Justicia chicha

¿Ud. cree que Fujimori no sabía qué hacía Montesinos?

17 Ago 2016 | 19:00 h

Por supuesto que los fallos judiciales se deben acatar, por ser parte de la institucionalidad nacional, pero esto no limita el derecho a discrepar de ellos, que es lo que debiera suceder con la sentencia que acaba de absolver a Alberto Fujimori por el grave caso de la prensa chicha.

Eso concluyó la Sala Penal Permanente de la Corte Suprema al anular la sentencia de la Cuarta Sala Penal Liquidadora que había condenado al ex presidente Fujimori a ocho años de prisión por delito de peculado.

Dicho fallo le atribuyó a Fujimori haber ordenado, entre los años 1998 y 2000, que se usen S/122 millones de recursos asignados a las Fuerzas Armadas para pagarles a los dueños de un grupo de medios con el fin de, literalmente, comprar sus titulares.

Para beneficio de los lectores más jóvenes de esta columna, estos medios eran conocidos como la ‘prensa chicha’, que no era otra cosa que unos pasquines cuyos propietarios eran unos pobres miserables que se prostituyeron para recibir dinero a cambio de colocar contenidos, portadas y titulares diseñados con el fin expreso de atacar a las personas que eran un obstáculo para los afanes reeleccionistas de Alberto Fujimori.

Dichos contenidos eran contratados y preparados por Vladimiro Montesinos, el lugarteniente de Fujimori, quien desde las oficinas del Servicio de Inteligencia Nacional (SIN) organizó la más impresionante mafia estatal que se recuerde en el Perú, lo cual no es poca cosa para un país que, lamentablemente, tiene una antiquísima vocación por el asalto al erario y la cleptocracia.

La sala presidida por Javier Villa, un juez supremo a quien se le ve el fustán fujimorista en cada intervención pública que realiza –una más lamentable que la otra–, pretende que el país crea que el entonces presidente Alberto Fujimori no estaba al tanto de que esa prensa chicha era comprada por Montesinos para apuntalar su tercera campaña presidencial, ni tenía competencia funcional para asegurar el buen uso de los recursos que manejaba el SIN.

Es decir, Villa pretende que todo el país le crea que Alberto Fujimori era, como presidente, el mayor tetudo de la nación, pues siendo un conviviente de Montesinos en el local del SIN, no sabía nada de lo que pasaba, y pensaba que toda esa inmundicia ‘periodística’ con la que se denigraba a sus rivales políticos solo era consecuencia de un súbito entusiasmo por su perpetuación en el poder para seguir robando.

Este fallo judicial debilita terriblemente a la lucha anticorrupción y promueve la impunidad en el Perú.

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