“Para un wedding planner, cada boda es un show”

16 Abr 2013 | 23:30 h

Maritza Espinoza

 

Tú eres periodista. ¿Cómo te conectas con la industria de las bodas?


Lo mío es una mezcla de todas las cosas. Por diez años trabajé en un canal de televisión en vivo, de lunes a sábados, y recorríamos Uruguay y otros países. Y el periodista es también productor y en televisión hay un timing muy preciso, todo lo que pasa tiene que ser perfecto en ese momento y, si no, ya fue.

Sí, el periodismo en tele es un show.

Y para el wedding planner es exactamente lo mismo: una boda es un show. Todo tiene que suceder en ese momento puntual.  Para mí, hacer una boda es como respirar. Y uno organiza todo, desde los detalles hasta los imprevistos que pueden ocurrir. Yo comencé organizando bodas para extranjeros en Punta del Este y sentí como que era algo que venía desarrollando hace muchísimos años.

Si una wedding planer puede hacer maravillas con la boda de otro, ¡me imagino cómo será la tuya!

Para mí, si mañana tuviera que organizar mi boda –pero no la voy a organizar yo, sino mi equipo– me gustaría algo pequeño, muy íntimo, muy sentido.  Y me gustaría una boda en fin de semana, esas que duran tres días, donde uno comparte todo el entorno.

Y que es un poco pueblerino, ¿no?

Sí.  Yo soy del interior del país y me gusta mucho esa interrelación que se logra con los amigos de toda la vida, y que a veces uno no tiene o no les dedica el tiempo que merecen.

En tu país se acaba de aprobar el matrimonio homosexual. Es un nuevo filón para la industria de bodas, ¿no?

¡Por supuesto! Este es un fenómeno que ocurre en todo el mundo. Por ejemplo, en diciembre del año pasado, increíblemente, la marca Chanel cierra su desfile con dos modelos maravillosas tomadas de la mano y con un pequeño, y Karl Lagerfeld sale y las aplaude.
 
Mientras los heterosexuales miran el matrimonio con más indiferencia, los gays se mueren por casarse...    

Sí, es algo que vino para transformar la industria de bodas. Y por eso  los organizadores de eventos tienen la obligación de entender estos cambios y estar preparados. Y estos matrimonios son los más duraderos. Hay un 50%  menos  divorcios en el matrimonio del mismo sexo que en los de heterosexuales.

¿Cuál es el mínimo de personas para una boda íntima, sin dejar de ser  fiesta?

Eso es muy delicado, porque son cosas que siempre deciden los novios.  Hay novios que les encanta festejar con 900 personas. A veces digo: qué difícil, porque, en una noche, que se va tan rápida y tan llena de emociones, ¿cómo haces tú para saludar a 900 personas?

¿Y la gente sigue prefiriendo las bodas grandes…?

La gente está entendiendo que celebrar significa la calidad del tiempo que uno está con los invitados.  Y ahí viene el tema de que el cliente sepa que vale la pena contratar un wedding planner y es el concepto del disfrute. Venimos de familias matriarcales, donde la mamá hacía absolutamente todo.  Planificaba el vestido con las abuelas, las tías, la comida, la bebida, y trabajaba muchísimo.

Y la novia era un manojo de nervios.

Claro, y el día de la boda se perdían el momento.  Y debemos rescatar el momento del disfrute, para la familia y para la novia. Permitan que la mamá disfrute de su vestido frente al espejo.  Permítanse agarrarse de la mano  y que el momento quede en el corazón. No que quede la imagen de correr, venir, si llegó tarde, si vino el fotógrafo… Disfruten, porque el momento se va, la vida se va.  

Hasta hace un tiempo, el padre de la novia se encargaba de pagar la boda. Ahora que son los propios novios los que pagan, ¿qué ha cambiado?

Bueno, el número de invitados ha bajado mucho, porque ahora son los novios los que se ajustan a sus prioridades. De todas maneras,  todavía en algunos países de Latinoamérica sigue existiendo aquello de que los padres son los que pagan la boda.  

 ¿Cuál es la boda que has organizado de la que más orgullosa  te sientes?

Todas, pero, emocionalmente, creo que la primera es la más importante, por todos los recuerdos y todos los nervios que eso tiene.

¿Allí había nervios de la novia y de la wedding planer? (risas)

Quizás en eso no soy el mejor ejemplo, porque venía de organizar grandes programas masivos de televisión en vivo, con 15  mil personas, con artistas, escenarios en vivo, al aire libre y una gran carga de responsabilidades. Después de eso, pasar a una boda, es mucho más sencillo.

¿Y has organizado bodas de gente cercana a ti?   

No organizo bodas de familiares por el hecho de que no puedo disfrutarlas. Es mi política. Soy muy cuidadosa y tengo que estar en todos los detalles. No logro nunca desconectarme. Me pasó en  los 15 años de la hija de una amiga y dije: nunca más.     

Hay gente que se divorcia y quiere celebrarlo.  ¿Va en contra del protocolo que tú atiendes?   

No.  Somos  organizadores de eventos. Organizamos lo que estimen que está bueno y que sea un desafío.  Me parece que todo lo que sea para alegrarnos el alma siempre es  bienvenido.

 

LA FICHA

 

Nací en Uruguay. Mi padre es periodista y relator deportivo. Me crié en pasillos de radios y canales. A los 18 años, estudiaba y ya trabajaba en un canal. Pasé al mundo de las bodas y estudié Wedding Planner en la Universidad de San Diego. Soy Máster Wedding Consultant.

Fundé el Instituto Iberoamericano Event Planner. Estoy en Lima dando una certificación internacional hasta el jueves, porque creo que, en el Perú, el negocio de bodas ha crecido mucho y tiene valores extraordinarios.  Es necesario profesionalizar al wedding planner.    

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