Eloy Cacya: El hombre de la montaña

Rescatista. El cayllomino encontró los cuerpos de tres jóvenes perdidos en las montañas de la región. Como Ciro Castillo Rojo. El estudiante John Barrientos fue el último. Sueña con escalar el monte Everest y enseñar sus conocimientos. Tiene cinco hijos y espera que alguno siga sus pasos. 

19 Jun 2017 | 8:07 h

Hace 17 años, Eloy Cacya partió a Huaraz (Áncash) con el sueño de hacerse guía oficial de turismo de alta montaña. Llevaba nada más que dos maletines: uno con ropa y el otro con equipos prestados de alta montaña. 

Si no hubiera decidido partir y cumplir su sueño, quizás el cuerpo de Ciro Castillo seguiría perdido en las montañas del Colca (Caylloma), o los restos del joven Olivier Toledo, que se dirigía al Santuario de Chapi, continuarían inubicables en el distrito de Polobaya.

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Su última hazaña fue hallar a John Barrientos Sucasaca (30) en una quebrada del volcán Misti, el último miércoles. Barrientos desapareció  el 13 de abril mientras ascendía al macizo.  

El caso Ciro le dio fama; mientras que los otros, reconocimiento a su labor. 

Vocación

Eloy nunca pensó que su destino era ser guía, escalar montañas o buscar cuerpos. Él quería ser policía o pertenecer a las Fuerzas Armadas. Sus escasos recursos sepultaron esos deseos.

"Me frustré por no poder ingresar a la Policía, tuve impotencia. Pero seguí avanzando. Empecé a trabajar, me fui a Lima, de ahí a Argentina en modo aventurero y empecé a estudiar y trabajar en construcción", cuenta.

En el país gaucho logró certificarse como buzo y luego de trabajar en turismo un breve tiempo, regresó al Perú. "Me dije, si tengo en mi tierra un Cañón del Colca, ¿por qué no puedo trabajar allá?".

En su tierra, se hizo autoridad. Fue gobernador del centro poblado de Pinchollo, un pueblo pequeñito del distrito de Cabanaconde. Corría la década del noventa.

"Propuse a Autocolca que se creen guardaparques para proteger el Cañón del Colca y es así que cinco personas de mi pueblo y yo empezamos a trabajar", cuenta mientras engulle una empanada de carne de una tienda en el Centro Histórico de la ciudad.

Cuando ya trabajaba como guardaparque sintió la necesidad de dar un paso más. Es así como Eloy se contacta con Carlos Zárate (instructor de guía de alta montaña  y quien conquistara más veces la cima del Misti) y le dice que quiere ser como él.

Son por esos años que Eloy se presenta a la escuela de Huaraz y tras seis años de estudio y trabajo, logra hacerse guía. Zárate fue su padrino. 

"Empecé guiando gente por propinas porque no sabía nada de turismo, luego ya pude trabajar formalmente". 

Una llamada interrumpe la entrevista y Eloy le ordena al penúltimo de sus cinco hijos contestar. El pequeño también se llama Eloy. "Espero que algún día mis hijos quieran hacer lo que yo hago", sueña en voz alta el experimentado guía.

A conquistar el Everest

El rescatista a sus 49 años también tiene sueños personales. Escaló la mayoría de montañas del Perú, pero su reto más grande es conquistar el Everest, la cima más alta del planeta, ubicado en la cordillera del Himalaya del continente asiático.

"Me falta el financiamiento, yo me siento preparado para subir, no lo pensaría y me iría", dice entre una larga sonrisa.

Antes de escalar una montaña, Eloy cuenta que se encomienda a la Pachamama y a los Apus. Ora a Dios y empieza su camino. "A la Pachamama le digo que vengo a conocerla y a disfrutar de lo que me ofrece y a Dios le pido que me proteja", resalta.

Eloy nunca se cansa. Al día siguiente de bajar del Misti con el cuerpo de Barrientos, volvió a subir por dos periodistas que se habían perdido cubriendo el hallazgo.

"Me gustaría enseñar mis conocimientos a otras personas. La idea es formar personas preparadas para afrontar este tipo de situaciones y así trabajar en equipo para que las búsquedas sean más cortas", señala.

Admiración

Eloy tiene los sentimientos encontrados cuando  habla de las familias que ayudó. Siente que las madres de John Barrientos, Modesta Sucasaca, y de Olivier Toledo, Isabel Carlos, se preocuparon por él cuando buscaba a sus hijos. Las recuerda con cariño y hasta admiración. Todo lo contrario sucede con la familia de Ciro Castillo-Rojo. Solo dice "que no vale la pena hablar de ellos". 

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