02 de Diciembre de 2015 | 9:14 h

Huayllay: pachamanca en un bosque de piedras

La familia Cristóbal Zevallos prepara pachamanca de tres sabores para los viajeros que visitan el Santuario Nacional de Huayllay (Pasco).

Sabrosa pachamanca en Huayllay. Foto: Ángel Chávez

Sabrosa pachamanca en Huayllay. Foto: Ángel Chávez.

De la tierra emerge la pachamanca y su sabroso aroma. Foto: Ángel Chávez

De la tierra emerge la pachamanca y su sabroso aroma. Foto: Ángel Chávez.

Luis Pérez / Revista Rumbos

Mismo Speedy Gonzáles, un pollito se escabulle en el campo. Acelera. Salta sobre pequeñas rocas y se oculta entre los borregos. “No te haré nada Pío, ven”, asegura y se carcajea el pícaro Alvarito, quien, lentamente, se acerca hacia los borregos y atrapa al incauto. “Te encontré Pío”, dice, mientras lo estruja y sacude.

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“Déjalo tranquilo”, ordena Alcibiades Cristóbal. Alvarito escucha a su abuelo. Abraza a su Pío –que está algo desorientado– y sonríe. Continúa jugando, pues con él no es. Segundos después, libera a Pío. Un aroma familiar lo apetece. Piensa. Parece saber de qué se trata, pero no dice ni pío. Solo observa a su abuelo.

Y es que don Alcibiades, pala en mano, retira la tierra oscura, el plástico, el ichu y las piedras calientes que reposan sobre un espléndido legado culinario de los Andes. Sí, es la pachamanca. Su aroma invade todos los rincones del bosque de piedras de Huayllay, ubicado en la provincia y la región Pasco.

De pronto, los primeros insumos salen a la luz. Todos, boquiabiertos, observan. Inmediatamente, Elva Zevallos, esposa de don Alcibiades, dice: hay que retirar las habas y las humitas. Entonces, no les queda otra que ayudar. Y más cuando se busca, de una buena vez, apresurar todo y tener la pachamanca sobre la mesa.

Tres sabores

Una cachanga, recién frita, es precisa para engañar ligeramente al estómago. “Bueno, que son dos”, señalan los viajeros. Ahora sí, la tercera es la vencida –creen–. Y es la verdad, porque la cuarta cachanga se queda en espera ya que doña Elva, entre risas, aparece con los dos primeros platos de pachamanca.

Ya están en la mesa, a vista -y no a paciencia de los comensales-, quienes sin esperar la orden de partida, dan rienda suelta a sus paladares que estallan de fiesta al saborear la papa, el camote, el choclo, las habas y las humitas. Pero, más aún cuando llega el momento de probar los tres sabores de la pachamanca con que sorprende doña Elva.

“Son tres tipos de carnes: alpaca, cordero y pollo”, explica la dama de la cocina. “Coman las carnes con mi ajicito. Tiene queso”, agrega. ‘¡Uy, no, esto está como cañón! ¡Más qué bueno! ¡Increíble!’, la ovacionan los aventureros satisfechos.

Minutos más tarde, reaparece Alvarito sin su atemorizado compañero. ¿Ya comieron?, pregunta. “Estuvo muy bueno el Pío”, retruca en son de broma uno de los viajeros. Alvarito se enoja. Sale de la habitación en busca de su pollito. Lo encuentra. Vuelve y, como si se tratase de un trofeo, pasea a su Pío asegurando que nadie lo toca.

¡Adiós pio!

A decir verdad, una hora después, Pío desaparece mágicamente. Nadie sabe de su paradero. Ni Alvarito que está entretenido jugando con su triciclo. Pero por ahí, se sirve un buen caldo de pollo.

El dato

El matrimonio Cristóbal Zevallos ofrece desayunos y almuerzos a precios económicos. Muy cerca de su casa, han construido un albergue para quienes deseen pasar la noche en el Santuario Nacional de Huayllay.

Contacto: cristobalhuayllay@hotmail.com , T.  964 829485.

En Rumbo

La ruta: Lima-Cerro de Pasco-Huayllay-Canchacucho por la Carretera Central. Tiempo: 13 horas. Desde Huayllay se toman taxis o colectivos hasta Canchacucho.

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