La vigencia de Chapulín

Los años ochenta en el Perú no estarían completos sin la presencia de un menudo chupaquino que, hace 26 años, se convirtió en ídolo indiscutible de un género musical que tiene sus raíces en la nostalgia del huaino, pero que se hizo masivo en una Lima provinciana.

Los años ochenta en el Perú no estarían completos sin la presencia de un menudo chupaquino que, hace 26 años, se convirtió en ídolo indiscutible de un género musical que tiene sus raíces en la nostalgia del huaino, pero que se hizo masivo en una Lima provinciana. Julio Simeón, Chapulín el dulce, y Los Shapis se atribuyen con justicia ser los padres de este ritmo que tomó el nombre de la bebida ceremonial de los antiguos peruanos y que, consecuente con ello, ha embriagado a casi tres generaciones de nuevos limeños.

Por Nilton Torres Varillas
Foto: Claudia Alva

Tiene 48 años, pero aún la energía bulle en sus venas cuando está en el escenario y sus fanáticos vibran a rabiar con cada una de sus canciones que se les meten en el alma.

1986. Las imágenes en el écran arrancan aplausos y gritos destemplados de los fanáticos y fanáticas que absortos y delirantes ven en pantalla y a todo color a ocho jóvenes provincianos que enfrentan la adversidad con su música. De entre ellos, la figura principal es un muchacho de metro y medio de estatura que con un micrófono en la mano se crece; tanto, que le roba un beso y el corazón a la mujer más deseada de la época, Amparo Brambilla.

El mundo de los pobres, el mundo tuyo y mío, canta Julio Simeón Salguerán, Chapulín el dulce, en uno de los momentos cumbres de "Los Shapis en el mundo de los pobres", película de Juan Carlos Torrico que a mediados de los ochenta batió récords de taquilla.

Chapulín y Los Shapis, con sus impecables uniformes blancos y la multicolor bandera del Tahuantinsuyo sobre el pecho, eran los innegables ídolos del pueblo, y esa popularidad los llevó a convertirse en estrellas de cine y protagonizar comerciales de televisión.

Chapulín, 22 años después, confiesa que ni por aquella película ni por los comerciales cobraron un sol.

"Nosotros desconocíamos que por eso se pagaba. Para mí era una forma de difundir nuestra música, pero no me arrepiento de haberlo hecho porque en ese momento no buscábamos dinero sino hacernos conocidos".

Y lo lograron. Los Shapis y Chapulín el dulce son los íconos de un ritmo musical denominado oficialmente música tropical andina, pero popularmente conocido como "chicha".

Chapulín tiene 48 años ahora y dice que cuando vio los créditos finales de la película de Torrico, él sabía que tenía que haber puesto un continuará...

Y la miniserie que ahora cocina la productora Susana Bamonde sobre su vida, confirma esa corazonada. Pero ahora, asegura, sí cobra lo que le corresponde.

"Ya pagué derecho de piso", dice Chapulín, el hijo más universal de Chupaca, aquel pueblo huancaíno hoy convertido en capital de provincia, cuna de este cantante que se ha subido a escenarios de 55 países, y que ahora se prepara para ser protagonista de su historia televisiva.

"Este es un premio al trabajo responsable que hemos hecho con Los Shapis en estos 26 años de carrera musical", dice Chapulín. Y es que a pesar de que en los últimos tiempos su menuda estampa permaneció alejada de los mass media locales, él y Los Shapis han seguido cantando en el Perú y en el mundo al ambulante, al chofercito carretero, a los olvidados.

Primero fue él

Chapulín y la Brambilla se convirtieron en la pareja –en la ficción– emblemática de los ochentas. Junto con Los Shapis,

La vida de Julio Simeón parece haber sido escrita por un guionista profesional. Hijo de un tejedor de Yauyos, Julián Simeón, y de una chupaquina amante de la música vernacular, María Salguerán, Chapulín dice que desde el vientre de su madre ya escuchaba bellas melodías andinas que ella le cantaba, un episodio que se verá en la miniserie y que, asegura, "va a generar nostalgia".

Ya en el colegio, Julio cantaba en las actuaciones los temas de Picaflor de los Andes, y era la sensación. Ingresó a la Universidad Nacional del Centro para estudiar Educación Física, pero el título que obtuvo no sabe por dónde estará.

