Cusco imperial en escombros

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24 Jun 2007 | 15:30 h

Hace 57 años, cuando los cusqueños empezaban a alistarse para la emblemática celebración del Inti Raymi, un terremoto destruyó la Ciudad Imperial. Casonas coloniales, edificaciones precolombinas y calles enteras que eran verdaderos museos se vinieron abajo. Aquí, los recuerdos de algunos sobrevivientes y el testimonio gráfico de Eugenio Nishiyama.

Por Patricia Marín

Así quedó la torre de la iglesia de la Compañía, el templo más afectado por el sismo del 21 de mayo de 1950. Cusco ya no sería el mismo desde entonces.

Radio

Ricardo Castro Pinto, miembro de la Asociación Mutua del Señor de los Temblores, cruzaba el pabellón norte del mercado de Santa Clara, tras abandonar el local del Sindicato de Trabajadores del Ferrocarril de Santa Ana. A la una de la tarde, Macaria Monteagudo de Moreno dejó su casa en el portal de la Compañía para buscar al médico de la familia en la calle Loreto. Tenía una emergencia familiar.

Un espectáculo de pesadilla

Miles de damnificados durmieron en carpas instaladas en los jardines de la Plaza de Armas. Abajo, plegarias al Señor de los Temblores para que detenga las réplicas y la devastación.

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¡Aquí, Radio Cusco!

Ricardo Castro Pinto, observaba cómo el mercado de Santa Clara se movía "como una jaula de ave"; sobreponiéndose llegó a la Catedral. Eran las dos de la tarde. Habían sacado al Señor de los Temblores. La procesión estaba en la Plaza de Armas, pero no había quién tocara las campanas, Ricardo, tomó valor, subió a la torre y las tocó. La gente se arremolinó en el atrio. Llanto y ruegos se mezclaban: "¡Ay Taytay, ama cachuncho temblor, uyari huahuayquicunata!", rogaban desesperados. No faltó un confianzudo que increpaba: "Negrito ¿por qué nos has hecho esto? Nos has botado de la casa, aquí estamos a tus pies. ¡Señor aplaca tu ira!".

Así lucía un tramo de la tradicional avenida El Sol poco después del sismo. Muchos inmuebles que quedaron en pie fueron demolidos. Se cambió, así, el adobe por el ladrillo y el cemento.

En Lima, en la pensión de María Salas, un grupo de estudiantes cusqueños, entre ellos el futuro ingeniero Armando Gallegos, departían alegremente en la tarde dominical, escuchaban Radio América, que después se puso al servicio de los cusqueños que esperaban noticias de sus familiares.

A las dos y media de la tarde, Miguel H. Milla y Carlos Lizárraga decidieron salir al aire, pero no había luz: "Buscamos un generador, tuvimos que arrastrarlo desde la avenida El Sol hasta Sapphi. Prendimos la radio y comenzamos: ‘¡Auxilio, auxilio! Aquí, Radio Cusco, a quien nos conteste, terremoto en Cusco’. Pasó media hora, hasta que Radio Continental de Arequipa contestó. La gente se nos vino encima por los mensajes. De pronto, entra Radio Nacional del Perú y empezamos a salir al mundo".

A las diez de la noche, el ministro de Salud pidió los nombres de muertos y heridos. "No los teníamos", dice Miguel H. Milla, "fui a buscarlos al Hospital Lorena. No había una relación. Bajé a la morgue, y por suerte alguien tuvo la idea de poner el nombre en papel despacho en el pecho de cada muerto; luego fui a la morgue del Cementerio de la Almudena y alumbrando con mi linterna la cara de cada difunto, terminé mi labor. Comencé a bajar, el puente de Belén estaba destruido, la calle Trinitarias llena de escombros. En ese instante sentí cómo los pelos de la nuca se me erizaban, y me entró pavor, no miedo, pavor, y comencé a correr. La ciudad estaba llena de velitas encendidas, la gente había ocupado la calle con sus carpas, no querían estar en sus casas. Por fin llegué a la radio para dar a conocer la lista de muertos y heridos. Eulogio Nishiyama, que trabajaba conmigo, me dijo: ‘Tengo las fotografías’. Cuando comenzó todo, había cogido con un brazo a su hijo y con el otro la cámara, y salió a la carrera tomando fotos en el momento en que sucedía el terremoto, las vistas eran espectaculares, al día siguiente las mandamos en el avión".

Teatro Municipal, en la Av. El Sol, también se desplomó;; y uno de los tractores que terminó la labor destructora del terremoto.

Comercio

Llega Odría

El terremoto fue de siete grados en la escala de Mercalli. Los daños no se podían cuantificar. El Presidente de la Junta Militar de Gobierno, Manual A. Odría, entonces candidato a la Presidencia, quedó impactado. Permaneció cuatro días en la ciudad devastada.

"Los más dañados fueron el convento de Santo Domingo, la Compañía de Jesús, la Universidad San Antonio Abad, el Convento de Santa Catalina y las iglesias de Belén y San Sebastián. Los barrios de Belén y Santiago fueron los más afectados; la mayor parte de los muertos fueron encontrados en Pelota Cancha (entre la calle Ayacucho y Matará). Según la Misión Kubler, los daños se calculaban en 33 millones de dólares (de la época), 3,000 casonas destruidas. Quedaron sin techo 40 mil cusqueños, 15 mil se instalaron en carpas en campos de deportes, calles y plazas", anota en su libro Paulo de Azevedo.

La deuda pendiente.

El 29 de mayo, Odría ordenó disponer de un millón quinientos mil soles para la reconstrucción de la Universidad San Antonio Abad. La reconstrucción requería financiamiento y con ese fin se promulgó la ley 11551 que, entre otras disposiciones, le asignaba el 20% del impuesto al tabaco.

La ley facilitó créditos para la reconstrucción. Los inmuebles debían tener títulos registrados antes de 1950. Muchas propiedades no cumplían este requisito. "El convento de Santa Catalina estaba en escombros", recuerda Arturo Moscoso Serrano. "La abadesa Sor Lucía de los Ángeles Vargas Díaz no podía afrontar la reconstrucción, no tenía títulos. Investigué en el archivo histórico, conseguí inscribir al monasterio, y se acogieron a la Ley de Reconstrucción. La Universidad tampoco estaba registrada, la necesidad hizo que me especializara en Derecho Registral; y mi intervención permitió reconstruir la mayoría de los predios de la Plaza de Armas. El terremoto puso orden y saneó las propiedades".

Ávidos de modernidad muchos propietarios demolieron sus casonas solariegas, cambiaron el adobe por ladrillo y cemento. Otros, demolieron para buscar "tapados", que por cierto se encontraron. Hay quienes afirman que la mayor destrucción del Cusco antiguo no fue obra del terremoto, sino de la reconstrucción.

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