“Las joyas tienen alma, te conversan, te dicen cosas”

10 Dic 2012 | 23:30 h

Maritza Espinoza.
 

-Da la sensación de que vivimos en los tiempos de lujo y del glamour…

El conocimiento de las cosas de lujo en el país ha crecido bastante y esto se debe al crecimiento económico de los últimos años: en la parte de lujo, estamos creciendo un 30% con respecto al año pasado en el mismo período.

-Y más allá de la economía, regalarse joyas es una autogratificación, ¿no?

Claro. Y más que joyas, lo que yo vendo es status, poder, lujo, y la gente cada vez quiere más eso.  

-La gente con poder económico no es necesariamente la misma. ¿El perfil de tu cliente habitual ha cambiado?  

Claro que sí. Yo creo que se ha anchado la base. Hay gente emergente o un público de menor edad. Antes no nos imaginábamos que una persona de 25 años podía tener un reloj de 30 mil dólares en la mano.
Eso que el reloj ya no es un objeto utilitario: ahora ves la hora en el celular…

-Exacto. Yo no estoy vendiendo un reloj, yo estoy vendiendo una joya, un status, un “yo puedo tener esto”.
¿Qué significa una joya para ti?

Es una pasión, un sentimiento, no sé cómo expresarte. Yo creo que es algo maravilloso que comienza en un concepto, luego se plasma en un diseño, pasa a una máquina de última generación para hacer el prototipo y luego a nuestros talleres de producción. Para mí las joyas tienen vida, no son cosas u objetos. Tienen alma, te conversan, te dicen cosas.

-¿Para qué las compra la gente?

Para usarlas, disfrutarlas, sentirlas, lucirlas. Decir: Yo puedo comprarme esto, yo quiero usar esto...

-¿Y el tema de la seguridad no impone mayor discreción y hace que algunas joyas hasta se diseñen de tal forma que no sean ostentosas?

Sí, se da, y justamente entre gente que ha tenido riqueza toda su vida. Es por eso que tenemos la primera marca mundial de la relojería fina, que es Patek Philippe. Tú ves uno y puede ser lo más sencillito del mundo, pero el que conoce, pues, dice: guau, ¡es un Patek Philippe!  Ha mantenido años de años su esencia, su sobriedad y es lo que la gente fina usa, lo más fino del mundo en relojería y es un orgullo para nosotros tener su representación en forma exclusiva.

-...y tener clientes que puedan comprarlo (risas).

Exacto. Pero tener un Patek solamente es solo un préstamo, porque es para ser utilizado en tu siguiente generación: pasa a tu hijo.  

-¿Y tú les has pasado tus Patek a tus hijos (risas)?

¡Todavía falta mucho para que se ganen un Patek! (risas)

-De todos los productos que vendes, ¿cuál es tu producto estrella?

Se vende mucho el anillo de compromiso, porque nos hemos caracterizado por los diamantes de corte redondo, un corte en el cual todas las facetas, la proporciones, las alturas, el tamaño de la mesa, la cintura, todo está exactamente proporcionado, de tal manera que el diamante trabaja como si fuera un prisma: entra la luz y sale la luz con todo su esplendor. Eso hace que tú mires al diamante y te converse.

-¿A qué te refieres con eso de que el diamante te conversa?

Yo siento así la piedra cuando la miro. Y las escojo una por una. El diamante me tiene que hablar, me tiene que conversar. ¡Sí, es algo que, guau, yo siento que me habla!

-¿Cómo cambió tu vida tras la experiencia de tu secuestro (año 2005)?

Fue duro. Ocurrió en momentos en que mi padre estaba falleciendo en Neoplásicas, pero tuve la suerte de despedirme antes de él. Estaba inconsciente, pero yo sé que me escuchaba, porque me acerqué a él y le agradecí muchísimo lo que había hecho por mí, lo besé, y por más entubado que estaba, derramó una lágrima. Fue algo bien fuerte.

-¿Cómo te sentías durante el período que duró el secuestro?

En todo momento, siempre me encomendé a Dios y a la Virgen Santísima y me aferré a mi fe.  Para qué, mi familia se portó muy bien y pudieron, pues, hacer una buena negociación.

-Y en estos momentos límite, a veces uno evalúa su vida. ¿Te pasó?

Sí, claro. Todo fue muy rápido. Coincidió con la muerte de mi papi. Luego, mi madre se enferma al poco tiempo. Habían cumplido 60 años de matrimonio, una cosa súper linda. Yo los veía juntitos y de la manito viendo la televisión, con su mantita tapaditos. Y mi mami, bueno, cuando se murió mi papi, dijo: se acabó, chicos, yo ya me cansé, quiero estar con tu papito en el cielo. Y se dejó morir. Qué bárbaro, ese amor nunca lo he visto. Siempre soñé tener algún día un amor así.  

-¿Y lo encontraste?

No, me divorcié con mucho pesar, pero, bueno, hay que seguir para adelante y luchar. Dios sabe en qué momento vienen las cosas.

-Y si llegara esa mujer a tu vida, ¿qué diamante le darías?

No lo he pensado, pero yo creo que, más que un diamante, le daría todo mi corazón.

 

La ficha

 

Soy Aldo Antonio Noriega de los Ríos. Nací hace 49 años. Estudié Administración y, para pagar mis estudios, vendía chocolates, perfumes y sortijas. Fundé mi propia casa de joyas hace 26 años y ahora tengo 15 puntos de venta. Me casé y me divorcié. Mis dos hijos mayores trabajan conmigo. Mi sueño es delegarles poco a poco el negocio y yo vivir en una linda casa de campo.

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