Elogio a la desnudez: Puerto Bonito, la única playa nudista del país

Domingo pasó un día de sol con sus excéntricos bañistas. La única condición fue ir desnudo como ellos. Familias y parejas se entregan al mar con la promesa de encontrar el equilibrio del cuerpo y el alma. 

14 Feb 2016 | 6:32 h

Fuera de esta línea se quedan los “textiles” o los que usan ropa, pasándola está el Paraíso.
 
 
Llegamos a Puerto Bonito al mediodía y nos recibe un cartel que –como si fuéramos a entrar a un campo minado– nos advierte: 
"Área nudista, desde este punto usted puede encontrar personas desnudas".
 
Para no llamar la atención de los bañistas, el fotógrafo guarda la cámara. A partir de aquí –nos indican– tendremos que quitarnos la ropa, decirle adiós al bikini y a la bermuda, ‘calatearnos’, aguantándonos las ganas de mirar más abajo. 
 
Aquí adentro, la ropa –eso que inventó el hombre hace miles de años para protegerse del calor y del frío– es un estorbo. Aquí imperan la piel y los vellos al natural. Hombres y mujeres caminan desnudos como adanes y evas. Estamos a punto de entrar al Paraíso y el fotógrafo y yo la pensamos un poquito.
 

El ingreso

“Si quieres entrar, tienes que vivir la experiencia”, me escribió días atrás, por el chat del Facebook, César "sin apellido",  un psicólogo arequipeño que prefiere no ser identificado para ahorrarse la molestia de dar explicaciones a quienes no conocen su lado nudista
 
César es un hombre alto y macizo que simula unos 40 años y es líder de un pequeño grupo de arequipeños que se calatea al pie del volcán Misti. Fue el único que respondió mis mensajes y el único puente que conseguí para entrar en el clan de la Asociación Nudista Naturista del Perú (Annpe). 
 
Para el gremio nudista los periodistas somos como moscas que hay espantar. Lo último que quieren  es volver a ver sus caras y sus traseros en la televisión de señal abierta: 
–Hace meses vino una reportera de un canal y dijo que no iba a sacar nuestras caras y lo hizo, no cumplió su palabra, fue una mala experiencia– me dice César, mientras subimos una cuesta de cien metros que nos llevará hasta nuestra playa, al lado más apartado del balneario. 
 
 A lo lejos aparece Puerto Bonito y la promesa de encontrar un lugar en el que todos están desnudos en armonía se hace realidad.
 
A primera vista parece una playa desierta. Está escondida entre acantilados y cerros de arena que la hacen segura y a prueba de curiosos. 
 
Esta playa, que antes se llamó Barrancadero, se convirtió en refugio nudista recién el 2004. Desde ese año, no hay domingo que no se vean calatos bañándose en el mar. 
 
Al llegar nos encontramos con una fila de casas rodantes y tiendas de campaña asentadas al pie del acantilado. No, no son los calatos que han tomado la playa y la han convertido en una colonia hippie, son los veraneantes "textiles" que poco a poco les han quitado terreno hasta arrinconarlos al fondo de la playa. Hasta ahí llego con César y el fotógrafo y esperamos a nuestro grupo nudista anfitrión.
 
Según la Federación Nudista Internacional creada en 1953, hay 111 países que practican el nudismo, entre ellos el Perú, y ya que están organizados existe un pacto ético que hay que cumplir a rajatabla. 
 
La tercera regla del nudismo dice que la participación es voluntaria, que no se debe presionar a nadie a quitarse la ropa. Pienso en esa regla, miro al fotógrafo, dudo un poco, pero ya estamos acá.
 

El Edén imperfecto

Quedarse en pelotas frente a desconocidos te deja una sensación de alivio. Primero sientes vergüenza, un poco de miedo como el miedo que debe sentir un paracaidista. Luego, cuando ves desnudarse a los otros con tanta naturalidad, cuando ves su celulitis, sus estrías, sus cicatrices y encuentras que sus cuerpos son tan imperfectos como el tuyo, sientes alivio y una especie de hermandad; la hermandad del "ya, esto es lo que hay".
 
- Estoy convencido de que el naturismo-nudismo hace mejor a las personas, al verte desnudo te autoaceptas, te vuelves más tolerante y aceptas al otro tal cual es– dice César, quien la hace larga y aún no se ha quitado la bermuda. 
 
