El Quijote Quechua

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11 Jun 2006 | 14:00 h

El jueves pasado, el traductor y periodista Demetrio Túpac Yupanqui presentó en Madrid la traducción al runa sumi de la obra más famosa de Miguel de Cervantes Saavedra: Don Quijote de la Mancha, que lleva el título de ‘Yachay Sapa Wiraqucha Dun Qvixote Manchamantan’.

Por Luis Arriola.

ORGULLO NACIONAL. La presentación del libro se realizó en el Palacio de los Linares, en Madrid. (Foto: Melissa Merino)

"Ahora el quechua está junto a los 70 otros idiomas al que ha sido traducido el Quijote, en las mejores bibliotecas, y significa que un elemento peruano interviene en la globalización de esta obra", dice.

Su trabajo empezaba a partir de la medianoche hasta el amanecer. Ya que, por el día, hasta el sonido del teléfono podía romper su concentración. Esta minuciosa misión lingüística tuvo su origen el verano del año pasado, cuando una mañana alguien tocó la puerta de su casa y le dijo:

–Usted me va a traducir el Don Quijote de la Mancha al quechua.

–¿Y quién le ha dicho que puedo hacerlo? –respondió.

–Conversé con el historiador José Antonio del Busto y otros más.

Don Demetrio reconoció que hablaba con un vasco, porque tenía el mismo acento éuscaro del rector del Seminario de San Antonio de Abad del Cusco, donde hizo sus estudios de formación eclesiástica. Luego sabría que con quien conversaba era Miguel de la Quadra Salcedo, director de la ruta Quetzal-BBVA.

Aceptó y recibió la edición del IV Centenario de la Real Academia Española. Un libro con un castellano antiguo. Por eso primero tuvo que analizarlo con diccionarios, como el del jesuita Diego González –párroco que estudió por más de 20 años el quechua en Cusco–, y traducirlo, palabra tras palabra.

NOBLE. Esta foto de don Demetrio ilustra el libro: América 1492-1992, que investigó los descendientes de los incas y los españoles.



La amante

Además de traductor, don Demetrio también ha sido periodista. En 1950, a los 24 años de edad, empezó en el diario La Prensa. "El periodismo es como la amante, porque se quiere más que a la esposa. A la amante se la busca con ganas y cariño", comenta.

En ese tiempo vivía por el Centro de Lima y si escuchaba algún balazo se levantaba en busca de la noticia. Trabajó en la sección Policiales, Locales y Política, y hasta inventó la crónica religiosa, ya que muchos periodistas no entendían el rito católico y las fiestas de Semana Santa.

Su vida de periodista cambió por un editorial de Salazar Bondy, en el que criticaba que, en la Dirección de Asuntos Indígenas, que entonces pertenecía al Ministerio de Trabajo, inexplicablemente no contaban con nadie que hablara quechua y aimara. Esl presidente Manuel Odría se molestó y publicó en un diario una foto en la que aparecían todos los trabajadores del Ministerio y se señalaba con letras grandes que más de la mitad eran serranos. Finalmente, invitaba a Beltrán a enseñar quechua en vez de inglés, como lo venía haciendo en las páginas de La Prensa.

"Beltrán se dio cuenta y me pidió que publicara lecciones de quechua. Y así dos veces por semana empezó a salir", dice.

VIDA. (Izq.) Don Demetrio, de niño abrazando a su padre Octavio y a su madre Melchora. (Der.) En su boda con su esposa Bertha en 1951.

Ascendencia Inca

Don Demetrio es un hombre alto, ancho de espalda y usa lentes gruesos. Su tono, cuando habla castellano o quechua, es seguro y, por su claridad y precisión, durante 10 años consecutivos enseñó quechua en el canal 7. En 1992, por el Encuentro de Dos Mundos, confirmó su herencia histórico familiar cuando la periodista Nuria Braschi descubrió, mientras investigaba a los descendientes de los españoles y de los nobles indígenas, que estaba emparentado con el Inca Túpac Yupanqui

"En mi caso,con sencillez periodística, puedo afirmar que me llamo así. Porque yo no me he puesto este nombre. Mi tatarabuelo, bisabuelo, abuelo y padre también se llamaron así", dice.

Como quechuahablante, le preocupa que las universidades solo enseñen las diferencias del quechua de las provincias, cuando debería ser enseñado a través de su gramática. Irónicamente, afirma que el virrey Toledo, en la Colonia, fomentó más el quechua que todo el período de la República.

Recordando este apellido, comenta que cuando subió al gobierno el presidente Alejandro Toledo, le entregó un proyecto a la señora Karp –quien fue su alumna–, que consistía en que, durante las vacaciones escolares, 100 profesores de distintas regiones del Perú estudiaran quechua, así como también cursos de arqueología, historia, música.

"Eliane se rodeó de gente mediocre que no le aconsejó bien. Y este programa tan solo costaba 25 mil dólares y lo bueno era que estos profesores repetirían lo que habían aprendido en sus zonas", comenta.

Al igual que el Quijote, don Demetrio sigue peleando contra los molinos de la indiferencia, para exponer con hidalguía lo que más ama: nuestro quechua.

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