Arequipa: El técnico de Melgar que estuvo preso en una cárcel de África

Rasgos biográficos. Enrique Meza es mexicano, tiene dos hijos y le cambió la cara al Melgar. Es un apasionado del fútbol. Desde 1994 asiste religiosamente a los mundiales. A sus 37 años ha tenido alegrías y sucesos desagradables, como cuando estuvo preso en Ghana al llegar por una veduría.

13 Nov 2017 | 9:09 h

Es un miércoles soleado en Arequipa. En el estadio de Sachaca, después del entrenamiento con el equipo rojinegro, Enrique Maximiliano Meza Salinas acepta contarnos su vida. ¿Quién es este técnico mexicano de 37 años que asumió el reto de reemplazar a Juan Reynoso, campeón 2015, subcampeón 2016 y que de la noche a la mañana partió a México para incorporarse al comando técnico del Puebla? A Reynoso lo llamó  el padre de Enrique, Enrique Meza Enríquez, para que trabaje como asistente en el Puebla, uno de los equipos más importantes de la liga mexicana.

Para Meza hijo el reto era doblemente complicado. No solo sustituía a un técnico exitoso, también debía enderezar al equipo arequipeño, que venía mal en las últimas fechas. Lo consiguió con un margen de error mínimo. En su haber tiene cuatro victorias y un empate al hilo. Resucitó a  un equipo que ahora pelea el título del Clausura.

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El fútbol es su religión. Una pasión heredada genéticamente y que le da satisfacciones y momentos intensos donde vio de cerca la muerte. 

Meza tiene vivo aquel recuerdo de 2009. Era asistente técnico en el Club Pachuca de México. Lo enviaron al África para ver jugadores. Visitó Nigeria, Camerún, Togo y Ghana. En este último país lo metieron a la cárcel sin explicaciones. Él presume que lo encerraron pensando que estaba infectado con influenza porcina. En ese entonces estaba vigente en México la pandemia de la gripe AH1N1.

En el reclusorio, el técnico estuvo tres días encerrado sin agua ni comida. A eso se sumaban los maltratos de la policía ghanesa. 

Nadie sabía dónde estaba. No lo dejaron hacer llamadas. Pudieron desaparecerlo y nunca nadie se hubiese enterado. "Recibí insultos y golpes. Fue algo muy feo, pero de todo se aprende".

Las autoridades africanas lo liberaron pero lo deportaron a México pese a que contaba con sus papeles en regla y el permiso para entrar en Ghana. 

Así como recuerda esa terrible experiencia, Meza también recuerda con alegría su niñez, la formación en casa llena de valores y respirando fútbol.

Su padre, Enrique "Ojitos" Meza Enríquez, fue futbolista. Integró el equipo de la era dorada del Cruz Azul de México allá por la década del 70. Hoy es uno de los técnicos  más exitosos de ese país. Sus dos hijos, Enrique y Diego, le siguieron la huella. No vio a su  padre vestido de corto pero sí de entrenador. "Me llevaba a los entrenamientos de Cruz Azul, a los vestuarios", recuerda el técnico melgariano. 

Los Meza no escatiman esfuerzos cuando se trata de este  deporte. Viajan a todos los mundiales desde 1994 (EE.UU.). 

"El mundial que más recuerdo es el de Sudáfrica 2010. Uno menciona África y se imagina pobreza, pero la verdad que Sudáfrica es otra cosa, hay contrastes bien marcados". 

Meza detalla que la victoria de su selección ante Croacia por 3-1 en el mundial de Brasil 2014, el empate a uno ante Italia en Japón-Corea 2002 y el gol de Cuauhtémoc Blanco en el empate a dos ante Bélgica en Francia 1998 es lo que más recuerda de su visita a las citas mundialistas. 

Debut y despedida

Como futbolista, Meza debutó en la Primera División mexicana en el 2000 con el Deportivo Toluca. Jugó por 25 minutos en los que la crítica deportiva de su país calificó su actuación de buena. 

Antes de saltar a la cancha, su técnico, Héctor Hugo Eguiz, calmó sus nervios diciéndole que salga a hacer lo que siempre hacía. Esas palabras le quitaron un gran peso de encima. Tenía 21 años y en ese encuentro su equipo ganó 2-0 a Atlético Celaya. 

Siete años después, en el 2007, con solo ocho partidos en Primera División, colgó los chimpunes definitivamente a la edad de 28 años. Una jubilación  prematura.

