Vichama, mito y realidad

En los albores culturales andinos, una civilización pesquera y agrícola surgió en Végueta. Un extraordinario legado arqueológico en las afueras de Lima.

7 Ago 2015 | 23:30 h

Yojhan Lindo
Revista Rumbos
 
Cuenta el mito que una mujer solitaria y hambrienta –creada y abandonada por Pachacamac- desató su furia contra el Sol. El astro, conmovido, la fecundaría con sus rayos. Cuatro días después, ella alumbraría un varón. Su nacimiento generó una serie de sucesos relacionados al surgimiento de una civilización costera. 
 
Y es que ese niño despertaría la cólera de Pachacamac, quien lo raptó para matarlo y despedazarlo. Al ver el desconsuelo de la madre, el Dios enterró los restos del pequeño. Ese fue el origen de diversos frutos y alimentos. De esa manera, pensaba el asesino, ella no volvería a pasar hambre, lo que aliviaría su dolor. 
 
Se equivocó. Ella quería venganza y el Sol acudió en su ayuda, entonces, con el ombligo y el cordón umbilical de su hijo, crearía a otro ser: Vichama. Después de andar por el mundo, él volvería en busca de su madre. No la encontró. Pachacamac la había asesinado y, al enterarse del retorno del viajero, decidió sumergirse en el mar para siempre. 
 
Los ecos del mito de Vichama aún se escuchan en Végueta (Huaura, Lima), donde se encuentra la ciudad agropesquera que lleva el nombre de ese personaje. Erigida en el periodo del Arcaico Tardío (3000-1800 a.C.), las investigaciones han demostrado que sus pobladores mantuvieron una relación estrecha y fructífera con Caral, la primera civilización andina. 
 
Durante el recorrido por los 17 edificios ceremoniales de gran tamaño y las unidades residenciales del complejo, el arqueólogo Pedro Vargas explica que la ciudad albergó a una élite gobernante que era parte de un sistema administrativo, político y social de características regionales. De pronto esas interpretaciones se convierten en contemplación en el edificio de las Cornisas.
 
Aquí hay 24 personajes antropomorfos en alto relieve que participan en un baile ritual para evitar la hambruna. En el mural resalta un sapo con manos humanas (este animal simboliza la fertilidad), y un rayo (signo de la lluvia y la bonanza). Imágenes perdurables, al igual que el relato milenario del mito de Vichama.
 

La ficha

Ubicación: En el kilómetro 159 de la Panamericana Norte hay un desvío a Vichama (15 minutos).
Visitas: Recorra Tambo de Mora, la playa en la que desembarcó San Martín y el Museo Comunitario de Végueta.
Información: www.zonacaral.gob.pe.
Salidas: Consulte en viajeseducativos@zonacaral.gob.pe.

 

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