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Faltando cuatro semanas para la inauguración de la feria del libro, se puede afirmar que será un evento de enorme interés para los aficionados a la lectura. La visita de escritores como Richard Ford, Leonardo Padura, Juan Villoro, Laurent Binet, Jorge Edwards, Cristina Rivera Garza, Claudia Piñeiro, Héctor Abad y muchos otros de gran nivel, es muy auspiciosa. Con ellos y sus colegas peruanos, los lectores podremos asistir a presentaciones interesantes y atractivas, que permitirán conocer a los autores detrás de los libros que admiramos.

La llegada de estos escritores, mérito indudable de la Cámara del Libro, coincide con algunas muestras del crecimiento de los lectores en Lima y el Perú.Según fuentes oficiales, en el último año se han abierto ocho librerías en Lima. Han aparecido algunas marcas nuevas como Inca Books, Books and Company y otras. Y aunque hemos tenido que lamentar la desaparición del local de La Libre en Barranco, se anuncian algunos nuevos puntos. Julio Zavala, el gerente de Ibero, nos informa de la apertura de tres locales nuevos en el próximo mes. Librerías Crisol ha resurgido después de la compra por la Derrama Magisterial y también planea abrir nuevos locales. Mención aparte merecen los locales de Entre Páginas, que se han abierto en los conos de la ciudad. Lima tiene hoy cerca de cincuenta librerías, lo que sigue siendo cifra baja, pero es una mejora. En el Perú hay unos ciento cinco locales de librerías, la mayoría concentrada en ciudades de la costa.

Uno de los factores de este crecimiento es que hay un proceso de movilidad social. La clase media, la primera consumidora de libros, ha progresado durante varios años. El libro es visto como un instrumento de superación, y no solo como un objeto de ocio.

En este contexto, es estimulante también que el Ministerio de Cultura haya convocado al Premio Nacional de Literatura en las categorías de Cuento, Literatura Infantil y Juvenil, y Poesía. Este premio reconocerá los mejores libros publicados entre el primero de enero del 2015 y el 31 de diciembre del 2016. Es la primera vez en mucho tiempo que una institución oficial hará un reconocimiento de esta magnitud.

¿Cuántos lectores potenciales tenemos? Los estimados varían pero es probable que entre cien mil y doscientos cincuenta mil adultos lean al menos un libro al año. Algunas fuentes señalan que un grupo de veinte mil adultos lee con frecuencia, al menos seis libros al año. Los libros digitales van en aumento.

Estas cifras pueden ser mayores hoy. El año pasado la feria del libro recibió quinientos treinta y ocho mil visitantes, siete por ciento más que el año anterior. Este año, ante la demanda, se ha habilitado un auditorio nuevo que se llamará Laura Riesco.

En todos los años de la feria, ningún presidente peruano pisó el recinto. Rumores fuertes señalan que esta vez se romperá la tradición. Si se confirman, por fin un presidente peruano la va a inaugurar. También valdría la pena que los congresistas de FP vayan a comprar un libro de historia del Perú, lean sobre las épocas en las que el congreso torpedeaba al Ejecutivo, y entiendan el papel nefasto que vienen cumpliendo. Pero quizá es mucho pedir.

La ficción y la fantasía no son derechos sino instintos naturales. Junto con la respiración y el raciocinio, son dones que están inscritos en nuestros cuerpos. No podemos vivir ni individual ni colectivamente sin fantasear sobre nuestro presente y nuestro futuro. Pero el pasado también es un lugar de la imaginación. Incluso la historia puede ser registrada y también creada, con toda verosimilitud.

Luis Enrique Tord, amigo y escritor, que acaba de dejarnos, lo probó en su obra. Distintos personajes de la vida peruana adquirieron vida en las páginas de Sol de Soles, El Imperio en Llamas y muchas otras novelas. En su cuento Cide Hamete Benengeli, que aparecería en Espejo de Constelaciones, Tord relata la historia de Diego Gonzalvez que cuenta que conoció en la cárcel de Sevilla a un hombre manco. Su nombre era Miguel de Cervantes Saavedra. Poco después Gonzalvez -en realidad el morisco Hamete Benengeli-, lee El Quijote y encuentra que Cervantes ha usado todas sus historias para escribir su obra. En realidad, pues, Hamete es coautor de la más grande novela jamás escrita.

El cuento de Tord es muy logrado y suscitó una de las historias más curiosas. Un investigador de la Universidad de El Cairo, quien leyó el relato, vino a Lima, convencido de que Hamete Benengeli había existido y que, por lo tanto, un morisco era el autor involuntario del Quijote. Cuando Tord le dijo que Hamete era un personaje inventado, el profesor egipcio no le creyó. Estaba seguro de que ocultaba sus fuentes para sus propias investigaciones, y viajó al Cusco tratando de encontrar rastros de Hamete. Es posible que lo siga buscando hasta hoy.

Creer que los personajes de un cuento existen realmente es el mejor regalo que se le puede hacer a un escritor. La literatura busca hacer cuerpos de las palabras. Ningún estudioso de Shakespeare difunde tanto su obra como el turista que llega a Verona convencido de encontrar el balcón al pie del cual Romeo contempla a Julieta y exclama: “Oh. Quién fuera guante de esa mano para poder tocar esa mejilla”. Estas palabras le dan una existencia concreta y visceral a su cuerpo. Visitar la tumba de Romeo y Julieta es uno de los pedidos más frecuentes entre los que viajan a Italia.

Algunos turistas que llegan a Aracataca también esperan encontrar una “aldea de veinte casas de barro y caña brava, construidas a la orilla de un río de aguas diáfanas que se precipitaban por un lecho de piedras pulidas, blancas y enormes, como huevos prehistóricos”. Muchos de los amigos escritores que vienen a Lima me piden que los lleve a la Avenida Tacna pues están convencidos (y a lo mejor tienen razón) de que allí siguen los “edificios desiguales y descoloridos, esqueletos de avisos luminosos flotando en la neblina, el mediodía gris”.

Cada uno de nosotros tiene su Avenida Tacna propia. Y todos sabemos que Romeo y Julieta nunca existieron como tampoco Macondo, como tampoco el Hamete de Tord. No existen. Y sin embargo, vaya si existen. La última vez que estuve en la Avenida Tacna, uno de mis amigos extranjeros dijo que le había parecido ver asomarse de una ventana a Santiago Zavala, “sin amor”. Las grandes novelas siempre empiezan otra vez.

CARLINCATURA

Lo mejor de las Carlincaturas: Domingo 20 de agosto de 2017