“No quiero que el lector se sienta cómodo cuando me lee”

Diego Trelles Paz. El escritor presenta esta noche Adormecer a los felices, un libro de cuentos insuflados de humor negro y en la mayoría de ellos gravita la realidad política peruana

22 Jul 2015 | 23:30 h

Diego Trelles ha vuelto al cuento. Esta noche en la FIL presenta Adormecer a los felices (Planeta), un libro con humor negro que seguro atrapará al lector. El título es una cita de Celine y según el autor, él la concibe como que alude a aquellas personas que viven su vida “como si no se fueran a morir nunca o que cuando mueran piensan que van a revivir, que viven en las nubes, que no se hacen preguntas capitales, entonces esos son los felices que en mi novela se adormecen pero que de pronto la realidad les salta en la cara”. 
 
Bajo la historia de los cuentos está la del país, de los 90 para adelante. ¿El trasfondo es político?
 
Sí, exactamente, yo creo que lo político, la situación social de la época de la dictadura para adelante están presentes, pero oblicuamente. Dentro de los cuentos que presentan situaciones distintas de lo que ocurre en el Perú, salta, rompe la rutina de los personajes la realidad social del país, la dictadura, por ejemplo. La política, que no es el tema principal, está como atmósfera, casi por debajo de las cosas, hasta que estalla en un momento.
En tus cuentos aflora el feeling por lo estético,  la literatura.
 
Yo creo que el tema de la literatura es un tema principal en mi proyecto narrativo, no solamente la literatura como un campo de  batalla, es decir, la literatura en el Perú, específicamente como un lugar de creación y confrontación; sino que uno de los temas de los cuentos es cómo la literatura puede traer más que el bienestar, al mismo tiempo, la desgracia. Mi posición frente a la literatura como escritor es que implica mucho sacrificio, no solo económico sino en el acercamiento a la realidad, pero desde un estado de disconformidad profunda con ella. 
 
Casi todos tus personajes merodean la literatura.
 
Mis personajes vienen de distintos ambientes: tenemos a un pornógrafo, surfista, escritores, guardianes de museo, profesores universitarios, y todos ellos en algún momento, en las rutinas de sus vidas, comienzan a hacerse preguntas existenciales sobre su vida, sobre el sentido de las cosas, sobre la muerte, la necesidad de tener un dios; entonces, la mayoría llega a la literatura de una u otra forma, sea leyendo, escribiendo, llegan al arte en general. Eso produce desgracias en mis cuentos: laberintos más que certezas. Es una posición mía frente a la literatura, desde el punto de vista del creador, no necesariamente del lector, desde el punto de vista de la persona que ve que la vida puede ser difícil y que llega a leer cosas que le muestran precisamente eso, como un espejo, lo que podía ser su vida.
 
¿De ahí ese humor negro, torturado de tus persoanjes?
 
Me interesaba mucho trabajar el humor doliente, incómodo en la vida de la escena literaria peruana, ver cómo se plasma, desde la locura, desde el racismo –tema que aparece en casi en todos los cuentos–, lo que ocurre en el Perú y en el extranjero. No la literatura de denuncia, no me interesa eso, me interesa que los cuentos que yo presento lleven al lector a pensar en estas taras. Allí está el componente estético de este libro donde está la mayoría de los motivos de mi literatura.
Aquí reaparecen personajes de tus libros anteriores, “El chato”, por ejemplo. ¿Obedece a un proyecto?
 
A un proyecto que viene de autores que a mí siempre me interesaron y que me formaron  como escritor, por ejemplo, Onetti, Faulkner, incluso Vargas Llosa, que también tiene esos personajes recurrentes que aparecen y desaparecen, que cruzan. Pero al mismo tiempo tiene que ver con un acto formal, es decir, a mí me interesa el cine, y por ello, me interesan los cameos, me interesan los cuentos que nacen de guiones, por ejemplo el cuento “Intermezzo”.  A mí me preocupa mucho lo formal, pero al mismo tiempo me interesa la trama. No soy un escritor realista, mucha gente piensa que lo soy, los vamos a ver en estos cuentos en los que aparecen por momentos lo raro, lo inhóspito, la extrañeza, hay momentos de literatura fantástica que es una aproximación Cortazareana. Y todo con humor, quizás esté inspirado en dos escritores que para mí siempre han sido claves: Augusto Monterroso, podemos verlo en los cuentos donde satirizo la vida literaria peruana; el otro es Jorge Ibargüengoitia, su humor no solamente me mata de risa cuando lo leo sino que me asusta. Son mis modelos para emplear el humor porque a mí siempre me ha interesado que el lector no se sienta completamente cómodo cuando me lee.
 
Siempre opinas sobre política, ¿tú tienes una candidata?
 
Por supuesto, yo espero que Verónica Mendoza se lance. Yo creo que puede ganar y porque es  la verdadera opción de honestidad y decencia que podría tener este país, es mujer además. Es una luchadora, realmente se ha comprado todos los confictos sociales del país. Es una mujer preparada, ha estudiado, es una mujer que le teme al poder, eso es bien importante.

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