El llanto en las tinieblas

Plataforma_glr
03 Ago 2002 | 14:00 h

Escribe Javier Ágreda

Dentro del renovado interés de los escritores latinoamericanos por la novela histórica óque ha sido analizado en libros de Seymour Menton y Peter Elmoreó ha surgido en nuestro medio una serie de ìnuevos ì narradores que han elegido ambientar sus primeras novelas en nuestro poco conocido período colonial. Así lo hicieron Fietta Jarque y Lucía Charún Illescas ócon Yo me perdono y Malambo, respectivamenteó y a ellas se suma ahora el joven escritor huancaíno Sandro Bossio (1970), quien obtuvo el primer premio del último concurso de Novela Corta del BCR por El llanto en las tinieblas (BCRP, 2002), interesante novela ambientada en el Callao de hace 300 años.
El llanto en las tinieblas es un ameno y detallado retrato de época, pero antes que nada es una historia de amor: la del solitario músico Balmes y la bella Ligia María, inteligente y culta a pesar de su condición de prostituta. El libro se estructura a partir de esta pareja, del relato de sus azarosas vidas. Balmes ha sufrido un accidente que le deformó el rostro y mantiene una estrecha amistad con un sabio bibliotecario aficionado a las teorías ocultistas. Ligia María procede de una noble familia europea, pero queda huérfana a causa de la peste, y en su desamparo llega hasta el Perú, a un instituto ìque no pasaba de una tercería donde doncellas y esclavas aprendían lo necesario para desempeñarse en lenociniosî. Solo en el tercer y cuarto capítulo se narra el encuentro de la pareja, el amor que surge entre ellos y el breve tiempo de felicidad compartida.
El mayor logro de Bossio está en el trabajo con el lenguaje. Luis Jaime Cisneros, presidente del jurado que premió la novela, ha afirmado que en ella se ìrecrea con pasmosa espontaneidad y con seguridad extrema, léxico y giros expresivos de los siglos XVI y XVIIî. A partir de ese lenguaje antiguo, se crea un cierto ritmo narrativo sumamente versátil, con elementos clásicos pero también modernos, que le otorga al autor la libertad de cambiar constantemente de temas y de registros. Así puede narrar, manteniendo la unidad y armonía del texto, tanto hechos insólitos y terribles como los episodios más íntimos y personales de las vidas de los protagonistas, incluyendo pasajes de intenso erotismo.
En las novelas de Jarque y Charún Illescas el retorno a la colonia obedecía a la búsqueda de un ambiente más propicio para sus narraciones, aún deudoras del ìrealismo mágicoî. No es esa la intención de Bossio, quien ha declarado remontarse a precedentes literarios más tradicionales, como las novelas de Alejandro Dumas. A esa influencia se puede deber la presencia, en las apenas 100 páginas del libro, de una inusual cantidad de historias secundarias, con sus personajes y escenarios respectivos, las que el autor ha sabido insertar, en forma oportuna y dosificada, a lo largo de la historia principal. Así desfilan tapadas, libros prohibidos, instrumentos musicales y métodos curativos antiguos. Y hasta la Inquisición.
Tratándose de una novela primeriza, resultan inevitables ciertos problemas y defectos. En primer lugar la excesiva acumulación de sucesos extraordinarios óterremotos, saqueos de piratas, persecuciones religiosas, matanzas de apestadosó hace que el libro en su conjunto esté en el límite de lo verosímil. A ello hay que sumar una cierta superficialidad ìdumasianaî en el manejo de los sucesos históricos, los referentes librescos y la psicología de los personajes. Pero estos problemas de ìfondoî son superados por los más que evidentes logros formales: la calidad de la prosa, la precisión y versatilidad en el manejo de las técnicas narrativas. Por eso El llanto en las tinieblas representa un significativo primer paso en la obra literaria de Sandro Bossio, autor joven y con largo camino por recorrer.

Crítica


Literatura coreana

El esfuerzo que realiza la colección Orientalia de la PUC por difundir las literaturas asiáticas a partir de ediciones pulcras y traducciones solventes es más que meritorio. Le debemos, entre otros aportes, el primer esfuerzo serio por dar a conocer en nuestro medio a los cuentistas y novelistas contemporáneos más destacados de Corea. Este esfuerzo prosigue con la publicación del libro ìCompresión de la literatura coreanaî de Kim Hunggyu, considerado el mejor esfuerzo por global dedicado al tema, que expone en seis capítulos, el primero introductorio y los restantes dedicados a delimitar la relación con las letras chinas; analizar los diversos géneros; exponer el lenguaje, estilo y métrica de los principales períodos; los aportes de la crítica, y los medios de difusión de las obras literarias. La traducción es de Ricardo Sumalavia y Lee Yongsun. Kim Hungyu, îComprensión de la literatura coreanaî. PUC, 2002.





Kloaka, 20 años después

Aunque temporalmente le corresponda acaso la duración más breve en el panorama de los movimientos poéticos peruanos (1982-84), Kloaka fue de los más ruidosos (siguiendo en esto el ejemplo de Hora Zero). Pertenecieron a él los poetas Marila Dreyfus, Domingo de Ramos, Guillermo Gutiérrez, Róger Santiváñez, Mary Soto y José A. Velarde, el narrador Edián Nova y el pintor Carlos Enrique Polanco, teniendo como ìaliadosî a José Antonio Mazotti (autor de ìEl bosque de huesosî, antología del MK, 1995) y Dalmacia Ruiz Rosas. El crítico literario Juan Zevallos Aguilar, profesor e investigador de la Villanova University de Filadelfia, acaba de publicar un nueva antología del MK, precedida de un amplio y abarcador estudio de lo que fue el movimiento, cuyos autores siguen activos y produciendo, lo que no es escaso mérito.
Juan Zevallos A. ìKloaka, 20 años despuésî. Ed. Ojo de agua, 2002.

 

Video Recomendado