Irving Penn, en blanco y negro

homenaje. El recordado fotógrafo norteamericano de la revista Vogue hubiera cumplido cien años el pasado 16 de junio. Aquí, una breve semblanza de su vida y obra.

18 Jun 2017 | 2:00 h

Irving Penn compró su primera cámara Rolleiflex con el dinero que ganó dibujando zapatos para la revista de moda Harper’s Bazaar, en Nueva York. Cobraba cinco dólares por dibujo. Así comenzó una carrera que lo llevó a convertirse en un verdadero maestro del retrato, sobre todo en blanco y negro. Irving Penn, que también hizo retratos en el Perú, hubiera cumplido cien años el pasado 16 de junio, pues murió el 7 de octubre de 2009, en Nueva York. En esa ciudad, el Museo Metropolitano de Nueva York actualmente exhibe una muestra de este maestro que trabajó por décadas en la revista Vogue.

Si bien Penn fue un fotógrafo del glamour de la moda -estrellas del cine y la pasarela-, en su estudio no dejó de dirigir su lente a las grandes personalidades de la cultura como Pablo Picasso, Salvador Dalí, Richard Avedon, Truman Capote, Marlene Dietrich, Jean Cocteau, Colette y Alfred Hitchcock, entre otros. Pero también, cuando empezó a usar el color, fotografió bodegones, objetos y hasta colillas de cigarrillos.

PUEDES VER Muere en París fotógrafo de guerra Stanley Greene

Los críticos coinciden en que el gran estilo de Penn es el de descontextualizar al retratado, despojarlo de las referencias sociales a través de un fondo gris o blanco, de tal manera que el observador tendrá enfrente al personaje en su esencia.

El rollo de la vida

Irving Penn nació en Plainfield, Nueva Jersey, en 1917. Optó por estudiar diseño gráfico en la Escuela de Artes Industriales del Museo de Filadelfia. Allí fue alumno del fotógrafo Alexey Brodovitch, precisamente con quien después sería colega en la revista Harper’s Bazaar. Penn en realidad quiso ser dibujante y pintor, pero descubrió su pasión por la fotografía cuando compró su primera cámara, como hemos dicho, con la venta de sus dibujos.

Descontento con sus trabajos de pintura, se volcó al arte de la imagen. En 1943 ingresa a trabajar como asistente de Alexander Liberman, director artístico de la revista Vogue. Y fue Liberman quien en 1949 le pidió que se compre un traje de etiqueta y se vaya a París, a vivir el mundo del glamour, a convivir con sus personajes, a saber cómo viven, qué dicen, qué piensan. A conocerlos también por dentro.

Pero Penn también recorrió la periferia. Estuvo en Camerún, Nueva Guinea, Perú, retratando gente nativa. Cuando le criticaron estos retratos, fue directo: “La gente a la que fotografié no era primitiva. La gente primitiva vive en Nueva York”.

En 1953 creó su propio estudio. Allí recibió a la mayoría de las personalidades de la cultura. No necesitaba mayor escenografía. Los llevaba a una de las esquinas del estudio y entre dos paredes los inmortalizaba.

Te puede interesar