La que da el primer paso en el grupo es Edith, una adolescente de 15 años que, como si fuera lo más común del mundo, se quita la parte baja del bikini frente a sus padres, Luis y Medalith, una pareja de cañetanos que practica el naturismo desde que eran enamorados y que han criado a sus cuatro hijas en la desnudez. No usan traje de baño para veranear, tampoco usan ropa en casa, aunque deben hacer una excepción mientras cocinan. Se ponen un mandil para protegerse.
 
En un abrir y cerrar de ojos tengo frente a mí a toda la familia desnuda. El papá, literalmente en pelotas, me da la espalda, se agacha y mientras cava un hoyo en la arena para plantar la sombrilla, me dice que el nudismo es saludable, que el cuerpo es como una planta que necesita de los rayos del sol y que no es bueno taparlo por completo.
 
A su lado, su esposa, quien solo lleva un gorrito en la cabeza y tiene un llamativo lunar en la espalda baja, infla la piscina de la pequeña Alexandra. 
 
El fotógrafo y yo dejamos de pensar en nuestra vergüenza,  dejamos nuestras toallas y echamos un vistazo al paisaje. 
 
No hay más de treinta bañistas en la arena. Una pareja madura camina por la orilla disfrutando la brisa marina. Él, las manos en la espalda, el vientre abultado, parece orgulloso. Ella va con las tetas al aire, dos puntos marrones que resaltan en su rollizo cuerpo bronceado. La seña que te identifica como nudista nivel profesional es el bronceado completo, ella lo tiene. 
 
Unos metros más allá, una pareja joven no se decide a dejar su sombrilla. Ella está tumbada boca abajo tostando las partes blancas que jamás expuso al sol. Su novio está sentado a su lado, inamovible, parece un galgo presto a saltar encima de cualquier mirón. 
 
Nadie le ha dicho que debe perder cuidado, que en Puerto Bonito no hay que preocuparse por las miradas libidinosas, que para ahuyentarlas está Daniel, el líder de la manada. 
 

La ética del calato

En esta playa la libertad está regulada. Usted puede gozar encuerado pero hay reglas que debe cumplir, si no será expulsado. 
 
En un extremo de la playa, conversando con un par de nudistas pero siempre atento a lo que pasa en el rebaño, está Daniel, un corpulento jubilado que peina canas y que es la cabeza de la directiva de la Annpe. 
 
Ni bien llegamos, Daniel se acercó como un misil a saludarnos y a preguntarnos nuestros nombres. No pierde de vista a ningún nuevo. 
 
Desde el 2007, como buen líder, viene a la playa todos los domingos. Es el único nudista de su familia, que es evangélica. Mientras ellos van al templo a ganarse el Paraíso, él toma el bus, llega a Puerto Bonito y entra en otro edén.
 
-Aclarando, dice Daniel, somos nudistas-naturistas. No somos del tipo de nudistas que lucran con su desnudez como los strippers, practicamos el nudismo como una forma de alcanzar el equilibrio físico y moral. Tampoco nos quitamos la ropa con un fin sexual como los swingers. No somos exhibicionistas, tenemos un lugar donde practicar nuestro estilo de vida. Nos hacemos llamar naturistas porque al estar desnudos logramos una conexión armoniosa con la naturaleza. Y no, no somos naturistas porque vendemos productos naturales– zanja, finalmente, el tema.
 
Más tarde me pasará por correo electrónico las 29 normas de conducta del nudista-naturista. No se puede dejar a su libre albeldrío a los 106 afiliados al grupo:
 
"Regla número 4 –dice el estatuto– No se aceptan hombres solos, promovemos la integración de familias, parejas y grupos mixtos". La asociación es muy recta con esta norma porque quiere incentivar el ingreso de más mujeres al clan, debido al alto número de miembros del sexo opuesto. 
 
"Regla 7 –continúa–: Las exhibiciones sexuales están prohibidas. Regla 9: Nunca tome fotos a escondidas, pida permiso a los bañistas. Regla 17: No venga a la playa con intenciones de ligar, flirtear o buscar pareja, ¡no moleste, un no es un no!". Quebrantar esta norma equivale a un adiós definitivo. Y así. "Regla 23: Tener una erección es natural, el presumir de ella, ¡no es aceptado! Regla 24: Está prohibido el consumo excesivo de alcohol, ver un naturista ebrio no es un espectáculo agradable".
 
