HUACOS MUSICALESen el museo inka

El emblemático museo ofrece una exhibición permanente de ceramios que emiten los sonidos del espécimen representado. Una prueba más de la musicalidad andina.

Redacción LR

José Vitancio Umeres sorprende a los cientos de turistas que a diario visitan los ambientes del Museo Inka de Cusco, ubicado en el Palacio del Almirante, a pocos metros de la Plaza Mayor en la subida que va a la Plaza Nazarenas.

Al terminar el circuito oficial, en el patio interior del museo, un pequeño ambiente guarda una gran colección de huacos con representaciones de diversos especímenes. Allí espera Umeres a los turistas. Los visitantes toman asiento y durante breves minutos se maravillan al comprobar que los célebres huacos prehispánicos no fueron simples vasijas utilitarias o decorativas, fueron verdaderos instrumentos musicales que reproducen los sonidos del animal representado.

Umeres nació en un poblado de la provincia de Anta, Cusco, y se fue interesando en estos huacos no sólo como ceramista. Hoy ostenta el grado de etnomúsico luego de sustentar una tesis relacionada con la musicología de huacos para atender estados de estrés en turistas y ciudadanos cusqueños.

“El principio se basa en cuatro elementos de la naturaleza: tierra, fuego, agua y aire”, nos explica mientras exhibe los sonidos que emiten los diversos huacos. La tierra es la arcilla para elaborar estas vasijas. El fuego se usa para la cocción de la arcilla y en su proceso de conversión en cerámica. El agua se vierte al interior de los huacos dejando un espacio de aire que al moverlos emiten sonidos.

Suena fácil pero hay que comprobar los siglos de experiencia de los antiguos ceramistas andinos para elaborar sofisticadas vasijas que con la cantidad exacta de agua y el movimiento del huaco emiten sonidos similares al de los zorros, los pumas, los monos y las aves. En su diaria exposición, Umeres también hace sonar los silbatos de cerámica, pututos de grandes conchas marinas o la variedad de quenas de hueso (cóndor, llamas, etc.), antaras y pinkullos de cerámica, y una fina réplica de una okarina Chavín. Por si fuera poco, termina su función reproduciendo el sonido del vuelo de cóndor utilizando grandes plumas de esta majestuosa ave andina.

Para muchos de los turistas, la exposición de Umeres es lo mejor del circuito que ofrece el museo. Una prueba más de que sigue viva una tradición artística y musical originaria del mundo andino.