17 de Diciembre de 2015 | 9:00 h

Navidad 2015: El retablo de Ruraq Maki

Una crónica sobre la feria de arte popular y tradicional peruano organizada en Lima por el Ministerio de Cultura.

Retablos, uno de las expresiones artesanales más bellas del país. Foto: Astrid Herrera

Retablos, uno de las expresiones artesanales más bellas del país. Foto: Astrid Herrera.

Luis Pérez / Revista Rumbos

Alfredo López, nieto del legendario imaginero ayacuchano Joaquín López Antay, termina de pintar las imágenes que escenifican un nacimiento andino que está en la parte superior (hanan pacha) de un pintoresco retablo. En la parte inferior (uran pacha) todavía no hay nada. Solo resalta el verde fosforescente con que está pintado.

 

La escena pordría ser la misma que vivió su abuelo en 1941, cuando Alicia Bustamante lo buscó en su taller y, luego de unas consultas, le sugirió plasmar en el cajón de San Marcos, una escena basada en la cárcel de Huancavelica. De pronto a Alfredo le preguntan: ¿y qué motivo pondrá ahí?, ¿alguna herranza?

“Tranquilos, tiempo al tiempo”, responde.


Entre cruces y retablos, Alfredo mantiene el arte de su abuelo Joaquín López Antay. Foto: Astrid Herrera

“Si el maestro Flores lo dice, es por algo”, garantiza Soledad Mujica, directora de Patrimonio Inmaterial del Ministerio de Cultura. Ella tiene razón. No hay que desesperarse por más que existan sorpresas en cada paso que se da en la feria Ruraq Maki (Hecho a Mano). Sí, todo un Perú de artesanía popular bajo un mismo techo.

En eso, un giro a la derecha y, por más que se advierte que hay que guardar la calma, las miradas atónitas recaen en la risueña Rosa Agapito, quien ha llegado desde la comunidad de Tambogán (Churubamba, Huánuco). Ni se sonroja ni se echa para atrás. Ella tiene vergüenza que la observen mientras trabaja.


Nacimiento andino en Ruraq Maki. Foto: Astrid Herrera

Todo nace del suelo

Ella suelta los hilos de lana de oveja teñidos con tintes naturales. Quiere bordar un manta de algodón, pero no tiene la estaca que la ayuda a extender el hilo para que no se enrede. Entonces, no le queda otra que utilizar el pie. Todos aplauden su ingenio. Todos admiran la técnica que le permite adornar el telar con figuras geométricas.

Pero no es la única huanuqueña. Hay otra artesana. Ella es la directora de la Asociación Pucuhuayta y ha traído muchas vasijas utilitarias para cocina y mesa: teteras, ollas, platos, tazas, jarras y porongos. Y todo eso nace del suelo arcilloso que es transformado por las manos de las mujeres del Centro Poblado Huarguish del distrito de Quisqui.

Una tradición alfarera de abuelas, hijas y nietas. Así lo dejaron establecidos sus ancestros. Y eso lo tiene bien en claro María Torres. “Lo aprendido hay que compartirlo. Es la única manera que lo heredado de la cultura Kotosh, se mantenga vivo”, resalta entre la sonrisa inevitable que tiene al saber que la cerámica de su pueblo, ha sido declarada Patrimonio Cultural de la Nación.

Es más que seguro que habrá fiesta en Huarguish, mientras por aquí, en silencio, Alfredo trabaja la escenificación de la parte inferior de su retablo que todo el público quiere ver concluido. Mientras Rosa, de tanto bordar, se ha quedado dormida y María –no la de Huánuco, está es del Callao–, pinta un angelito negro ha pedido de la canción de Pedro Infante.


La piedra de Huamanga es un elemento clásido de la artesanía de Ayacucho. Foto: Astrid Herrera

Buscamos la visibilización de la comunidad afroperuana a través de la artesanía”, pincel en mano, revela María Gallardo, presidenta de la Red de Mujeres Afroartesanas. Detiene un momento su arte para mostrar muñecas, futbolistas y cocineras. Hay la anticuchera, la tamalera y la picaronera. Ojo, no hay la gatera.

De pronto se escucha a Alfredo decir: al fin he concluido. Todos se acercan,  excepto Rosa que duerme, entre hilos y mantas. Pero, por ahora, las miradas no se fijan en ella, sino en ese misterio que todos querían resolver: ¿y qué motivo pondrá ahí?, ¿alguna herranza?

El retablo abre sus puertas. Cruces, nacimientos, candelabros, máscaras, sarcófagos, piedras y maderas talladas, Manuelitos, arte textil, panes, chullos, ponchos, sombreros, vasijas, trabajos en totora y platería, prendas de vestir… más y mucho más, se observan en la parte inferior.


Retablo concluido. La expectativa se satisface en la feria artesanal. Foto: Astrid Herrera

No, no es un sueño de Rosa, es la pura realidad. No hay duda que la imaginación de Alfredo es un arte. Ha trasladado lo visto y apreciado por todos a un solo lugar. Sí, como una escenificación del trabajo de las más de 100 colectividades de artesanos de Ruraq Maki.

Ah, pero Rosa si sale bordando por si acaso. Y Alfredo no se olvidó de los angelitos negros.

                                                                                               

El dato

Ruraq Maki se organizó por primera vez en el 2007, con el objetivo de rescatar y difundir el arte popular tradicional de las distintas líneas artesanales del país.

 

En Rumbo

Lugar: Ministerio de Cultura, avenida Javier Prado Este 2465, San Borja, Lima.

Horario: 10:00 a.m. a 7:00 p.m.

El cierre: Domingo 20 de diciembre

Costo: Ingreso libre

Síguenos en Facebook