"Realmente no me iba a engañar solo. Creo que tampoco era tan bueno, tenía condiciones para jugar pero algo me faltaba para trascender, aunque también hubo personas que me cerraron las puertas", reconoce hidalgo.

Compañero de Reynoso

En el 2002, Meza jugaba en el club Necaxa. Ese año llegó Juan Máximo Reynoso Guzmán y se convirtió en su gran amigo y mentor futbolístico.

Juan, recuerda Meza, llegó con el cartel de figura. Jugaba en la selección peruana. Lo define como un tipo sencillo. "El Juan que ustedes conocen, que de repente grita y se molesta fácilmente, la verdad que no es así. Fuera de la cancha es otra cosa", dijo.

Meza y Reynoso entablaron una buena amistad. El técnico melgariano hasta ahora conserva una camiseta de la selección peruana que El Cabezón le regaló  a su padre. 

"Tengo una playera (camiseta) de Perú que le regaló a mi papá. Lo veo como un ídolo. Después de mi padre, Juan es mi maestro. Aprendí muchísimo de él en este año (2017) y le debo muchas cosas, le estoy muy agradecido", señala.

Reynoso dejó en agradecimiento algo más que una camiseta en la familia Meza. A principios de este año el otrora capitán peruano le abrió las puertas del Perú a los hermanos Meza (Enrique y Diego). Los trajo para que trabajen con los menores.

Meza cuenta que un día, cuando estaba trabajando en Gallos Blancos de Querétaro, lo llamó Juan y le propuso venir al Perú. 

"La verdad que siempre me llamó la atención conocer nuevas culturas, vivir en lugares distintos, conocer un fútbol distinto. Lo conversé con mi familia y nos venimos para acá y es hasta ahora una bonita experiencia de la cual no me arrepiento de nada", cuenta.

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De experiencia

Meza no es improvisado, como dijeron algunos hinchas. Viajó a Europa, donde estudió cursos para ser entrenador de fútbol dictados en Inglaterra, Alemania e Italia; también estuvo profesionalizándose seis meses en Barcelona-España en el 2014. 

Intimidad a la mexicana

Enrique Meza respira fútbol, pero también es un amante del rock en inglés y del reggae de Bob Marley; su canción favorita es "Three Little Birds" (Tres Pajaritos), le encanta dibujar caricaturas y salir al cine. 

Es el segundo de tres hermanos. Cuenta que con Bibiana y Diego siempre se han mantenido muy unidos.

"Extraño eso de casa, a mi familia, mis cosas. Aunque el Perú es similar a México, siempre hay algo que se añora", señala.

Sin embargo, Meza supo reemplazar muy bien el chili picante por una generosa porción de rocoto relleno, los tacos y enchiladas por un buen plato de chicharrón y el agua de tamarindo por un vaso bien helado de chicha morada.

"Vine al Perú y la gente es amable, me trata muy bien. La comida es similar. Nos sentimos muy contentos y vivimos muy a gusto aquí. Mi familia no se quiere ir", sostiene.

Meza conoció a su verdadero amor en la ciudad de Durango, cuando jugaba por el Alacranes local. Melissa le robó el corazón y casi de inmediato se casaron, apenas un año duró su etapa de enamoramiento y decidieron darse el sí en Ciudad de México.  

Tiene dos hijos, Enrique de 10 años, nombre perennizado en la familia, y Regina de nueve años.

"Enrique es mediocampista, juega bastante bien, es un niño muy grande físicamente. El fútbol lo trae en la sangre, como todos los Meza". 

Un gol olímpico y sus ídolos

Meza se califica a sí mismo como "aventurero", confiesa que su corazón late al ritmo de juego del Cruz Azul mexicano, equipo al que le gustaría volver a dirigir alguna vez.

Sus referentes futbolísticos son sus compatriotas Javier "Chicharito" Hernández y el histórico capitán mexicano Gerardo Torrado. En ambos ve el ejemplo de profesionalismo que a veces se le escapa al jugador peruano. Fuera de México, admira a Lionel Messi y Cristiano Ronaldo.

De los siete goles que le tocó marcar en su carrera, el que más recuerda es uno olímpico que hizo en la liga de ascenso jugando por el Cruz Azul Hidalgo. De un tiro de esquina le marcó al Atlético Mexiquense. No daría un paso al costado si es que no campeona con Melgar este año.

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