“A Norka no la vas a buscar para un vestido sencillito”

13 Dic 2013 | 20:00 h

– Tú prácticamente naciste con una aguja en la mano...

– La afición mía fue desde muy pequeña.

Todo el mundo te dice: yo les hacía las ropas a mis muñecas. En mi caso, aparte de las muñecas, me hacíami propia ropa, porque había aprendido en la academia de mi madre.

– ¿Te acuerdas cuál fue el primer vestido que vendiste?

– No lo recuerdo ¡De eso hace más de 50 años! Pero se fue dando. ¡Oye, qué linda tu blusa! Véndemela y luego te haces otra. De repente, empezaron a decirme: hazme uno o hazme otro. Fue natural, nada pensado.

– ¿Cuándo te diste cuenta de que ya eras una diseñadora?

– Cuando me di cuenta ya había ambientado un lugar en una gran casona que tenía mi madre en la plaza Bolognesi, ya había puesto un espacio para colgar la ropa, para el vestidor, porque la gente ya me buscaba mucho más.

– ¿Qué caracteriza tu marca, lo clásico?

– Yo no diría clásico. Son vestidos que tienen más elaboración. A Norka no la vas a buscar tanto para un vestido sencillito. Existen personas que lo hacen, pero son un 5%. La mayoría me va a buscar porque, de repente, le vamos a hacer un drapeado, unos bordados o unos godets. Mi estilo no está concebido para cosas sencillas.

– ¿Qué significó en tu carrera el encuentro, en los 80, con la naciente animadora de televisión Gisela Valcárcel?

– Yo tendría ya unos diez, doce años en el mercado, y se presentaron el productor Guillermo Guille y Gisela en la boutique que tenía en Camino Real y me dijeron para vestirla. Desde ese entonces hasta la fecha no nos hemos separado.

Ella me lo dijo hace poco: Norka, ¡este es un matrimonio que ha durado 26 años!

– ¡Es la relación más larga de Gisela!

– Y yo le dije: sí, pues, pero ni siquiera lo dices. Y ella me dijo: lo digo lo medido, porque todos mis matrimonios que han sido publicitados no han durado, así que no quiero que pase eso mismo contigo. ¡No quiero divorcios! (Risas).

– Gisela se ha mantenido leal a tu estilo, aunque ahora podría vestir inclusive diseñadores de afuera...

– Y ella me lo dice, y no tengo por a buscar otra persona que me haga las cosas! Yo sé que en este momento hay muy buenos talentos, pero hay detalles que no todos conocen de ella.

– ¿Nadie la conoce como tú…?

– De vez en cuando, digamos, de 36 a 40 tenidas al año, tal vez se pone dos o tres cosas que, de repente, se compró fuera o se mandó a hacer con alguien, no lo sé. Así es, pero seguimos adelante.

– Recuerdo que al principio a Gisela la criticaban por usar brillos al mediodía...

– Pero no era así. Eso es algo que le pusieron como una chapa… Habrá habido, de repente, un aniversario o algo que estaba festejando. Entonces sí había que ponerle alguna cosita que fuera diferente a todos los días.

– Aparte de Gisela, ¿hay otros personajes de la televisión que has vestido?

– Laura Bozzo se vistió dos años conmigo. ¡Yo vestía, en el mismo horario, una y treinta de la tarde, a diario, a dos personajes de la televisión!

– ¿Y Gisela no se resintió contigo?

– Me dijo: no, me tienes que vestir a mí sola. Por otro lado, Laura: me tienes que vestir a mí sola. Yo les dije: si ustedes quieren que las vista, me aceptan vestir a las dos, porque yo me he comprometido con los dos canales. Pero se cuidaban mucho ambas de que no haya nada, absolutamente, repetido o parecido.

– En alguna entrevista decías que había clientas tuyas que te decían: yo quiero un vestido a lo Gisela.

– Ven a Gisela y, efectivamente, se ve tal trabajo, que sirve como referencia.

Me dicen: me encantó la parte de arriba de Gisela, porque le marca muy bonito o qué se yo, hazme algo así... Entonces, lo adecuamos al cliente de acuerdo a su estructura física. A veces viene una señora ya de cierta edad y cierto peso. Allí hay  que calmarlas, hablarles con mucho respeto y hacerles comprender que de repente ese modelo no es el más adecuado para ella.

– ¿Tú sigues diseñando o ya estás más en tu escuela?

– Trato de seguir viendo cosas nuevas. Si tú, en el mercado de la moda, no te mueves, no te actualizas…

Con Gisela, por ejemplo, no puedo repetir ni siquiera un modelo que hice hace diez años.

– ¡¿Tan exigente es?!

– ¡Tiene una memoria…! Me dice: ¿este vestido no es más o menos como el que lucí hace tres años?

No puedo hacerle nada repetido.

También hay veces que ella me pide algo de una revista y me dice: quiero que me traigas un vestido así. Gisela, para mí, es una cliente más. Le puedes refutar algo, pero la larga tienes que darle gusto.– Tú prácticamente naciste con una aguja en la mano...

