El duelo de los titanes del ritmo

Hace poco más de una semana, un viral nos infló de orgullo: tres danzantes de tijeras batiéndose con b-boys en una arena de break dance. Aquí la historia de una costumbre tan viva como ancestral. 

8 Nov 2015 | 10:38 h

Tres veces lanzó el maíz el Rey Chicchi Para (lluvia finita de los Andes) sobre la manta. Cogió las piedras llampu, blancas, pequeñas y arenosas, y las rascó con su uña filuda. El polvo fue esparciéndose sobre los granos hasta cobrar forma.
 
 
En la primera se inclinaron hacia la derecha, en la segunda  formaron una espiral, y en la  tercera una hilera ligeramente torcida, como una culebra bebé. De acuerdo a las enseñanzas de su abuelo, la desviación hacia la derecha significa éxito y dicha; la espiral, impacto y atención; y la fila, que muchos viajes se avecinan. Todas buenas noticias. 
 
Aquel jueves, a la medianoche, en su casa, en las alturas de Huaycán, un día antes del Red Bull BC One 2015 –competencia que fue vista vía streaming por poco más de 40 mil personas en todo el mundo–, el Rey Chicchi Para ya conocía la suerte de sus muchachos. Los granos de maíz, técnica ancestral para leer el destino, así lo habían decidido. Los apus los bendecían. 

Viral filudo 

Un video, en estos tiempos, es un arma poderosa de bajo costo. Destruye honras (como los videos íntimos), pero también las construye. Pasada la medianoche del viernes 30 de octubre, un video, de apenas tres minutos, grabado por un celular, desde una tribuna, movido y algo pixelado, subido por un aficionado, inició el estallido.
 
Allí se ve a tres b-boys (bailarines de break dance) sobre la arena del coliseo Miguel Grau del Callao, haciendo piruetas. Vistoso, ciertamente, pero no impresionante. Lo impresionante eran sus rivales: tres danzaqs, cubiertos de pecheras, chalecos y waras multicolores, que a cada flare respondían con mortales en los que caían de pecho o se elevaban, cerca de dos metros, con la fuerza de sus espaldas. Y con tijeras de 25 centímetros en ambas manos. 
 
Las palmas más fuertes y los gritos más escandalosos fueron para los danzantes. Los titulares, en diarios y páginas web, aparecieron oportunos, rimbombantes. Marca Perú, siempre atenta, le estampó su sello. Y muchos recordaron que el orgullo no solo es un viaje voraz y autómata del plato a la boca. Que también va de los ojos a la conciencia. 
 
El video, hasta este viernes, una semana después, fue compartido 28 mil 292 veces, recibió 8 mil 930 likes y fue reproducido 725 mil veces. ¿Quiénes eran estos chicos que habían derrotado, en su cancha y ante su gente, a los b-boys, apoderándose de la fiesta? 
 

Mostrarse al mundo

“Yo no le conté a nadie. Solo a mi familia y eso. No pensé que lo fuera a ver todo el mundo”, me dice Rey León (18), con la voz bajita, con cierto pudor. Es jueves, por la tarde, en el cerro San Cristóbal, el apu del valle del Rímac. Uno de los poquísimos lugares desde donde Lima puede ser contemplada en su gris más absoluto. 

Aquí hemos reunido a Rey León (Willy León; 18), Meteoro (Antonio Corichaga; 23), Rey Chicchi Para (Ángel Cataño; 45), y a Piedrita (Anthony Gravello; 24), Sinta Soul (Leandro Sifuentes; 21), los únicos representantes peruanos que quedaron entre los 16 finalistas del Red Bull BC One Latinoamérica, torneo que se realiza desde el 2004 y premia al b-boy más capo y arriesgado. Perú fue escogido como sede por primera vez. Y como tal, había que impactar. La producción del evento la tuvo clara: salir del molde. 
 
