“Las montañas y la música tienen muchos vínculos”

18 Dic 2014 | 23:30 h

Maritza Espinoza.


¿Qué lazo une a la música de las montañas en lugares tan diferentes del mundo?


Esa es la gran pregunta. Pareciera que, en todo el mundo, se hace más música en las zonas montañosas que en las zonas planas. Y lo que llama la atención es que, en todos lados donde hay montañas, se tocan instrumentos de cuerno.
  
¿Y has visto si la música en sí es parecida entre pueblos tan distintos como los del Himalaya, los Alpes o los Andes?

Se podría tratar de buscar un vínculo, pero estamos demasiado lejos de encontrar algún parecido. Algo que pueden tener en común todos estos pueblos es que en las montañas uno está más aislado, y entonces tiene más tiempo de desarrollar la música y de mantenerla en su forma original, que es otra cosa que todos tienen en común. 


Pero el cuerno alpino (instrumento suizo de los Alpes) ya ha sido asimilado en la música de las zonas urbanas, ¿no?

El cuerno alpino, en realidad, fue inventado por la ciudad. Existía un instrumento parecido en las montañas, pero servía solo para la comunicación para mandarse señales entre las diferentes montañas y los diferentes valles. Después, las ciudades lo tomaron y le pusieron la etiqueta de instrumento musical de esas montañas. 

Y hoy es casi un símbolo suizo, ¿no?

A veces trataban de vender el corno alpino como el instrumento típico suizo, pero los propios suizos de los Alpes no lo aceptaban como instrumento musical, porque para ellos es un medio de comunicación. Pero hoy día, para un suizo, escuchar el sonido de un cuerno alpino genera una sensación de estar en casa, de nostalgia, de hogar.

¿Para ti también?

Cuando yo, que vivo en Tesino, escucho a los lejos, en los Alpes, el sonido del cuerno, me conmuevo hasta las lágrimas. Las montañas y la música tienen muchos vínculos.
 
¿Y es casual que los instrumentos de altura, como el mismo corno alpino o el llungur andino, sean tan grandes?

Tiene que ver con el sonido, porque se busca sonidos graves que tengan mayor volumen y lleguen a grandes distancias. En otros lugares, como el Himalaya, son instrumentos de ritual y los monjes del lugar dicen que justamente estos son instrumentos religiosos, porque cuanto más graves los sonidos, más espirituales, más purificadores.

A propósito del llungur, ¿recién lo has conocido al venir aquí?

Nunca escuché a alguien que lo tocara y recién aquí me enteré de que existe. Y quedé sorprendido, porque me parece que es lo mismo que el cuerno alpino. Son, originalmente, instrumentos de señales. Nunca se ha buscado crear lindas melodías para estos instrumentos y son muy limitados musicalmente. Pero a pesar de que su música es muy minimalista, al escucharlos uno siente mucho.


Ahora que has estado aquí, ¿qué es lo que más te ha sorprendido al compartir experiencia con músicos peruanos?

Es la primera vez que estoy en América Latina y no conocía mucho de vuestra música, más que el Cóndor pasa. Me avergüenza decirlo, pero es lo único que conocía. Recién estoy empezando a entender el trabajo musical en el Perú, pero es así siempre: cuando uno llega físicamente a un país entra a un cosmos musical particular y se abren las puertas de uno hacia el otro.

¿Y cómo te interesas en esta música?

Porque esta música, para mí tiene mucho que ver con la identidad, con emociones muy profundas que van mucho más allá de la misma música. No es como estar escuchando a Bach, y tampoco se trata de si a uno le gusta o no le gusta. Y tampoco hay que entenderla, pero a pesar eso, sí va a generar muchas emociones en uno.

¿Es más sentimental? 

Sí. Lo que también me llama mucho la atención es que la gente que toca estos instrumentos son personas muy apasionadas que hacen poco, en realidad, pero con tanta pasión que eso también me toca. Y lo que también me interesa es el lado de la tradición, porque una tradición que no se vive, ya está muerta.

Y muchos de estos instrumentos están en extinción, ¿verdad?

Como instrumentos de señal, ya murieron hace mucho tiempo. Cuando uno habla de tradición, la gente piensa que tiene que ser una cosa súper antigua, o pasada, pero más importante es la música, y las personas de las alturas son especialistas en lo místico y, por eso, esta música termina teniendo como un poder simbólico muy grande, y los campeones mundiales en eso son los suizos.

¿Tu interés en esto tiene que también que ver con vivencias tuyas?

El interés por la música viene de parte de mi familia, porque mis padres son músicos, pero de música clásica. Me crié escuchando cuartetos de cuerdas. Pero estudié Antropología y Sociología, y entonces ya uno se interesa menos por la música, pero más por el contexto.

Entiendo que antes trabajabas en temas de salud, ¿cómo terminas en este otro lado?

Todo el tema de la salud fue por casualidad. Lo que no es casual es que siempre existió mi lado creativo. Y si uno no puede hacer la música uno mismo, puede intentar que los otros la hagan. A mí me tocó crear, en Suiza, un festival (Alpentone) que es representativo de todos los Alpes.

 

LA FICHA

 

Nací en Alemania hace 60 años. Mis padres eran músicos. De joven, trabajé en temas de salud, pero luego me interesé en la antropología social y la etnomusicología. He investigado mucho la música tradicional de los Alpes. Hace siete años, fundé el festival de música Alpentöne, el más importante de los Alpes europeos. Vine a Lima como curador de los cinco grupos alpinos (Alemania, Austria, Italia, Francia y Suiza), que participaron en el reciente Festival de Música de Alturas.

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