Paulet el pionero

A principios del siglo XX el peruano Pedro Paulet (1874-1945) abrió las puertas de la que sería la llegada del hombre a la Luna en 1969. El autor de esta nota, quien prepara una película sobre Paulet, es un acucioso investigador de la vida y los inventos de quien es considerado un pionero de la astronáutica y la era espacial.

A principios del siglo XX el peruano Pedro Paulet (1874-1945) abrió las puertas de la que sería la llegada del hombre a la Luna en 1969. El autor de esta nota, quien prepara una película sobre Paulet, es un acucioso investigador de la vida y los inventos de quien es considerado un pionero de la astronáutica y la era espacial.

Por: Álvaro Mejía

Fantasía y ciencia. El niño Paulet lanzaba ratones en cohetes caseros. Julio Verne inspiró su sueño de llegar a la Luna. Y él experimentaba con el rigor lógico y la precisión matemática que, decía Víctor Andrés Belaúnde, primaban en el colegio donde ambos estudiaron.

Por su origen humilde, casi no fue a la universidad. El Rector de la Universidad San Agustín, Dr. Rodrigo Bedoya, sabía sus dotes de genio y pidió al jurado que le tomaran un examen, el cual aprobó entre aplausos. Luego el gobierno de Remigio Morales Bermúdez supo de él y lo becó para estudiar Ingeniería y Arquitectura en La Sorbona, en Francia. A fines del siglo XIX, inventó allí el motor a reacción de combustible líquido. Y a inicios del siglo XX, en Bélgica, diseñó una nave espacial, el Avión Torpedo. Verne aún vivía. ¿Se conocieron?

En 1903, los hermanos Wright hicieron volar un aeroplano. Paulet vino al Perú seguro de que su nave era mejor. Pero se impusieron los aviones de hélice. Él volvió a Europa en busca del ambiente propicio para su invento. No sería tan pronto.

En 1927, el norteamericano Lindbergh logró volar de New York a París en treinta y tres horas y media. El austriaco Max Valier, en su artículo "De Berlín a New York en una hora", propuso el modelo de una nave empujada por cohetes para batir ese récord. A continuación, el peruano Paulet difundió una carta en la cual aseguraba que tres décadas antes él había diseñado un avión-cohete superior y estaba buscando los fondos para fabricarlo.

Para él, su nave era mejor que la de Valier porque tenía un ala delta pivotante con varios motores-cohete en la base. Con la punta hacia arriba, despegaría verticalmente. Al girar el ala, se desplazaría en forma horizontal. De nuevo en posición vertical, el descenso sería cómodo. La de Valier, que no tenía algo así, obligaría a sus ocupantes a dar volatines al volver a la Tierra.

Pero el plato de fondo era su motor de combustible líquido. El rumano-alemán Hermann Oberth había dejado claro, en su libro "Los cohetes hacia el espacio interplanetario" (1923), que los viajes al espacio serían posibles con motores de esa clase. La carta de Paulet llegó cuando los alemanes buscaban desarrollar uno.

Hermann Oberth era el líder moral de la Sociedad para Vuelos Espaciales (Verein für Raumschiffahrt o VfR) Alemana. Valier era el hombre de la acción. Había publicado en 1925 un libro, "El Avance en el Espacio", para difundir las ideas de Oberth entre la gente común y se convirtió en un líder de opinión en la materia. Luego, dispuesto a pasar a la práctica, viajó por Alemania, dando charlas para explicar su plan: probar cohetes en autos, luego en aviones y al final en una nave espacial; además de construir un motor de combustible líquido. Valier buscaba adeptos pero sobre todo financistas. Halló uno: el fabricante de autos Opel.

Según Paulet, su motor podía funcionar durante al menos una hora. Pero los alemanes parecían escépticos. Valier y Opel empezaron con autos impulsados por cohetes de pólvora negra, o sea combustible sólido. Apenas lograron una combustión de segundos, decidieron hacer presentaciones masivas. Una de ellas, el 23 de mayo de 1928, ante dos mil asombradas personas, en un autódromo cerca de Berlín. Irónicamente, ese mismo día, Oberth defendía sus teorías ante el stablishment científico alemán.

Por entonces, Die Rakete (El Cohete), el boletín de la VfR, mencionaba brevemente a Paulet. Aquí un hecho importante: el 24 de mayo, Paulet representó al Perú en el Centenario de la Sociedad Geográfica de Berlín. ¿Estuvo un día antes en el autódromo viendo las demostraciones? ¿Se vio con los miembros de la VfR? Hay indicios para creer que sí. Como que en su informe posterior al congreso pedía traer científicos alemanes al Perú. Pero hay más.

La pasión por los vuelos espaciales crecía de la mano de Valier, que ya era un héroe popular. El cineasta Fritz Lang iba a filmar la película "La Mujer en la Luna" y pensó que sería buena publicidad lanzar el día del estreno un cohete de combustible líquido fabricado por Oberth.

Oberth no tenía habilidades de mecánico, así que la gran oportunidad era también un gran reto. Ese año salió el libro "El cohete para transporte y vuelo", donde el ruso A.B. Scherschevsky, miembro de la VfR, consagraba al peruano: "El advenimiento de la era espacial se hizo realidad con el desarrollo del motor a propulsión y de la nave espacial diseñada y construida por el peruano Pedro Paulet".

Die Rakete elogió el libro. Oberth contrató al ruso para que fabricase la cámara de combustión de su cohete. Pero éste tampoco sabía de mecánica y no lograron nada que volase. Lang rompió el contrato.

En 1929, entró a la VfR un adolescente que, por imitar a Valier, puso cohetones a su deslizador y acabó preso. Le pusieron "El joven delincuente". Se llamaba Wernher von Braun.

Pero Valier ya no creía en cohetones. En 1930, agotadas las etapas de su plan, actualizó su libro y dijo que Paulet "ha probado por primera vez -comparado con los pocos segundos de combustión de los cohetes de pólvora- que es posible, usando combustibles líquidos, construir un motor cohete que logre una combustión de horas".

Se sabe que la VfR quiso desarrollar la nave de Paulet. Él se negó al descubrir que querían hacer misiles de guerra. Esto tendría que ver con que Valier se reunió con Hitler -según el propio Führer- para pedirle financiar los misiles.

Ése fue el punto de quiebre. Valier construyó un motor de combustible líquido pero su auto no corrió muy veloz. Paulet había mantenido en secreto la fórmula del combustible. Valier sabía que era cosa de probar. En una de esas pruebas, una explosión le quitó la vida. Su asistente, Arthur Rudolph, perfeccionó el motor y en pocos años sería de los científicos que secundaron a Von Braun en el desarrollo de los odiados misiles V-2 en la Segunda Guerra Mundial.

Paulet siguió buscando que el Perú financiara su nave. Sin éxito. Murió en 1945, meses antes de que las fuerzas norteamericanas capturasen a Von Braun, Rudolph y otros, quienes después construirían para la NASA el Apolo XI, que pondría al hombre en la Luna.Valier fue enterrado con honores por todo lo que aportó a la cohetería espacial. Un cráter en la Luna lleva su nombre. Nuestro Pedro Paulet hizo mucho más.

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