Por aquellos tiempos Julio es convocado para conformar una agrupación llamada Los Ovnis, y es ahí que su chispa y estatura complotaron a favor del apelativo que lo haría tan popular.

"Como era chiquito y fregaba a todo el mundo, los compañeros dijeron que yo era como el Chapulín, el personaje de la televisión, y quedó la chapa". Aunque el agregado de "el dulce", se lo sumó él mismo toda vez que no se chupaba a la hora de conquistar las faldas –o polleras– que se han cruzado en su camino. "He tenido 35 mujeres, pero desde hace diez años ya me he plantado y sólo estoy con la que ahora es mi pareja", jura el cantante.

Hacia finales de los setenta, la llamada "cumbia peruana", que tenía en Papá Chacalón a su glorioso patriarca, retumbaba en los parlantes de una Lima cada vez más provinciana. Aún en su natal Huancayo, Chapulín conoció a quien sería su amigo, compañero y director musical, el guitarrista puneño Jaime Moreyra, y juntos dieron vida a Los Shapis.

En 1981 el grupo edita el disco Los Auténticos Shapis, un vinilo que hace historia no solo por las canciones emblemáticas allí registradas como "Borrachito borrachón", "Mi tallercito" y "El aguajal", sino por la estética de la portada del LP, en la que destacan los colores intensos y un look que jamás usaron, pero que precedió a la escena rockera subterránea. Allí Los Shapis aparecen, caricaturizados y vestidos con jeans rotos y casacas de cuero. Un diseño que se parece mucho a uno de los discos de los legendarios Ramones.

Chapulín asegura que es pura coincidencia, y que lo que importa de ese disco es que marcó el derrotero de lo que fue y es la música chicha, nombre que prefiere utilizar antes que el de cumbia peruana o tropical andina.

"Nosotros hicimos y hacemos chicha, que fue primero la bebida sagrada de los incas y hoy es un género musical que debe dejar de ser asociado a lo informal, huachafo o lumpenesco", dice Chapulín refiriéndose a lo que sociólogos y científicos sociales denominaron "cultura chicha". Y Chapulín jura que jamás en los conciertos de Los Shapis se han permitido las broncas y ‘achoramientos’.

"Dicen que la chicha se baila con una ‘chaira’ en una mano y una cerveza en la otra, y no es verdad. La chicha tiene un baile hermoso, decente. Nosotros impusimos pasos como los círculos que hacemos con los puños cerrados". Pero también la famosa vuelta de 360

grados que Chapulín improvisó para uno de esos comerciales impagos, y que se convirtió en su marca registrada.

Exitoso Chapulín

Julio Simeón viajó por casi todo el mundo.

Los Shapis han grabado 25 discos y han compuesto 354 canciones que han calado en ese público que, dice Chapulín, está conformado por migrantes que hicieron suya la capital con la chicha.

"Nosotros cantamos vivencias verdaderas, como "La Novia" (quise rogar a Dios y a la iglesia yo fui, y en el altar mayor a dos novios yo vi…) , que es un caso real de un amigo a quien su novia dejó para casarse con otro. Fuimos los primeros en cantarle al ambulante y los primeros en llamarnos chicheros".

Sin falsa modestia, Chapulín dice que él es exitoso, pero nunca se le subió a la cabeza y ese, dice, es el secreto para seguir en el corazón del pueblo.

"Cobro por mi trabajo como se debe. Vivo bien, viajo a Europa y a los Estados Unidos a hacer conciertos, y la gente se alegra con la música de Los Shapis. No soy millonario pero la vida me trata bien".

Chapulín dice que aún quedan lugares por conocer, como Egipto y Japón, y también muchos discos por grabar. Pero también seguir difundiendo la chicha a través de Shapimania.com, programa de radio que se emite por Radio Fiesta

"Yo creo que no me voy a jubilar jamás –dice Chapulín–. Si Celia Cruz murió prácticamente sobre un escenario, lo mismo quiero yo".

Y Chapulín el dulce, Julio Simeón Salguerán, dice que así como su voz, a pesar de estar cerca de cumplir cincuenta años, sigue siendo la misma y la chicha sigue estando vigente.

"Porque es la música del pueblo, y mientras haya un pueblo que la escuche, existirá". Y lo dice papá Chapulín.

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