Así suenan las montañas

Bipul Kumar Ray, músico indio que toca un instrumento de 100 cuerdas para purificar su alma, será uno de los platos fuertes de la segunda edición del 
Festival Internacional de Música de Alturas, que arranca el viernes 11. 

5 Mar 2016 | 23:30 h

Cada vez que Bipul Kumar Ray (32) sacude dos varillas de madera contra las 140 cuerdas de su santur (los tradicionales tienen 100 cuerdas) se conecta con el Supremo Brahma, creador de los dioses y el universo. Son estas armonías suaves y dulces las que alimentan su espíritu y lo transportan a un estado  único de meditación.
 
En Dhaidhan, Bihar, una de las zonas más pobres, y con menor industria de la India, Bipul empezó a concebir a la música como una dualidad indesligable del alma. 
 
Pandit Bhajan Sopori (68), su maestro, fue  trascendental para hacer posible  ese descubrimiento. Sopori nació en el valle de Cachemira, la cuna del santur y, a diferencia de su discípulo, fue bendecido con una herencia poderosa: seis generaciones dedicadas  a defender el instrumento.   
 
Con 18 años cumplidos, Bipul fue acogido por Sopori. Las lecciones fueron todas en casa de su mentor, en sesiones larguísimas de ocho o diez horas. El reto mayor: dominar el Raga, un esquema melódico y a la vez proclive a la improvisación, basado en notas musicales relacionadas a distintos colores que hacen referencia  a naturalezas específicas, como el amor, el agua, la Luna.  
 
Luego vendrían los cartones: maestría en Música vocal clásica y doctorado en Santur.  Pero lo principal, el germen de la música, estaba inoculado. 
 

El mundo, lugar mejor

Liana Cisneros se encuentra en una etapa dichosa: entregada a la difusión cultural, específicamente a la organización del segundo Festival Internacional de Música de Alturas (FIMA), del 11 al 13 de marzo, en el Parque de la Exposición. 
 
Cuando retornó de Suiza, en el 2012, Cisneros, comunicadora social de profesión, se estampó con una realidad: el peruano monotemático, pecho henchido por el cebiche y los anticuchos. ¿Por qué no despertar el mismo fanatismo en los oídos, con música andina, propia y foránea? Así se creó el FIMA. 
 
Una lluvia de talentos nacionales e internacionales. Argentina, Austria, Italia, Suiza, España, Chile, Colombia y, claro, la India. En la primera edición, en el 2014 –recuerda Cisneros– nos visitó una delegación de artistas indios con un instrumento que causó sensación: el rubab, una especie de laúd, fabricado con morera, cuero de animal e intestinos.
 
Ninguno de ellos hablaba inglés, y menos español. Aun así, terminaron haciendo buenas migas con los demás participantes, en especial con los alemanes. Todo gracias al lenguaje universal de la música.
 
“El festival no es un evento, sino un viaje vivencial, un encuentro de culturas, unidas por una misma pasión”, sostiene Cisneros. Esta vez los focos se los robará el Santur, sin duda alguna. 
 
Aunque en el Perú  es  desconocido y ciertamente misterioso, el santur posee una versión adaptada a ciertos países con ligeras variaciones, bajo otras denominaciones. Por ejemplo: salterio (Brasil), cimbole (Letonia), cimbalom (Hungría), por citar algunos.
 
  Comunicarse con Bipul Kumar Ray es complicado por decir lo menos. Antes de pisar la capital para su presentación el sábado 12, junto al argentino Tomás Lipán y el español Kepa Junkera (Grammy Latino al Mejor Álbum Folk 2004), tendrá un breve paso por Holanda. Nos responde antes de subir al avión, ahorrándose detalles y comiéndose palabras.
 
“El mundo se puede convertir en un mejor lugar para vivir a partir de la música, lejos de la envidia y el engaño. Con ella, limpio mi alma”.
 
Bipul Kumar Ray fundó en el 2014 la Sociedad de Raganjali Academia de Música Delhi con la finalidad de promover la música y otras formas de arte, que podrían tener impacto terapéutico. 
 
“El estrés, el insomnio y la depresión tienen cura. Y la música es un camino de alivio para ello”, señala Bipul, quien se encuentra, precisamente, en una investigacion al respecto. 
 
Además del santur, en el festival resonará el imponente clarín cajamarquino, similar a la corneta y con una longitud de cuatro metros, a cargo del grupo Serranova.
 
“Es preciso darle rostro a nuestras montañas. Estos excelentes artistas lo logran”,  indica Cisneros. Que así sea. (R.G) 

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