La película que estremece Ayacucho Sangre inocente

El título es una alusión directa a los miles de peruanos que perdieron la vida en el fuego cruzado desatado entre senderistas y militares. Es una historia trágica, de torturas, asesinatos, dolor y desapariciones, filmada por un pintoresco cineasta que responde al nombre de Palito Ortega Matute. Este, sin embargo, ha tenido el mérito de plasmar por primera vez una lectura ayacuchana de esa vorágine de violencia que estremeció el sur andino durante los ochentas. Luego de haber sido un éxito de taquilla en el único cine de Huamanga, por estos días el filme se exhibe en Huanta, pero pronto su director llegará a Lima con una copia de éste, su tercer largometraje, bajo el brazo. Al margen de su estilo artesanal y sus calamidades técnicas, la película cae a pelo ahora que la Comisión de la Verdad está a punto de instalarse.

Escribe Miguel Angel Cárdenas
Fotos Ima Garmendia

El inexpresivo estrabismo de sus ojos es una ventana abierta y su desenfocada miopía una puerta junta; uniendo sus pulgares en el aire define su estilo cinematográfico como "tacto visual". Asegura sentir una pasión desenfrenada por el cine, pero no puede apreciar una película por más de 10 minutos sin quedarse dormido (salvo con las suyas, por supuesto, y a duras penas con "Caracortada" que le sirve de inspiración).
Palito Ortega Matute aclara, en primer lugar, que éste es su nombre verdadero, no uno artístico ni su Chaplin (cuyas películas nunca no ha visto). Se define como "cineasta en video" y ha inaugurado una autodidacta corriente fílmica provinciana, caracterizada por su hiperrealismo: formato y edición artesanal (supervhs), temática cruda y comprometida, sobredosis de dramatismo y un humor "blanco" (espontáneo e inocuo) que se convierte en "negro" inesperadamente. Es decir, un inquietante híbrido entre cine gore e hindú envuelto en el aura trágica y gélida de Ayacucho.

