Cambio climático es una amenaza para las reservas de agua en Lima

Futuro incierto. Sistema de agua potable es vulnerable a eventos naturales y no cubre toda la demanda. Es urgente combatir el uso indiscriminado del recurso. Sedapal alista medidas y propuestas alternativas para enfrentar déficit.

Las lluvias ya no son suficientes

1 Jul 2017 | 1:10 h

“Tanta agua y no podemos usar ni un poquito”, bromea Alejandro Castro mientras mira el mar desde su casa de madera. La vista de la playa La Hondable, más que un privilegio, es el recordatorio de una preocupación cotidiana.

Frente a su puerta tiene un tanque de polietileno de mil litros, que ha colocado sobre llantas para ganar “caída”.

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De ese modo, como hacen las 30 mil familias que viven en esta zona de Santa Rosa, el líquido fluye hasta el lavadero y simula una conexión convencional de agua potable.

Llenar un tanque de esa capacidad, que dura de tres a cuatro días y que sirve para cocinar, lavar y limpiar, cuesta unos S/ 20 en temporadas regulares. Sin embargo, durante el verano, por efectos de El Niño costero, los aguateros elevaron la tarifa hasta S/ 40.

Las consecuencias del fenómeno también se notaron en los distritos que tienen saneamiento básico, donde el servicio de agua potable se interrumpió por varias horas.

Tres meses después de la emergencia, mientras el país enfrenta un proceso de reconstrucción, es claro que las lecciones son muchas y su aplicación es urgente.

“En Lima no comprendemos que el agua que consumimos la traemos desde Pasco, Junín o la sierra limeña. El proceso es difícil, duro y recontra caro. Y todo se vuelve más complejo con el cambio climático”, reclama Rudecindo Vega Carreazo, presidente de directorio de Sedapal.

Para el funcionario, el reto de la ciudad ya no solo es ampliar la cobertura y mejorar el servicio, sino “pensar cómo garantizar el agua para más de 10 millones de personas que viven en un desierto”.

La empresa asegura que recién en agosto podría presentar un “plan integral” de adaptación a las nuevas condiciones climáticas.

Daños y soluciones

En 2011, un estudio de la Sociedad de Urbanistas del Perú advirtió que el cambio climático impacta de diferentes formas en los sistemas de abastecimiento de agua, porque puede alterar la confiabilidad de la infraestructura, afectar la capacidad de tratamiento, aumentar la demanda y reducir la capacidad de distribución.

Estos escenarios se volvieron reales este año en Lima, cuando los huaicos provocaron que la turbidez del río Rímac, principal fuente de abastecimiento de la ciudad, superara en más cinco veces su valor habitual.

Hacia final de la temporada de verano, unas 300 toneladas de lodo se habían estancado en la planta de La Atarjea, lo que obligó a paralizar la producción de agua potable.

El ingeniero Carlos Silvestri Somontes, presidente de Centro de Competencias del Agua y ex jefe de Sedapal, sostiene que esa situación se puede evitar si las aguas del río Rímac se conducen por fuera de su cauce natural a través de un sistema de tuberías.

En 1999, la empresa desarrolló un proyecto para captar el agua en las salidas de las centrales hidroeléctricas de Tamboraque (a 90 km de Lima) y Sheque-Huanza (a 130 km). Desde allí, el líquido “entubado” se trasladaría hasta La Atarjea y Huachipa.

Al aplicar esa solución, que nunca se ejecutó a pesar de tener expediente definitivo, se evitaría que las aguas recargadas por los huaicos lleguen a los complejos de tratamiento, de tal forma que el servicio no tendría que interrumpirse.

Del mismo modo, el recurso a procesar tampoco se mezclaría con las aguas residuales que se arrojan al río. Se calcula que entre Matucana y el litoral existen unos 200 puntos de descarga que son fuentes contaminantes.

Como beneficio adicional, la caída de agua en las tuberías puede aprovecharse para generar hasta 68 megavatios de electricidad, energía que abastecería la propia planta de tratamiento.

Otra de las aristas es aumentar la capacidad de producción de Sedapal. Para ello se tiene en cartera la ejecución obras de cabecera, como Marcapomacocha II y la culminación de la planta de Huachipa, que sumarían un caudal de 5 m3/s hacia el 2025. También se tiene previsto desviar las aguas del río Cañete, que añadirán otros 4.5 m3/s.

