Danza el Mantaro

El concurso de Huaylarsh ya supera en espectáculo y asistencia al festival de la marinera en Trujillo.

1 Mar 2013 | 23:30 h

Miguel Mejía Castro
Los pasos de las parejas caen como martillazos y los tablones truenan como si llegara una tormenta. Sobre el estrado danzan 24 hombres y 24 mujeres al ritmo de una orquesta compuesta por 14 músicos que cargan instrumentos metálicos como saxos, trombones, tubas, trompas y trompetas. Los hombres soplan con vigor mientras un arpista con sus punteos se esfuerza por endulzar la melodía. Este es solo un conjunto de los 50 que concursan en la final de sábado, el día anterior fueron un centenar.
El letrero en lo alto del escenario advierte: “Pucará, origen y cuna del Huaylarsh”, que corona una asistencia de dos mil espectadores que han concurrido a este distrito rural de la región Junín, a solo 20 minutos de la ciudad de Huancayo. Este concurso se ha convertido en un evento tan importante como el de la marinera en Trujillo, pero aquí se respira un espíritu tan popular que niños y adultos pueden bailar juntos en el estrado o en las plazas públicas.
Entre el 15 y 18 de febrero nueve pueblos al sur del valle del Mantaro organizan concursos locales de este baile tradicional. Algunos como Pucará, Sapallanga, Huayucachi, Viques, Chupuro, Chongos Bajo y Huancán son los más concurridos.
Durante esta temporada, los 30 miembros de un grupo, entre músicos y bailarines, pueden competir hasta en 3 eventos por día. El evento más importante está en Pucará, un pueblo rodeado de praderas, campos de cultivo y casas con techo de tejas.
Este es un baile donde el hombre muestra su fuerza y enamora, donde la mujer entrega dulzura al compás de su compañero y juntos contrapuntean la música en los tablones. En el escenario el baile es brinco, zapateo, galantería, juego, risa y coreografía. La mujer de vestido y capa bordada, el hombre de pantalón y chaleco, ambos con  sombreros y zapatos.
"No hay baile en Pucará sin su lluvia”, afirma Wilbert Huacasi, periodista local. El agua es una inyección de energía, los grupos chapotean sobre las tablas extasiados de alegría. 
No es un festival en la agenda turística oficial pero esta es una fiesta popular llena de alegría y tradición que debe ser considerada un patrimonio oficial de cultura viva. 

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