Volar para ser felices

Apoyo. La aerolínea Delta instaló un circuito de vuelo simulado en el Centro Ann Sullivan de San Miguel. Niños y adultos con habilidades distintas vivieron una grata experiencia.

11 Nov 2017 | 6:25 h

-Profesor César, ¿cómo vamos a llegar a Hawái?

-Volando, Eber. Vamos a llegar volando, ¿por qué?

-Ah, pero... ¿cómo, si estamos en un vuelo simulado?

-Sí, pero volaremos con la imaginación. Con ella podemos llegar hasta Marte, hasta Júpiter. Tú solo disfruta.

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Aquella mañana de martes, dentro de las instalaciones del tercer piso del Centro Ann Sullivan del Perú, ubicado en el distrito de San Miguel, se había acondicionado todo un circuito de vuelo: desde el counter, el control de seguridad existente en los aeropuertos del mundo, hasta el mismo avión con sus respectivos asientos, pasillos, rampas y sus pilotos y aeromozas. Allí, precisamente, en las dos últimas filas, como pasajeros, se encontraban el profesor César y sus alumnos Eber, Omar y Eduardo, quienes poseen habilidades diferentes.

Ellos conversaban sobre Hawái, las playas, la comida y las ropas de baño; mientras la tripulación (esta sí de verdad) aún no anunciaba el despegue.

Minutos antes, Eber, Omar, Eduardo y otras más de 30 personas con autismo, síndrome de Down y deficiencias cognitivas, habían aprendido cómo movilizarse por el aeropuerto, cómo esperar su turno de atención para el check-in de su vuelo, cómo entregar sus maletas en la sala de embarque y cómo subir al avión con sus respectivos documentos (DNI, pasaporte y su pase de abordar). A ellos los acompañaban sus padres y docentes. “Aprendieron también a dar sus datos personales, cuidar sus pertenencias y seguir las instrucciones de la tripulación que también aprende de ellos”, responde Delia Ortega, representante en Perú de la aerolínea estadounidense Delta, la cual apoya por quinto año consecutivo esta iniciativa.

Omar se sorprendía con los sonidos del despegue; Eduardo observaba por las ventanas la playa de La Punta; y Eber prestaba atención a las voces robotizadas del capitán Cary Millner, quien pedía que se abrocharan bien los cinturones de seguridad. Ya el vuelo simulado no lo era tanto.

Dentro del “avión” con destino a Hawái estaba Liliana Mayo, directora y fundadora del Centro Ann Sullivan del Perú. “Las personas con habilidades diferentes están más visibles que nunca, tienen los mismos derechos al igual que otras personas a disfrutar de la experiencia de viajar. Por eso los preparamos para que sean independientes, productivos y por tanto felices en la vida”.

Deben ser prioridad

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), el Perú, con una población estimada en más de 30 millones, cuenta con 3 millones de personas con habilidades distintas (10%). “La idea es enseñar a los padres y trabajadores a tratarlos como personas. También demostrarles que (ellos) pueden aportar en la casa trabajando”, señala Mayo.

Esa mañana, Omar, Eber y Eduardo salían del “avión” despedidos por las aeromozas que les decían: “Aloha (hola) y mahalo (gracias)”. Minutos después, ya con los collares hawaianos, ellos no dejaban de sonreír

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