CINEMA VERITE
Gastando alrededor de 20 mil dólares, exprimiendo al máximo préstamos de amigos y de los más entusiastas auspiciadores (Supergas, Pastelería Bread, Impresiones Ami), Palito Ortega Matute colocó, por ejemplo, "ratas blancas" dentro de una metralleta de utilería para conseguir el frenesí humeante de una verdadera.
Fogueado en las lides audiovisuales a los 15 años (cuando se encargaba de filmar quinceañeros y matrimonios), Palito se encargó, además de dirigir y escribir el guión, de manejar la única cámara (por lo que no pudo actuar), armar las escenografías, elaborar la edición, mezclar el sonido y realizar la campaña publicitaria.
Concluida en poco menos de un año (2000), "Sangre inocente", su tercer largometraje, causó sensación en Huamanga, ganándole en público a las pocas cintas hollywoodenses que llegan a esta ciudad (es revelador que las de "terror" sean las únicas que atraigan público).
A partir del 23 de abril y durante 5 semanas consecutivas, en matiné, vermú y noche, los alrededores del Cine Municipal estuvieron congestionados por inmensas colas para verla. El espectáculo también se dio a la salida: las personas se retiraban llorando, desconsoladas y deseosas de contar sus experiencias a grito en cuello. Nunca el efecto de "catarsis" (purificación del alma mediante el espanto) tuvo tanto sentido en esta provincia, que desde el 80 hizo cruel honor al significado de su nombre quechua: "Rincón de los muertos".
En Ayacucho no hay nadie que no haya vivido en carne viva lo que fue la guerra sucia antisubversiva: todos tienen algún pariente, algún amigo o algún vecino entre los más de 20 mil muertos y 15 mil desaparecidos que ocasionó la brutal cerrazón senderista y la indiscriminada represión militar-policial. Durante casi una década fue común ver cadáveres tirados en las calles. Entre dos fuegos fatuos, el poblador común sufrió sendos chantajes ("o estás conmigo o contra mí"). En este sentido, no existió mayor identificación con "las fuerzas del orden" (percibidas como extranjeras).
Este último es uno de los puntos cruciales que genera mayor conmoción en torno a la película. Declaraciones de mandos castrenses que sostenían: "hay que volar todo Ayacucho" para resolver el problema de raíz. O que aseguraban que si entre cincuenta campesinos muertos había un par de senderistas "entonces todos estaban bien muertos", no se borran de la memoria colectiva ayacuchana. Y es el quid del éxito de la película que adapta, en un guión nervioso y valiente, la violencia política del 83 al 87.
"Sangre inocente" pone el dedo sobre la llaga, hace brotar la pus y habla por la herida. Cuenta la historia de Alfonso, un comerciante que es detenido en la "Casa Rosada" (campo de concentración, en homenaje a la dictadura argentina) por entregar un paquete con dinamita, sin saberlo. Torturado salvajemente por militares paranoides, se niega a dar nombres de inocentes para salvarse. Sus sobrinos, Cirilo y Pepe, no cejan en buscarlo. En esa odisea, conocen a Michael, huérfano de un granjero pudiente que se negó a pagar un impuesto de guerra. Ellos son tomados por terroristas por exigir el respeto a los derechos humanos de su tío en medio del fuego cruzado.
Muchos de los sucesos de la película los vivió personalmente el director Ortega Matute y los reprodujo tal cual.
A los 16 años lo detuvieron junto con un amigo suyo al que confundieron con un subversivo. En la Casa Rosada lo vendaron y le pusieron el cañón de un revólver en la sien. "¿Sabes lo que tienes en la frente?", le preguntó un soldado. "Una pistola", respondió timorato. "Ves, tú sabes distinguir un arma; eres un terruco", le retrucó el uniformado con un puñete. Sin embargo, se salvó de la muerte porque tenía parientes en el Ejército.
Más grave aún, en el 86, cuando había cumplido la mayoría de edad, tuvo que abandonar abruptamente Ayacucho por 3 años debido a una amenaza de Sendero Luminoso, que lo condenaba a muerte por haber participado en las campañas de alfabetización de la juventud aprista. Otras personas que figuraban entonces en una lista de "enemigos del pueblo" fueron asesinadas sin contemplación.
La grabación de "Sangre inocente" fue muy accidentada, y tuvo un retraso de dos meses, debido a que una patrulla soldados decomisó sus armas de utilería, sus uniformes verde olivo comprados en la limeña Cachina, y todos sus equipos técnicos aduciendo apología del terrorismo y propiedad ilegal de material militar. Cuando el asunto iba a trascender a la prensa, se los devolvieron. El decomiso coincidió con el día en que Fujimori anunció nuevas elecciones, y la devolución con la huida del ex mandatario al Japón. Actualmente, Palito no sale solo en las noches, pues fue golpeado hace una semana por tipos de porte macizo que no le robaron nada y que le enrostraron su "ofensa a la institución".

