Amor por las cuerdas

Una vez un fabricante de guitarras de Zárate hizo una copia tan fiel de un modelo Paul Reed Smith que decidió enviarla al mismo dueño de la fábrica original, en Estados Unidos, para ver qué pensaba. La respuesta fue una carta de felicitación por su extrema exactitud y algunos puentes y clavijas de regalo. Esta es la historia de un famoso luthier de guitarras eléctricas y sus avatares en el arte de la artesanía musical.

Por Ghiovani Hinojosa
Fotos: Franz Krajnik

Escoltado por sus damas de madera, Antonio Huamaní recibe a sus visitantes con cierta formalidad inquietante. Su taller está repleto de piezas de guitarra colgadas o arrimadas en un rincón, e iluminadas por una luz tenue que ingresa a través del techo agujereado. Basta con el primer cruce de palabras para darse cuenta de que su ceremonia inicial es solo un cobijo sutil de su timidez elevada al cuadrado frente a grabadoras de mano.

“Hay músicos que buscan una guitarra hecha a su medida. No la consiguen en el mercado. La única forma es mandándola a hacer”, señala. Y para eso está él, con su dominio pleno de los diversos tipos de madera y su celebrada minuciosidad al disponer las piezas en las guitarras eléctricas. O para lijar con tanto amor el cajón de una guitarra que no será ejecutada por él, como ahora. No importa que sus brazos se llenen de aserrín ni que lo vengan a interrumpir. Él mantiene imperturbable su nostálgica mirada ayacuchana.

Eterno melómano

Antonio recuerda sus pinitos: “Empecé copiando marcas como Gibson y Paul Reed Smith”. Durante su primera etapa como luthier se empeñó en estudiar los materiales y técnicas de construcción de las grandes marcas. Así, por ejemplo, los músicos que soñaban con colgarse una Gibson Les Paul al modo de Slash, el guitarrista de Guns and Roses, recurrían a él no solo porque lograba una gran similitud en el acabado, sino porque les ofrecía una excelente calidad sonora. Y así contribuían a mitificar el personaje.

Pero en su taller de Zárate, en medio del silencio templado que luego contrastará con el bullicio de las damas que engendra, Antonio se siente realidad: “En algún momento quise ser músico, nunca fui bueno para eso. Pero de algún modo estoy en el círculo en que quise estar como artista”. Así revela el verdadero gran motor de su vida: la música. Desde pequeño admiró los diversos géneros musicales y estuvo cerca de los hacedores de melodías. Más tarde, cuando quiso hacer la suya propia, necesitó un bajo. Y como ya conocía el arte de las maderas –estudió para ebanista y fabricaba muebles– hizo su propio instrumento.

Pero no todos pasan de necesitar un bajo a ser el mejor constructor de guitarras eléctricas y bajos del país. Hay una gran brecha que tiene que ver con la dedicación minuciosa y su melomanía estructural. Este ayacuchano de 42 años, que creció en la altura de Huamanga y vive en la capital desde los 14 años, habla poco y preciso. Sabe que su verdadero discurso está en los diapasones de madera en que incrusta los trastes metálicos de sus guitarras.

Hijo propio

El después en la vida de Antonio Huamaní lo constituye la salida al mercado de HG (Huamaní Guitars), su modelo propio. “Empezar a producir una línea propia es el proceso natural de cualquier trabajo”, explica con modestia. Y agrega que en sus guitarras “hay influencia de las marcas que copiaba, pero tienen detalles que las hacen originales. Por ejemplo, las incrustaciones de motivos peruanos, como las líneas de Nazca, en el brazo”.

Así ha desarrollado dos series: la HG Standard, un modelo básico con accesorios coreanos, y la HG Prestige, en que utiliza elementos de ferretería alemana o norteamericana y mezcla hasta cuatro tipos de maderas. Pero, sin duda, la gran ventaja de sus guitarras es que están hechas a mano con la nobleza y calma del artesano. Esto implica que no tiene damas prefabricadas, sino que las hace a la medida de cada músico, invirtiendo mucho tiempo en comprender cada particularidad de ejecución. Es la antítesis de la fabricación en serie.

Y por ello bandas como Gaia, Reset, Zen o Leuzemia lucen en el escenario algunas de sus damas. Pero su lista de clientes es más larga: Gian Marco Zignago, William Luna, Aguamarina, Agustín Rojas, Ernesto Hermoza y Manuelcha Prado son solo algunos. Tal vez esta diversidad de artistas y géneros es la que motiva su versatilidad y objetividad para fabricar guitarras. En esa línea, hace tres años empezó a construir acústicas, y cuenta que le ha ido muy bien.

“En la actualidad estamos haciendo más acústicas que eléctricas”. La demanda del folclore peruano es determinante en su producción como luthier. Pero sobre todo prima su pasión indiferenciada por la música, que lo lleva también a incursionar en la fabricación de charangos. De cualquier modo, se enorgullece de anunciar su proyecto a mediano plazo “pensando más hacia fuera”. Quiere impulsar la exportación de sus guitarras. Han salido ya de su regazo varias acústicas, aunque recuerda con especial cariño las tres que un amigo le ayudó a vender en Portugal y ahora suenan en quién sabe qué escenarios europeos.

Su palabra es tan precisa que, por momentos, Antonio Huamaní parece impenetrable. Pero, en realidad, su verbo es redundante. Su amor tiene curva de mujer, un diapasón largo y olor a aserrín. Cuando la entrevista pierde tensión, se pone como un niño al contar un proyecto: “Ya tengo conversados los músicos y todo para un proyecto en que seré productor musical. Es una de esas locuras que se vienen a la mente y las quieres hacer”. Son el luthier y su pasión irremediable por la música. Al despedirse, cuenta que el próximo año piensa abrir un taller para enseñar el arte a neófitos o viejos artesanos que quieran perfeccionar su técnica.
“A algunos de ellos no les entra en la cabeza cómo su competencia les puede ayudar”. Antonio Huamaní se queda en su morada con su nobleza y palabra corta. Lo que tenga que decir lo expresará en el molde de guitarra que dejó a medio lijar y que luego tomará forma de dama musical.

Cuando empecé a hacer un disco experimental, buscaba una guitarra melodiosa, que emule la voz de una persona. Y es como si mi Huamaní cantara, es cómoda y resistente. En casi todos los conciertos en que toco, encuentro una guitarra hecha por Antonio”.

Walter Peche
Guitarrista de Leuzemia


Gracias a Dios existe alguien como Antonio Huamaní que construye las guitarras a la comodidad del músico. Muchas tardes me he quedado en su taller, donde se sentó a escucharme y pedirme detalles minuciosamente”.

Ernesto Hermoza
Guitarrista flamenco

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