La descentralización debe revisarse: para algunos es un fracaso y para otros un éxito

9 Abr 2016 | 23:30 h

Juan Carlos Soto 

Arequipa 

Cuando asumió la secretaría ejecutiva del Acuerdo Nacional en 2011 Javier Iguíñiz dijo que en el Perú había legítimas razones para el desacuerdo. Hoy piensa casi lo mismo. El consenso no es  noticia sino el disenso comenta a manera de broma antes de enrumbar a Lima después de su visita a la Ciudad Blanca invitado por el colectivo Macrosur para dar luces sobre lo que podría ser un Acuerdo Regional en Arequipa. Una suerte foro de diálogo para discutir los problemas y proyectos que hagan sostenible esta región. Llegamos tarde a la entrevista. Culpamos al endemoniado tráfico vehicular. Iguíñiz anota que las soluciones a este problema podrían desprenderse de un Acuerdo Regional. Una agenda que traspase a los gobiernos de turno sin las prisas de la coyuntura.

¿Los actores son claves en este diálogo. En el caso de Arequipa los movimientos regionales pueden incorporarse a este proceso como ocurre con el Acuerdo Nacional?

(En la reunión de Arequipa) vi una interacción de Estado con sociedad civil. Son actores fundamentales para llevar a cabo proyectos y obras que duren más de un gobierno. En nuestra experiencia del Acuerdo Nacional, cuando intentamos formar acuerdos regionales,  el brazo partidario político resulta inestable, está poco institucionalizado. Si a nivel nacional las agrupaciones tienen algunas dificultades, con movimientos regionales, se hace más difícil asegurar una participación estable de largo plazo (...) Quizá podrían participar aquellas agrupaciones con representación en los consejos regionales pero honestamente no tengo una fórmula clara.

¿Pero ese problema de desarticulación no solo se advierte en los partidos políticos, las organizaciones gremiales también están desactivadas hay una crisis de institucionalidad que petardea cualquier acuerdo?

Sin duda, las organizaciones no gubernamentales tienen dificultades, otras persisten pero la sociedad civil es más amplia, incluye empresarios y sindicatos. Cada lugar debe diseñar su fórmula de acuerdo a la institucionalidad establecida.

¿Qué experiencias pueden tomarse para fundar  un Acuerdo Regional. No sé si el Acuerdo Nacional puede convertirse en un espejo teniendo en cuenta que no aparece muy visibilizado?

 Este espacio (el Acuerdo Nacional) reflexiona de otra manera en temas que en el calor de la coyuntura se polarizan o simplifican. Se trata de proyectos de largo plazo que requieren acuerdos intergubernamentales. En el Acuerdo Nacional no somos bomberos de coyunturas conflictivas para crear paz. Esa es una tarea de comisiones de diálogo. Lo nuestro está asociado a proyectos de gran calibre u orientaciones de largo plazo en reforma del estado, educación y salud. Aunque no se quiera admitir hemos logrado cierta continuidad en políticas educativas en los tres últimos gobiernos.  Salud está en ese camino, después de aquella huelga de 50 días, los médicos pidieron hacer una mesa de trabajo para trabajar en la reforma de salud integral, no solo era discutir de sus sueldos. Y aprobamos algunos lineamientos y objetivos. También hay continuidad en la política de defensa del país.

 ¿En un país donde predomina el desacuerdo qué asuntos comunes podrían impulsar un Acuerdo Regional?

 Hay varios campos, pero poner la prioridad en los problemas  de la gente, lo social y económico. Por ejemplo, la competitividad de la región debido a su dinamismo empresarial, aspirar a convertir Arequipa en un ejemplo en la atención de salud o ser primera en educación como lo hizo Moquegua.  Otra alternativa es la reforma del Estado, esta ciudad tiene una tradición de reflexión sobre el estado nacional. Estará en la agenda del país nuevamente el tema de descentralización. Hay convicción de que este proceso debe revisarse, para algunos resulta un gran fracaso y para otros un gran triunfo. Sería un acuerdo que exige consenso entre los propios arequipeños pero pensando en alternativas para el conjunto de regiones del país.

 ¿Y es posible seguir pensando en la descentralización en un país centralizado cuyas decisiones se toman en Lima?

 Ahí necesitamos un diálogo tranquilo y no en 24 horas arrancharse competencias y atribuciones. Debe haber un proceso de evaluación serio de qué trasladar a las regiones como responsabilidad. Ese tema debe abordarse con responsabilidad porque hoy lo que predomina es la confusión. Y eso es dañino: frustra a quienes consideran  que deben implementar algo y no reciben las facilidades para eso y a quienes consideran que es mejor centralizando todo.

 ¿Y cuál es su reflexión sobre la descentralización?

Estamos en aprendizaje tanto en la capital como en las propias regiones. Hay una tradición centralista en el Perú. Pero en las capitales de región son también muy centralistas. No se trata solo de descentralizar cúpulas sino el conjunto de las sociedades a la dinámica ciudadana, democrática y de toma de decisiones, a la generación de iniciativas exitosas y fracasadas. Y eso supone instituciones y funcionarios con continuidad, universidades dedicadas de una vez por todas a estudiar sus regiones. Estas deben proveer información científica y empírica a las gestiones regionales para tomar decisiones con conocimiento de causa. De lo contrario, se hacen desmesuradas algunas iniciativas hasta convertirlas en panacea y en otros casos se las desdeña como si fuesen fantasías irrelevantes de la mentalidad de unos cuantos loquitos. Esto se suaviza si hay investigación. Arequipa tiene la potencialidad de hacer más investigación.

 ¿Las regiones gozaron de recursos gracias al canon minero y desaprovecharon la oportunidad de demostrar que sí saben usar bien ese presupuesto. Queda esa sensación?

 Eso debemos evaluarlo. No podemos basarnos en sensaciones o ejemplos estrella de que tal municipio hizo "el monumento a la hormiga". No optemos solo por la caricaturización, también se hicieron cosas importantes.  Si uno viaja por el país encuentra cambio y modernización. Ahora que hubo gastos cuestionables sin duda los hubo y cuando uno es receptor de un huaico de dinero sin una institucionalidad también hay la probabilidad de una utilización inadecuada.

 ¿Y el Acuerdo Nacional podría tener otra dinámica, quizá ser más influyente?

No sé. Algunos miembros piensan que sí. Pero quienes toman decisiones en el Perú consideran al Acuerdo Nacional, es cierto que su visibilidad es muy reducida. Largo plazos y consensos no es primera página de nada, el diálogo que se hace en el Acuerdo tiene como regla la discreción. No queremos ser noticia.

 ¿Y eso es posible con políticos?

 Por supuesto, rarísimas veces se salieron de sus cabales para arremeter contra algún contrincante. Claro el debate político tiene muchas aristas y estilos para sacar a luz las virtudes o defectos del rival pero también hace falta la cultura del acuerdo. El Acuerdo sirve. Es una parcela de esta gran chacra de lo que es la política del país. Algunos dicen que no hay proyecto de país pero yo lo veo.

“El Acuerdo Regional por Arequipa es un espacio de diálogo  que sienta sus bases para convertirse en un foro válido para debatir problemas de la región.

Es hora que las universidades se dediquen a estudiar a las regiones. Éstas deben proveer información científica para la toma de decisiones.

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