Debido a que 85% del agua que utiliza Lima proviene de fuentes superficiales, es decir, de las lluvias que se acumulan en represas, Sedapal necesita incrementar su capacidad de almacenamiento para garantizar la oferta durante la época de estiaje (mayo-agosto).

La entidad tiene hoy tres represas y 19 lagunas, que en conjunto retienen 331 millones de metros cúbicos (MMC) de agua. Hasta el 2021, con dos nuevos reservorios, se espera que esa cifra llegue a 421 MMC.

En esa misma línea, uno de los objetivos es dejar de depender casi exclusivamente de los recursos pluviales y aprovechar también el agua de mar. Un proyecto con ese espíritu es la planta desaladora del proyecto Provisur, que producirá 35 mil m3 diarios de agua potable (ver infografía).

Es necesario ahorrar

En la actualidad, la demanda de agua potable en Lima, que es de 26.5 metros cúbicos por segundo (m3/s), supera la capacidad de Sedapal, que solo llega a 22.6 m3/s.

Este déficit se agrava por el derroche indiscriminado del recurso, sobre todo en los distritos donde el consumo mensual por hogar es considerado excesivo. En promedio, una familia limeña consume 19 m3/2 de agua cada mes.

En distritos como La Molina, ese indicador llega a 27.7 m3. Le siguen San Isidro, con 26.5 m3; Surco, con 23.1 m3; y San Borja, con 22.9 m3.

¿Cómo promover el uso responsable del agua? Una de las estrategias es eliminar el “subsidio cruzado” que distorsiona las tarifas.

Hoy Sedapal gasta S/ 2,56 en producir y distribuir un metro cúbico de agua, que equivale a un tanque de mil litros como el de Alejandro Castro. Sin embargo, el usuario doméstico paga solo S/ 2,21.

Por esa razón, desde julio la empresa sincerará el precio del agua para que el subsidio beneficie solo a las personas con menos recursos. Se ha calculado que unas 60 mil familias pagarán entre 7% y 8% menos en sus recibos.

El objetivo es que la nueva estructura tarifaria motive un mejor uso del agua.

El agua es cara

Las poblaciones asentadas en las zonas altoandinas también explotan las aguas subterráneas que hoy son más vulnerables al cambio climático. En estos sectores, la estrategia consiste en recuperar los acuíferos mediante técnicas de enfoque ecosistémico.

En Huarochirí, por ejemplo, como parte de un plan piloto, se sembrarán musgos en los bofedales de Millóc. Estas plantas tienen la cualidad de retener el agua de la lluvia y filtrarla al subsuelo, lo que recarga de modo natural los cuerpos de agua. La experiencia se replicará en las cuencas del Chillón, Rímac y Lurín.

En los próximos 5 años, Sedapal calcula que se necesitan cerca de S/ 20 mil millones para financiar 189 proyectos de agua y alcantarillado, los cuales permitirían cubrir el 100% de la demanda en Lima.

Sin embargo, dichas inversiones cada vez son menos rentables, pues incrementan significativamente el costo operativo de la empresa.

En 2013, dicha entidad gastó S/ 1270 millones en producción, distribución, tratamiento y recolección de agua.

En 2016, este monto se elevó hasta S/ 1581 millones y se espera que hacia el 2021 supere los S/ 2075 millones. En resumen: producir agua, un recurso muy escaso, es cada vez más caro.

Contaminada

  • El agua que llega a planta de La Atarjea presenta alta contaminación bacteriológica. La cantidad de coliformes fecales en el río Rímac se encuentra 24 veces por encima de lo que permiten los estándares mundiales.

Hay una brecha pendiente

  • A pesar de sus varios proyectos en marcha y millonarios desembolsos, Sedapal reconoce que existen miles de familias que no podrán ser atendidas mediante sistemas regulares de agua potable saneamiento. Rudecindo Vega Carreazo, jefe de Sedapal, asegura que para ellas se aplicarán “soluciones no convencionales” que incluyen la instalación de reservorios, baños secos y biodigestores. Este programa llegará a 506 localidades de Lima. La inversión programada para los cuatro años que tomará su implementación ha sido calculada en S/ 950 millones, estima la entidad estatal.

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