500 agentes INPE relevan a policías que cuidaban penal de Lurigancho

Luego de 30 años. La Policía entregó la administración de la cárcel más hacinada del país al Instituto Nacional Penitenciario. En ese reclusorio conviven 9.607 internos y fue construido hace 43 años para albergar a solo 3.204 condenados.

17 Jun 2017 | 1:09 h

Poner orden en el penal de Lurigancho siempre fue una tarea difícil. No pudo hacerlo la Policía en 30 años y ahora esta misión ha sido encargada al Instituto Nacional Penitenciario (INPE). ¿Podrá hacerlo?

En esta prisión, la más hacinada del país, hay 9.607 presos que viven en un complejo con capacidad para 3,204. Ahí la vida es una diaria batalla por el espacio, la comida, el agua.

PUEDES VER INPE toma administración de penal de Lurigancho

Ayer, 500 agentes del INPE relevaron a 200 policías en un acto simbólico y emotivo. Lucían decididos, pero también asustados.

Con este proceso se avanza en la retoma de las prisiones del país, aunque aún quedan pendientes los reclusorios de San Ignacio y Sicuani.

Dentro Lurigancho, que fue inaugurado el 14 de diciembre de 1974, durante el gobierno militar del general Juan Velasco Alvarado, se protagonizaron las más grandes fugas, motines, reyertas, tomas de rehenes, incendios y requisas.

Hasta hace dos semanas la dirección del penal estuvo a cargo del coronel PNP Tomás Garay, y desde ayer lo administra Jaime Huamaccto Jiménez, ex director del penal Miguel Castro Castro y ex jefe de seguridad de la Oficina Regional Lima del Inpe.

Humanizar cárceles

En adelante, los 500 agentes penitenciarios se encargarán de la seguridad interna y externa del penal, gracias a una decisión política del Ministerio de Justicia que fue apoyada por el Ministerio del Interior.

A partir de ahora, aseguraron las autoridades, se aplicará una política sostenida de bienestar y trabajo productivo para los internos.  

“Nuestro rol es dignificar y humanizar las cárceles para resocializar a nuestros internos. Ellos saldrán en libertad y tenemos que enseñarles a ganarse la vida honestamente y reducir los espacios del delito”, señaló la titular del sector Justicia, Marisol Pérez Tello.

La ministra reiteró la política de mano abierta y mano cerrada en los penales. La primera otorga condiciones óptimas de permanencia, tratamiento y oportunidades de educación a quienes respeten la ley y promuevan el orden.

La mano cerrada se aplicará a quienes fomenten la violencia y espacios de control ilegal en base a la fuerza. Estos internos serán separados y llevados a centros de máxima seguridad.

"No es peligroso"

Pérez Tello recordó que en el contexto de la emergencia penitenciaria dispuesta por el Gobierno, su sector impulsa el programa 'Cárceles Productivas' para generar ocupación con rentabilidad y alianzas de desarrollo con empresas y entidades privadas.

“Lurigancho no es un penal peligroso, tiene dinámica, actividades educativas y laborales, visitas seguras y esfuerzos de resocialización serios”, anotó.

Por su parte, el ministro del Interior, Carlos Basombrío, indicó que este cambio debió haberse realizado hace 20 años y anunció que los 200 policías que ahí prestaban servicios pasarán a resguardar las calles de la ciudad.

En tanto, el presidente del INPE, Carlos Vásquez, dijo que antes de fin de año todos los penales del país serán administrados por esa institución.

 
"Más de 200 policías que tenían el control interno y externo del penal pasarán ahora a resguardar las calles, dijo Carlos Basombrío."

“En los penales se desarrollan negocios”

  • El criminólogo Gustavo Dávila consideró que el INPE no está funcionando integralmente porque no hay una resocialización efectiva ni un control real y técnico en las cárceles. "Todo es informal, improvisación, todo es delito en el sistema carcelario del país", manifestó.

Opinó que dentro de los penales se desarrollan negocios porque no hay elementos preparados que manejen perfiles distintos y muestren otras estrategias.

Dávila, titulado en la Universidad Complutense de Madrid, agregó que "hay una preocupación ancestral por el sistema carcelario –no solo en Lurigancho– y ya es hora de hacer una reingeniería observando experiencias de afuera y tomando como modelo cárceles de España".

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