YAWAR FIESTA
El cielo de la inmensa quebrada de Puracuti es una utopía para los nefelibatas (aquellos que imaginan formas de cuerpos contemplando las nubes). Por coincidencia, Puracuti es el lugar donde se arrojaron los restos de cientos de asesinados durante los primeros años de la vorágine violentista. Palito grabó ahí mismo las escenas más escabrosas. Es un ambiente tétrico, con un viento silbante que pena hasta de día y donde los familiares que peregrinan pueden matar hormigas a tiro de lágrima.
El protagonista Alfonso es arrojado en este descampado luego de ser dado por muerto. Sin embargo, sus sobrinos lo encuentran vivo.
Para realizar la película, Ortega (ex estudiante de antropología en la Universidad de Huamanga) se afanó en un proceso exhaustivo de investigación y entrevistas a los sobrevivientes. Y descubrió lo recurrente que solía ser el que personas inocentes, que los militares creyeron occisos, se hayan recuperado y escapado. Olvidando sus nombres para que no los vuelvan a perseguir, fallecidos oficialmente, sin familia ni identidad, estos ciudadanos fueron literalmente "muertos en vida". Su filme quiere hacer verosímil esta situación.
Los actores de "Sangre inocente" (más de 300, incluyendo extras y dobles) son estudiantes, campesinos y empleados, cuyo principal requisito en el casting fue su entusiasmo y su rencor por la barbarie que devastó a su pueblo. De esta manera, las actuaciones tienen el ingenuo encanto telegénico de la torpeza y la candidez. Grabada de manera doméstica, la sombra del micrófono boom se ve en algunas tomas, hay muchas fallas de eje, angulaciones, iluminación y un tosco montaje. Sin embargo, la película trasciende por su valor testimonial y por ser una versión inapelable que proviene de la propia entraña.
A Ortega no le gustan las otras perspectivas con que se ha enfocado cinematográficamente el asunto. Sus argumentos sin embargo pecan de chauvinistas: "La boca del lobo" le parece "superficial, Lombardi es de Lima y ha visto esa historia desde una ventana muy lejana que no refleja bien la historia real". "La vida es una sola" de Marianne Eyde: "es una visión surrealista de una persona que no es peruana".
En Puracuti Ortega utilizó como actores hasta a los animales. A esos perros y, sobre todo, chanchos que según se cuenta: en lo más álgido de la guerra se alimentaban con los cadáveres arrojados. Estos cerdos antropófagos luego eran alimento de humano, creando un círculo vicioso espeluznante.
Un halo necrófilo ha rondado la película. El actor que escenifica a Salomón, personaje inspirado en Víctor Acuña (capellán del Ejército asesinado el 3 de diciembre del 87), utilizó la casulla con que éste murió en la vida real (proporcionada por un familiar) para morir en la ficción.
Huamanga está rodeada por un cinturón de pueblos jóvenes, poblados todos por desplazados que regresaron gracias a los programas de repoblamiento pero que, al "probar ciudad", el campo no volvería a sus expectativas (quieren luz eléctrica, agua potable, y servicio telefónico). Necesitan estar cerca de un contexto urbano. Y lo encuentran en Huamanga. Este es el público cautivo de la película. Palito cree que esa devoción se puede repetir en los populosos conos de migrantes de Lima.

CINEMA PARADISO
Este fin de semana y el anterior, "Sangre inocente" se viene presentando en la ciudad de Huanta. En medio de una intensa campaña publicitaria, que incluye polos negros y propaganda radial dirigida por Héctor Oré, la película tiene el mismo éxito que en Huamanga. Sin embargo, aquí la gente no sale apenada y llorando, sino extrañamente contenta, declarando que la película les pareció !!!"bonita"!!!
El ecran se coloca al aire libre, entre dos postes de la cancha de fulbito de un colegio fiscal. Frente a gradas de piedra que retienen el frío como el agua a la electricidad. El sábado 16, una hora antes de la presentación, caían incesantes gotas de lluvia como ojos de trucha (plato típico). La función pareció condenada al fracaso. Sin embargo, media hora antes escampó. En segundos, la gente atiborró el local.
Cuando comenzó la película, que tiene una música telúrica muy a tono con el argumento, las estrellas parecían tarántulas. A medida que transcurría la historia, y en medio de los sucesos más aciagos y luctuosos, las personas no paraban de reír.
Como contagiados por el principio marxista de que "la historia se repite, sólo que primero es tragedia y después comedia", las risas eran nerviosas y parecían parte de un mecanismo de defensa psicológico. Cuando terminó la película, una campesina con su hijo a sus espaldas, palideció y le tartamudeó a uno de los actores, que se encontraba de pie afuera: "¿qué... tú no te habías muerto?".
Muchos de los asistentes perdieron la inocencia: fueron por primera vez al cine; por eso comentaban tiernamente lo que sucedía, aconsejaban, insultaban, maldecían...
Palito Ortega Matute quiere traer su cinta a Lima, quiere exhibirla en el próximo festival de cine latinoamericano de la PUCP. Tal vez para la sensibilidad del público capitalino la película resulte excesivamente trágica (o tremendamente cómica por lo inverosímil de las actuaciones). Lo que sí es seguro es que constituye todo un documento fílmico, emblemático para la próxima conformación de la Comisión de la Verdad.

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