– La afición mía fue desde muy pequeña.

Todo el mundo te dice: yo les hacía las ropas a mis muñecas. En mi caso, aparte de las muñecas, me hacíami propia ropa, porque había aprendido en la academia de mi madre.

– ¿Te acuerdas cuál fue el primer vestido que vendiste?

– No lo recuerdo ¡De eso hace más de 50 años! Pero se fue dando. ¡Oye, qué linda tu blusa! Véndemela y luego te haces otra. De repente, empezaron a decirme: hazme uno o hazme otro. Fue natural, nada pensado.

– ¿Cuándo te diste cuenta de que ya eras una diseñadora?

– Cuando me di cuenta ya había ambientado un lugar en una gran casona que tenía mi madre en la plaza Bolognesi, ya había puesto un espacio para colgar la ropa, para el vestidor, porque la gente ya me buscaba mucho más.

– ¿Qué caracteriza tu marca, lo clásico?

– Yo no diría clásico. Son vestidos que tienen más elaboración. A Norka no la vas a buscar tanto para un vestido sencillito. Existen personas que lo hacen, pero son un 5%. La mayoría me va a buscar porque, de repente, le vamos a hacer un drapeado, unos bordados o unos godets. Mi estilo no está concebido para cosas sencillas.

– ¿Qué significó en tu carrera el encuentro, en los 80, con la naciente animadora de televisión Gisela Valcárcel?

– Yo tendría ya unos diez, doce años en el mercado, y se presentaron el productor Guillermo Guille y Gisela en la boutique que tenía en Camino Real y me dijeron para vestirla. Desde ese entonces hasta la fecha no nos hemos separado.

Ella me lo dijo hace poco: Norka, ¡este es un matrimonio que ha durado 26 años!

– ¡Es la relación más larga de Gisela!

– Y yo le dije: sí, pues, pero ni siquiera lo dices. Y ella me dijo: lo digo lo medido, porque todos mis matrimonios que han sido publicitados no han durado, así que no quiero que pase eso mismo contigo. ¡No quiero divorcios! (Risas).

– Gisela se ha mantenido leal a tu estilo, aunque ahora podría vestir inclusive diseñadores de afuera...

– Y ella me lo dice, y no tengo por a buscar otra persona que me haga las cosas! Yo sé que en este momento hay muy buenos talentos, pero hay detalles que no todos conocen de ella.

– ¿Nadie la conoce como tú…?

– De vez en cuando, digamos, de 36 a 40 tenidas al año, tal vez se pone dos o tres cosas que, de repente, se compró fuera o se mandó a hacer con alguien, no lo sé. Así es, pero seguimos adelante.

– Recuerdo que al principio a Gisela la criticaban por usar brillos al mediodía...

– Pero no era así. Eso es algo que le pusieron como una chapa… Habrá habido, de repente, un aniversario o algo que estaba festejando. Entonces sí había que ponerle alguna cosita que fuera diferente a todos los días.

– Aparte de Gisela, ¿hay otros personajes de la televisión que has vestido?

– Laura Bozzo se vistió dos años conmigo. ¡Yo vestía, en el mismo horario, una y treinta de la tarde, a diario, a dos personajes de la televisión!

– ¿Y Gisela no se resintió contigo?

– Me dijo: no, me tienes que vestir a mí sola. Por otro lado, Laura: me tienes que vestir a mí sola. Yo les dije: si ustedes quieren que las vista, me aceptan vestir a las dos, porque yo me he comprometido con los dos canales. Pero se cuidaban mucho ambas de que no haya nada, absolutamente, repetido o parecido.

– En alguna entrevista decías que había clientas tuyas que te decían: yo quiero un vestido a lo Gisela.

– Ven a Gisela y, efectivamente, se ve tal trabajo, que sirve como referencia.

Me dicen: me encantó la parte de arriba de Gisela, porque le marca muy bonito o qué se yo, hazme algo así... Entonces, lo adecuamos al cliente de acuerdo a su estructura física. A veces viene una señora ya de cierta edad y cierto peso. Allí hay  que calmarlas, hablarles con mucho respeto y hacerles comprender que de repente ese modelo no es el más adecuado para ella.

– ¿Tú sigues diseñando o ya estás más en tu escuela?

– Trato de seguir viendo cosas nuevas. Si tú, en el mercado de la moda, no te mueves, no te actualizas…

Con Gisela, por ejemplo, no puedo repetir ni siquiera un modelo que hice hace diez años.

– ¡¿Tan exigente es?!

– ¡Tiene una memoria…! Me dice: ¿este vestido no es más o menos como el que lucí hace tres años?

No puedo hacerle nada repetido.

También hay veces que ella me pide algo de una revista y me dice: quiero que me traigas un vestido así. Gisela, para mí, es una cliente más. Le puedes refutar algo, pero la larga tienes que darle gusto.

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