Rey Chicchi Para, fundador y director de la asociación cultural Yawar Chicchi, titubeó cuando le comunicaron el reto. En realidad, una exhibición en el intermedio de la gran final. Los danzantes de tijeras, considerados alguna vez como hijos del diablo por su tolerancia al dolor, provienen de Huancavelica, Ayacucho, Junín y Apurímac, la serranía peruana, y fueron durante muchos años guardianes celosos de su arte. Lo exhibían en festivales locales, no para lucirse sino para rendirle culto a los apus, como la Pachamama (Madre tierra), y la Yacumama (Madre del agua).
 
Tras un tiempo de reflexión, Rey Chicchi Para aceptó. “Hay que mostrarnos. El mundo cambia, se globaliza y es hora de que nos conozcan”, comenta  este maestro que heredó el nombre ancestral de su padre y que en enero de 2012 participó en The Chosen, el reality de talentos 'gringo' conducido por los entonces esposos Jennifer López y Marc Anthony. 
 
Rey León, Meteoro y Satán  Pikichaki (Boris Zambrano) fueron los elegidos de un grupo de doce danzantes. Durante tres meses, dos veces por semana, en el Parque de los anillos en Ate Vitarte, ensayaron las coreografías junto a sus rivales, Curohuk, Woody y Jahs, b-boys experimentados y finalistas en el último Cypher (campeonato local). 
 
Sin embargo, los ensayos no solían ser tan deslumbrantes. Las movidas eran hasta previsibles. “Nadie quería mostrar sus pasos más fuertes. Eso lo guardábamos y lo practicábamos aparte”, cuenta Meteoro, natural de Acoria, uno de los distritos más grandes de Huancavelica.
 
El jueves, Red Bull colgó el video completo de ocho minutos, y pudo notarse como la extrema confianza de los b-boys fue desmoronándose ante cada movimiento de los danzantes, con un fondo musical en el que Dj Prax combinó beats empiladores y frenéticos con las suaves armonías de las arpas y el violín. 
 
“Mi flip con el poto los loqueó. Es como un resorte”, anota Meteoro, con una risa incontenible. “Yo me tiraba mortales para adelante y hacia atrás y caía de pecho. No sabían qué más hacer”, agrega Rey León, oriundo de Congalla, Huancavelica, provincia de Angaraes.  
 
No solo eso. En algún momento y por breves segundos, Rey León se quedó con los pies suspendidos, sosteniendo toda su humanidad con su cabeza. Fue el knock out. ¿Como lo hiciste?, le pregunto. “Son años de experiencia”, responde el Rey, satisfecho de sus 18 años, y sin darme mayores luces. Secretos no revelados, cuidadosamente ocultos. 

Diferencia espiritual

“Nos faltó creatividad”, reconoce Piedrita, uno de nuestros mayores exponentes en break dance. Piedrita (apodo en honor a su época de cirquero) se encontraba en el backstage, junto a los demás participantes, cuando los danzantes irrumpieron en escena.
 
Le habían dateado que estarían presentes, pero no sabía nada acerca del show. Sintió el corrientazo de emoción junto a brasileños, colombianos y mexicanos, y supo, ahora sí, de lo que eran capaces. “Nuestras danzas se están perdiendo y nadie lo reconoce. Nadie les para balón como a nosotros. Que este duelo no solo se quede en moda”, dice.
 
Para el ayacuchano Rómulo Huamaní (55), Qori Sisicha (Hormiguita de oro), una de las leyendas de esta tradición milenaria, con 43 años de trabajo artístico, “es muy saludable que las costumbres bajen de las montañas y salgan al mundo”. Incluso, afirma que si los danzantes se lo hubieran propuesto, habría sido una pateadura. “Podemos caminar en puntas de pie, tragar sapos vivos, introducirnos alambres en la boca o clavarnos espadas en la lengua. Bailamos con el peso de las tijeras, además”.
 
Antes de descender del cerro San Cristóbal, Meteoro y Rey León me cuentan que la noche anterior al duelo, antes del amanecer, hicieron ofrendas, a solas, en Puruchuco y Pamplona. Coca, kiwicha, caña, ruda y azúcar blanca. Todo para los apus. Ahí la diferencia. 

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