Daniel es como el policía escolar de los nudistas y tiene que hacer respetar cada una de las reglas. Alguna vez tuvo que expulsar a un hombre que se acercó mucho a una bañista, otra vez hizo de mediador en el pleito de una pareja: el chico había traído a la chica con mentiras a la playa y esta, sintiéndose estafada y avergonzada, no tuvo mejor idea que darle de cachetadas. 
 
Es un poco chistoso escuchar hablar a Daniel, en pelotas, sobre el organigrama de la asociación:
 
-Tenemos un presidente, el que habla, y un tesorero... antes nos llamábamos Naturistas Perú, ahora queremos ser una asociación. Ya ingresamos la minuta a la notaría. Siendo una asociación puedes conseguir muchas cosas: una playa oficial o la concesión de un terreno, agrega y me veo desnuda  con la grabadora en la mano y también me doy risa. 
 
Puerto Bonito es una playa pública pero no es una playa nudista oficial, es decir, no está reconocida por el Estado como sucede en Brasil, que tiene ocho playas legales. Y si se trata de calatearnos estamos entre los últimos de Sudamérica.
 
-Como en el fútbol –dice Daniel– estamos en el puesto ocho de los países con población nudista.
 

Gregarios comen choclo

Al caer la tarde –ya superada nuestra genitalidad al aire– jugamos vóley y nos sentamos bajo la sombrilla a comer choclos con queso y huevos duros. 
 
Quitarse la ropa es como quedarse sin armas. Una vez desnudos, solo queda rendirse al amparo de la manada como en los viejos tiempos. 
 
A mi lado está Nancy, una joven madre que tiene a su bebé colgado de la teta. Junto a ella está Luis, el profesor de aeróbicos, que con toda franqueza confiesa:
 
- A mí me gustaba quitarme la ropa desde niño y en mi ignorancia creía que era malo, "¿Por qué me gusta?", me decía. Hasta que de grande investigué, pregunté y encontré en el internet este grupo, explica Luis, quien tras liberarse de la culpa, como Colón, descubrió todo un mundo en esto del nudismo. Es terapéutico –asegura– te sana enfermedades, absorbes vitamina E de forma integral y, sobre todo, eres libre.
 
Veo a Luis sentado frente a sus niñas y con insistencia le pregunto cómo toman sus hijas el hecho de verlo desnudo. 
 
Me responde:
- Mi señora y yo las criamos en el naturismo, han crecido viendo nuestros cuerpos y sus cuerpos como algo normal. Les hemos enseñado que los genitales son como las manos, son parte de su cuerpo y ya.
 
Si al principio de los tiempos todo fue desnudez. Si cuando nacemos, nacemos desnudos, ¿por qué ocultarnos?
 
Muere la tarde en Puerto Bonito, el único bastión de los calatos peruanos. Los bañistas se retiran. La playa también se queda desnuda. 
 
Puerto Bonito existe y es la única playa nudista del país. Domingo pasó un día de sol con sus excéntricos bañistas. La única condición fue ir desnudo como ellos. Familias y parejas se entregan al mar con la promesa de encontrar el equilibrio del cuerpo y el alma. 
El naturismo-nudismo hace mejor a las personas, al vernos desnudos nos aceptamos y aceptamos al otro.
 
Unos metros más allá, una pareja joven no se decide a dejar su sombrilla. Ella está tumbada boca abajo tostando las partes blancas que jamás expuso al sol. Su novio está sentado a su lado, inamovible, parece un galgo presto a saltar encima de cualquier mirón. 
Nadie le ha dicho que debe perder cuidado, que en Puerto Bonito no hay que preocuparse por las miradas libidinosas, que para ahuyentarlas está Daniel, el líder de la manada. 
 

La ética del calato

En esta playa la libertad está regulada. Usted puede gozar encuerado pero hay reglas que debe cumplir, si no será expulsado. 
 
En un extremo de la playa, conversando con un par de nudistas pero siempre atento a lo que pasa en el rebaño, está Daniel, un corpulento jubilado que peina canas y que es la cabeza de la directiva de la Annpe. 
 
Ni bien llegamos, Daniel se acercó como un misil a saludarnos y a preguntarnos nuestros nombres. No pierde de vista a ningún nuevo. 
 
Desde el 2007, como buen líder, viene a la playa todos los domingos. Es el único nudista de su familia, que es evangélica. Mientras ellos van al templo a ganarse el Paraíso, él toma el bus, llega a Puerto Bonito y entra en otro edén.
 
