Opiniones. Cuzco

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04 Nov 2007 | 8:00 h

Por: Pepi Patrón

Rodolfo Cerrón-Palomino.

PP: Usted se opone a la escritura ‘Cusco’. ¿Por qué?

C-P: Primero, en cuanto a la forma, quienquiera que revise la historia verá que siempre se ha escrito Cuzco con <z> hasta los años setenta del siglo pasado, en que se propone la <s>. Vale la pena preguntarse sobre qué base ha tenido lugar esta revisión. Y la base es totalmente deleznable. Reposa sobre una serie de errores de información. Se aducen razones que son falacias totales. Por ejemplo que la <z> no es un fonema del quechua. Pero nadie ha dicho eso; sería absurdo.

PP: ¿Por qué el empeño?

C-P: Ahí entra en juego una anécdota. Los cuzqueños se dieron cuenta de que Cuzco significaba perro pequeño. Pero en el Perú no se entiende así. Existe, pero en el nor-oeste argentino. ¿Qué tenemos que hacer nosotros con ese uso local? Nada. No se han dado cuenta de que la misma palabra con <s> también tiene el valor de perro pequeño. Entonces, ¿dónde está el remedio? Cusco también sería un insulto. Yo creo que todo pueblo tiende a mantener su propia tradición, incluso en la ortografía de los nombres del lugar. Aquí se recusa por ignorancia. Fíjese en los mexicanos, han mantenido su <x>, pese a que incluso suena como <j>.

PP: ¿Hay el intento de reivindicar una identidad?

C-P: Podría haber. Pero es engañosa una reivindicación sobre la base de un desconocimiento total. Garcilaso es uno de los que escribe Cuzco con <z>. Entonces, ¿dónde está el orgullo, digamos, regional? Simplemente hay desconocimiento del quechua y del castellano.

PP: ¿Ha dialogado con los académicos del Cuzco?

C-P: Es imposible. Lamentablemente llegamos a un punto muerto hace años. Predomina el localismo, la sensiblería, a un nivel exacerbado. Se creen la máxima autoridad. Se cree que por ser hablante del quechua se es experto. Craso error. Lo que la lingüística trata de hacer es precisamente conocer la estructura de una lengua. Sobre esa base nos pronunciamos.

PP: También hay un problema de significado.

C-P: Ese es un segundo problema. Hay distorsiones y mitos, como lo del ombligo de la tierra, que no tiene sustento. Quienes han tratado de dar el significado lo han hecho sin ninguna base lingüística. Indagar nos ha tomado mucho tiempo. El significado fue el de lechuza y es una palabra aimara.

PP: ¿Aimara?

C-P: Sí. Y eso nunca lo van a aceptar los cuzqueños. Porque están con el mito de que los incas hablaban el quechua como lengua oficial. Y no es así. La lengua de los primeros incas fue el aimara. Lógicamente el nombre de la capital tenía que ser en aimara.

PP: De allí tanta confusión.

C-P: Nos explicamos por qué se ha fantaseado tanto con su significado. Era inexistente en quechua. Forzando las cosas, se ha tratado de explicar el sentido por el quechua y eso nos ha proporcionado tantos disparates.

PP: ¿Hay una dimensión política en todo esto?

C-P: ¡Ideológica además! En principio, los lingüistas aceptamos que no hay nada inocente en lingüística. Todo está teñido de ideología. Incluso la ortografía y las letras. Las letras son banderas por las cuales se milita. Lo podemos ver con los vascos y los catalanes. Un catalán nunca va a escribir una <ñ> como nosotros, los vascos jamás una <ch>. Aquí no hay esa militancia, aquí hay un capricho.

PP: ¿Capricho?

C-P: Se parte de que en el principio era el quechua, allí comienzan los errores. Ahora investigo nombres de lugares y de instituciones. Si queremos indagar seriamente sobre nuestras raíces últimas, tenemos que aceptar que el aimara fue la lengua ancestral.

PP: Esto no va a hacer muy felices a los amigos cuzqueños

C-P: Dirán que les damos razón a los bolivianos. Pero a los bolivianos les molestará que les digamos que el aimara tiene una procedencia centro andina y no altiplánica. Allí viene otra conmoción. Incluso el nombre viene de Aimaraes, de Apurímac.

PP: ¡Como el pisco!

C-P: Sí, sí.

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