que algunos traficantes llegaron a Moyobamba en helicóptero para llevarse la nueva orquídea que en el mercado negro podía costar hasta 20 mil dólares y que ya estaría sembrada en jardines tan lejanos como los de Japón.

¡ATRAPEN AL LADRÓN!

Mientras esto sucedía en Moyobamba, la protesta de Inrena y del Club Peruano de Orquídeas se hizo escuchar, y el 16 de agosto del 2002 seis agentes del Servicio de Pesca y Vida Silvestre de Estados Unidos (US Fish and Wildlife Service) ingresaron en la casa-vivero de James Kovach para buscar algún nuevo ejemplar de la mentada orquídea que ya llevaba su apellido.
Desde entonces Kovach se ha hecho tristemente famoso en el tecnicolor mundo de las flores, pues podría ser condenado a un año de cárcel si las investigaciones lo encuentran culpable del delito de tráfico de orquídeas. Su nombre y el caso de la kovachii ha sido noticia en publicaciones tan prestigiosas como The Washington Post, The Miami Herald o People. Los calificativos que ha recibido por su "hallazgo" han despertado su temor a los periodistas. Hoy prefiere esconderse entre las ramas.

Mucho floro

Domingo pudo ubicar a Kovach y arrancarle algunas declaraciones pese a su reticencia inicial.
El martes pasado lo llamamos a su casa de Goldvein, Virginia, y pese a que nos dijo que no deseaba brindar ninguna entrevista por el maltrato que había sufrido, brindó algunas respuestas reveladoras.
Kovach se considera un perseguido por la justicia norteamericana. Dice que mientras él es juzgado por las autoridades de su país, hay muchas personas que están traficando con la kovachii en territorio estadounidense. "Esto debería ser investigado por la policía peruana", agregó.
También niega haber ingresado la orquídea que lleva su nombre con fines de negocio. Afirma que su propósito fue sólo científico, y para darle protección a la planta. Además rechaza haber quebrantado alguna ley al llevar la kovachii desde nuestro país. "Se ocupan de mí mientras las autoridades se hacen de la vista gorda con otras personas", afirmó.
Pero esta historia posee más ramas que un árbol. Alfredo Manrique, presidente del Club Peruano de Orquídeas, tiene dudas de la versión de Kovach, pues señala que el gringo mantiene un negocio de compra y venta de orquídeas en Virginia, y que viajaba constantemente al Perú para decir que no conocía las leyes sobre el comercio de orquídeas.
Y no le falta razón. El mismo Kovach ha reconocido que no tuvo ningún problema para sacar la orquídea por el aeropuerto Jorge Chávez. Si los policías hasta le habrían expresado: ¡feliz viaje, míster! Pero al margen de las opiniones, la verdad es que una vez más, al igual que otros productos reconocidos como "peruanos", un gringo, James Michael Kovach, nos hizo cholitos. No fue un perro muerto sino una flor dormida. Y sólo con su floro.

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