Polloc, un canto de esperanza en la región Cajamarca

 A 34 km de esta capital andina, el centro poblado de Polloc deslumbra por el verdor de sus campos. Aquí se levanta un santuario que tiene aroma italiano.

 

15 Abr 2017 | 4:44 h

En tanto el hermoso valle de Cajamarca es “tragado” por la modernidad con el sembrado de cemento, a 34 km de esta capital andina el centro poblado de Polloc deslumbra por el verdor de sus campos. Aquí se levanta orgulloso el santuario, que tiene aroma italiano con hechura de manos peruanas.

Según recrean en un folleto, la historia de este santuario se inicia desde muchos años atrás cuando este lugar no era de oración, sino de trabajo. Polloc era una hacienda de campesinos, como la mayoría de esta vasta región, donde dominaban los gamonales.

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“En esta verde llanura había un manantial, cerca vieron a una linda Señora con la piel clara y los ojos azules: asustados, pero al mismo tiempo curiosos, corrieron donde el dueño de la hacienda y lo trajeron donde la Señora, él también la vio y a la noche siguiente ella en sueños le dijo: ‘Quiero mi casa al lado de este pozo’”.

Por ello el dueño de Polloc ordenó levantar una pequeña iglesia hecha de tierra y paja. Todos los campesinos, con sus creencias sencillas, iban a rezar a esta Señora, y desde ese momento se empezó a celebrar la fiesta en honor a la Virgen del Rosario.

Invitados por la directora del Dircetur, Fiorella Rodríguez, un grupo de periodistas partimos entrada la mañana hacia ese destino.

José Sánchez León, ancashino de nacimiento, aprovecha el trayecto para ilustrarnos que Ugo de Censi, un italiano nacionalizado peruano, tras fundar la Operación Mato Grosso (OMG) en Brasil, afincó en 1975 en Perú.

Devoto de San Juan Bosco, De Censi empezaría su peregrinaje en Chacas (Áncash) entregándose con esa mística de los extranjeros -para que su obra perdure- a la educación, inculcando nobles oficios a personas desprotegidas por el destino y sus autoridades.

Explica que en Polloc, que tiene a su cargo el sacerdote Alessandro Facchini, dirigió y supervisó la construcción del Santuario Virgen del Rosario utilizando granito fino. Estas obras, de manos de los estudiantes del instituto técnico, lucen maravillosas y son la atracción principal de los visitantes.

Después de unos 40 minutos de viaje por una carretera en buen estado, el guía nos advierte que estamos entrando a territorio de Polloc, y la primera impresión que se apodera de uno es de una calma y paz total que se respira en esos campos vírgenes. Aún es posible ver pastar al ganado vacuno y lanar y discurrir sus aguas cristalinas, que son aprovechadas para el quehacer diario de los comuneros. 

Atraídos por la majestuosidad de su construcción, en la última parada el turista ya puede empezar a quedar embelesado por el templo que no tiene nada que envidiar a los de Cajamarca, pero siempre será necesaria la explicación de cada detalle que está plasmado en sus muros que contienen una serie de pasajes bíblicos.

Es el retablo, adornado con pan de oro, el que brilla con luz propia. Más de una vez algún visitante no ha podido resistir y se apodera de un pedazo de estos adornos.

Al costado del santuario luce majestuoso el manantial, que nace en el mismo centro del ambiente, a cuyas aguas se le atribuyen bondades curativas y milagrosas. Los creyentes retribuyen arrojando monedas por el favor concedido.

El manantial es flanqueado por el balcón, una alegoría de la Biblia tallada en madera. Finalmente, por un pasaje adornado de columnas en cuyas paredes se muestran esculturas, se llega a una tienda donde se exhiben y venden obras de artesanía y de arte litúrgico.

La trucha en todo su esplendor

La mañana se puede terminar visitando los lugares antes indicados, y llegada la hora del almuerzo qué mejor que caminar unos cuantos metros para avistar en pleno campo un nuevo manantial y el criadero de truchas de Elmer Kulki.

Allí, el empresario truchero preparará siete platillos deliciosos a base de trucha, que tienen gran demanda. Los precios son módicos.

“Por estas fechas de Semana Santa tenemos que multiplicarnos con mis hermanos para atenderlos como debe ser a los turistas, para que otra vez vuelvan con más gente, porque aquí en Polloc tenemos gran futuro para el turismo y el desarrollo de la región”, dice esperanzado.

José Sánchez se despide con la nobleza propia de la gente del campo. “Soy de Áncash, pero ya llevo tres años en Cajamarca porque me enamoré de una bella mujer y de esta tierra que es inmensa en riqueza y en su gente”, manifestó.

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