Un nuevo paso

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16 05 2015 | 18:30h

Gustavo Gutiérrez en la XX Asamblea General de Cáritas Internacional en Roma.

Nuestro compatriota el sacerdote Gustavo Gutiérrez, fundador de la Teología de la Liberación, fue esta semana uno de los protagonistas de la XX Asamblea General de Cáritas Internacional reunida en Roma. Ante los 300 delegados de la Asamblea inaugurada por el papa Francisco, Gutiérrez brindó una conferencia titulada “Iglesia para los pobres” en la que repasó los orígenes y las vicisitudes de su reflexión cristiana.
Antes, el 8 de mayo, el diario oficial del Vaticano L’Osservatore Romano publicó un artículo de Gutiérrez sobre la relación entre su teología y la pobreza. En él sostiene que en un sentido sociológico, los pobres no son aceptados como personas en nuestra sociedad, son invisibles y no tienen derechos, en tanto que su dignidad no es reconocida. Agrega que existen dos formas para interpretar la pobreza. La primera, la sensibilidad de Jesús hacia los pobres y su sufrimiento; y la segunda, referida a que Cristo vivió en la pobreza y que sus discípulos también lo hicieron.
Este es un paso más en la reivindicación oficial de la Teología de la Liberación. En setiembre del año 2013, Gutiérrez fue recibido en audiencia por el papa Francisco cuando la presentación en Roma de su libro “De parte de los pobres, Teología de la Liberación, teología de la Iglesia” que hace casi una década escribió con el actual prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, el alemán Gerhard Ludwig Müller.
El mismo Gutiérrez ha negado en sus declaraciones recientes que estos gestos impliquen una rehabilitación debido a que –sostiene– solo podría haber rehabilitación después de una des-habilitación. Ha reconocido sin embargo que el tratamiento de la teología en la Iglesia es ahora diferente, en la medida en que se procura más la práctica que el debate interno sobre el carácter y la opción de la fe. Al ser preguntado por este nuevo momento, Gutiérrez ha señalado que lo importante no es la teología, sino el Evangelio, que es preciso vivir la fe, practicarla con obras como enseña el Evangelio, el mismo que no ordena hacer teología sino discípulos.
Estos movimientos de acercamiento de corrientes de pensamiento operan como un esfuerzo para abrir la fe y la práctica del catolicismo, en un sentido contrario a la pretensión de cerrarlas en la que otros aún se esmeran. En el caso de América Latina, esta corriente tiene un hito en la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano celebrada en Aparecida (Brasil) el año 2007, en la que el entonces cardenal Jorge Bergoglio jugó un papel activo y optimista, lejos de los sectores inmovilistas. Una de las conclusiones de este cónclave fue que la Iglesia está llamada a repensar profundamente y relanzar con fidelidad y audacia su misión en las nuevas circunstancias latinoamericanas y mundiales.
No deja de ser una buena noticia para la iglesia peruana y sus millones de creyentes que una reflexión convocante y profunda nacida de una fe afirmada en los problemas peruanos, que son también del mundo, y que traspasó nuestras fronteras, sobreviviera a más de 30 años de críticas y descalificaciones.

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