-Aclarando, dice Daniel, somos nudistas-naturistas. No somos del tipo de nudistas que lucran con su desnudez como los strippers, practicamos el nudismo como una forma de alcanzar el equilibrio físico y moral. Tampoco nos quitamos la ropa con un fin sexual como los swingers. No somos exhibicionistas, tenemos un lugar donde practicar nuestro estilo de vida. Nos hacemos llamar naturistas porque al estar desnudos logramos una conexión armoniosa con la naturaleza. Y no, no somos naturistas porque vendemos productos naturales– zanja, finalmente, el tema.
 
Más tarde me pasará por correo electrónico las 29 normas de conducta del nudista-naturista. No se puede dejar a su libre albeldrío a los 106 afiliados al grupo:
"Regla número 4 –dice el estatuto– No se aceptan hombres solos, promovemos la integración de familias, parejas y grupos mixtos". La asociación es muy recta con esta norma porque quiere incentivar el ingreso de más mujeres al clan, debido al alto número de miembros del sexo opuesto. 
 
"Regla 7 –continúa–: Las exhibiciones sexuales están prohibidas. Regla 9: Nunca tome fotos a escondidas, pida permiso a los bañistas. Regla 17: No venga a la playa con intenciones de ligar, flirtear o buscar pareja, ¡no moleste, un no es un no!". Quebrantar esta norma equivale a un adiós definitivo. Y así. "Regla 23: Tener una erección es natural, el presumir de ella, ¡no es aceptado! Regla 24: Está prohibido el consumo excesivo de alcohol, ver un naturista ebrio no es un espectáculo agradable".
 
Daniel es como el policía escolar de los nudistas y tiene que hacer respetar cada una de las reglas. Alguna vez tuvo que expulsar a un hombre que se acercó mucho a una bañista, otra vez hizo de mediador en el pleito de una pareja: el chico había traído a la chica con mentiras a la playa y esta, sintiéndose estafada y avergonzada, no tuvo mejor idea que darle de cachetadas. 
 
Es un poco chistoso escuchar hablar a Daniel, en pelotas, sobre el organigrama de la asociación:
-Tenemos un presidente, el que habla, y un tesorero... antes nos llamábamos Naturistas Perú, ahora queremos ser una asociación. Ya ingresamos la minuta a la notaría. Siendo una asociación puedes conseguir muchas cosas: una playa oficial o la concesión de un terreno, agrega y me veo desnuda  con la grabadora en la mano y también me doy risa. 
 
Puerto Bonito es una playa pública pero no es una playa nudista oficial, es decir, no está reconocida por el Estado como sucede en Brasil, que tiene ocho playas legales. Y si se trata de calatearnos estamos entre los últimos de Sudamérica.
-Como en el fútbol –dice Daniel– estamos en el puesto ocho de los países con población nudista.
 

Gregarios comen choclo

Al caer la tarde –ya superada nuestra genitalidad al aire– jugamos vóley y nos sentamos bajo la sombrilla a comer choclos con queso y huevos duros. 
 
Quitarse la ropa es como quedarse sin armas. Una vez desnudos, solo queda rendirse al amparo de la manada como en los viejos tiempos. 
 
A mi lado está Nancy, una joven madre que tiene a su bebé colgado de la teta. Junto a ella está Luis, el profesor de aeróbicos, que con toda franqueza confiesa:
- A mí me gustaba quitarme la ropa desde niño y en mi ignorancia creía que era malo, "¿Por qué me gusta?", me decía. Hasta que de grande investigué, pregunté y encontré en el internet este grupo, explica Luis, quien tras liberarse de la culpa, como Colón, descubrió todo un mundo en esto del nudismo. Es terapéutico –asegura– te sana enfermedades, absorbes vitamina E de forma integral y, sobre todo, eres libre.
 
Veo a Luis sentado frente a sus niñas y con insistencia le pregunto cómo toman sus hijas el hecho de verlo desnudo. 
 
Me responde:
- Mi señora y yo las criamos en el naturismo, han crecido viendo nuestros cuerpos y sus cuerpos como algo normal. Les hemos enseñado que los genitales son como las manos, son parte de su cuerpo y ya.
 
Si al principio de los tiempos todo fue desnudez. Si cuando nacemos, nacemos desnudos, ¿por qué ocultarnos?
 
Muere la tarde en Puerto Bonito, el único bastión de los calatos peruanos. Los bañistas se retiran. La playa también se queda desnuda. 
 

 

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